El toro en la obra de Miguel Hernández

 

Por Ramón Fernández Palmeral

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Me llamo barro. Palmeral, 2010

 

 

 

 

                                                                                 INTRODUCCIÓN

 

     El símbolo del toro se ha asociado desde la antigüedad a los valores más importantes de la naturaleza. Tiene que ver con la energía salvaje, primitiva e indómita, lo cual le identifica con los dioses más poderosos de la mitología. Un toro raptó a Europa. La curvatura de sus astas  se han asociado  a los astros, una constelación tiene el nombre de Tauro, el Tauro zodiacal.  La lucha del hombre y el toro representa el combate por dominar las fuerzas de la naturaleza. Todas las culturas lo tomaron como emblema, desde las pinturas rupestres de Altamira, griega, minoica, hindú, egipcia  o romana. En la mitología griega el héroe Heracles, (el Hércules romano) llegó al reino de Tartessos y robó los bueyes rojos del rey Geryon que tenía tres cabezas, después abrió el estrecho y creo las Columnas de Hércules (Calpe y Abila en Libia). También se asocia al toro por sus grandes tributos con la virilidad y fertilidad, con la lluvia y al agua. Ha sido cantado por los clásicos griegos y latinos, por  nuestros clásicos: Lope de Vega, Góngora, Quevedo…

   

   Pocas, o no suficientes, son las obras líricas que relacionan al toro con la poesía.  Una es  Poemas del Toro de Rafael Morales, aparecido en la colección Adonais de 1943, dedicado a Vicente Aleixandre y con prólogo de José María Cossío, reeditado por Ediciones La Palma en 1993; en esta edición aparece el soneto «Toro sin mayoral», con un verso de Miguel Hernández «Un toro solo en la ribera llora», que pertenece al soneto «Por una senda van los hortelanos…» del El rayo que no cesa. Lo cual es un temprano reconocimiento de Rafael Morales a Miguel Hernández. En otras ediciones como la de Afrodicio Aguado, Madrid, nº 48 de la colección Más allá, 1949, pág. 43, aparece "Has de llorar, ¡Oh toro!, en la ribera".

   Otro libro se titula Los toros en la poesía, de José María Cossío, Colección Austral, nº 490, Espasa-Calpe, de 1944. En esta antología, en el capítulo Poetas del siglo XX, no se recoge ninguno de los poemas sobre el toro de Miguel Hernández. Una vez más el amigo y jefe se olvida de su amigo y subordinado, a pesar de que consta que gracias a la intermediación de  Cossío se libró de la pena de muerte conmutada por la de treinta años. Quizás Cossío no consideraba a Miguel, en aquellos años, como un poeta importante, no por cuestiones de censura del franquismo porque, sin embargo, recogen poemas de Federico García Lorca. La tesis más probable es que José María de Cossío no le consideraba como literato sino, nada más como un muchacho con ambiciones. Juan Cano Ballesta [[1]] comenta una anécdota muy clarificadora sobre la consideración de Cossío sobre Miguel. En una de las tertulias del Café Lion, a Juan Cano Ballesta se le ocurrió hablar del “pensamiento de Miguel Hernández”, y Cossío le respondió casi indignado. Juan Cano, lo cuenta así:

      Para él [Cossío] Miguel era un chico de escasa formación e incapaz de tener o formular ideas sobre asuntos literarios, al menos en sus primeros años madrileños que son los que Cossío mejor conoció. Me temo que ilustre político había mantenido demasiado viva su primera imagen de Miguel y que no la había puesto al día en años posteriores…

  

    Por ello entendemos que este olvido de reseñar a Miguel en la antología Los toros en la poesía, de Cossío se debe  más que nada a que el ilustre escritor y polígrafo no llegó a leer El rayo que no cesa, en la editorial Héroe de Manuel Altolaguirre de 1936. Pero hay una evidencia proverbial: lo bueno nunca muere. Aunque también es justo hacer constar que Cossío propició la edición de El rayo que no cesa en Espasa-Calpe, de 1949.

    Ante estos desagravios y otros olvidos, unas veces sin mala intención y otras por censuras de los años sin libertad, o, por una falta de atención crítica literaria, me he propuesto intentar recopilar aquí las referencias hernandianas que he encontrado sobre o por el toro.

    Se ha publicado una tesis la cual que aparece reseñada por María Martínez en El Eco Hernandiano de abril 2007,  titulada Miguel Hernández: poética taurina, de Graciela Susana Puente Iglesias, Buenos Aires, Botella al Mar, 2006, pero al que no he tenido acceso. También se puede leer una entrevista a esta autora.

 

    Las referencias de las páginas anotadas para localizar los poemas y las obras remito al lector a Obras Completas (O.C) RBA, 2005. 

    El gran  mérito de la difusión de la obra de Hernández se debe precisamente a sus amigos, primero en Cuba Homenaje a Miguel 1943, exiliados en México (Francisco Giner de los Ríos-Morales, Juan Rejano, Antonio Sánchez Barbudo, Max Aub... ) o en Argentina, que inmediatamente a su muerte se encargaron hacerle homenajes y publicar sus obras, caso de Alberti en Buenos Aires, que publicó El rayo que no cesa en noviembre 1942 "Rama de oro", con prólogo del propio Alberti. Y para mayor gloria, su obra maestra Cancionero y romanceros de ausencias, es póstuma se publicó en 1958 por Lautaro en Buenos Aires. Durante la dictadura franquista quisieron apagar su nombre, pero no pudieron apagar la llama eterna de su poesía, porque como él mismo dejó escrito en un arrebato de inmodestia Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas. (Prólogo para Viento del pueblo 1937, dedicado a Vicente Aleixandre).

     

 

 

                                                                 

             

 

                                                                  EL TORO EN LA POESÍA DE MIGUEL

 

    Por la tradición taurina de la Vega Baja (Alicante), la vida de pastor y los deseos de triunfar, no nos ha de extrañar que Miguel, en sus primeros años se sintiera incorporado humanamente al símbolo del toro, quizás, más que otros poetas.  Su abuelo materno Antonio Gilabert Berna, de la familia de los Mansebos era tratante de caballos, actividad propia de gitanos, abastecía de caballos para la suerte de varas en las corridas de toros de Orihuela, se piensa que el padre de Miguel también trataba con caballos. Por ello en casa de los Visenterres, se hablaba con frecuencia de toros. Ante su anunciada tragedia personal, presiente su vida unida a la trágica vital del toro bravo. Veremos enigmáticas metáforas y gongorinas presentaciones del toro «por el arco, contra los picadores» en la octava real [III, TORO] de Perito en lunas, o como «Ínsula de/ bravura, /dorada/ por exceso de oscuridad…» en Versos Cortos,  a Miguel metamorfoseado con el toro en la pradera  «un toro solo en la ribera llora» (soneto 26, v.13, El rayo que no cesa), será toro de lidia en «Como el toro he nacido para el luto / y el dolor…» (soneto 23, vv-1-2, El rayo que no esa), su sangre como el vino consagrado «el cotidiano cáliz de la muerte» (soneto 17, El rayo que no cesa), y aparecerá el toro en sus obras de teatro por la tradición española de los encierros.

     Sin embargo, es algo más que la fuerza bruta, que el poderío de una isla negra en movimiento, «Insula de/ bravura», es la representación del amor y de la muerte, donde el poeta toma al toro animal burlado en la plaza por el capote, al igual que el enamorado burlado por el amor de una o varias mujeres. Además, como al del toro de lidia, encerrada su libertad,  acosado, humillado y torturado es un símbolos trágico de su propia tragedia. El toro representa además en Miguel el poder desmesurado, el toro que sabe que va a morir, y que con su sangre sagrada, vertida en un cáliz de acero, en una espada o en un estoque. El toro unido a la fuerza poética natural de Miguel alcanza una simbiosis desmesurada, de energía, potente, única,  jamás poeta alguno lo elevó tan alto en la lírica. No hay poeta en la lengua castellana que haya alcanzado tan altas cotas de lirismo, energía y fuerza evocando al toro como herramienta de expresión artística. También podría parecer que el toro es el anuncio de una guerra civil como escenario telúrico de una tragedia.

  El toro, junto con el cuchillo, representan los dos símbolos más empleados por M. Hernández para representar el destino trágico del amor y, en general, de su existencia. ¿En qué se basa la comparación con el toro? ¿Cómo expresa su destino trágico? La mayoría de las imágenes son lógicamente taurinas, pero justamente en el centro de la composición, inmediatamente antes del desenlace, aparecen dos versos de estirpe surrealista: intenta explicarlos (en ellos reside la mayor fuerza expresiva del sentimiento amoroso).

 

                                                                                                         Influencias

    Para examinar las influencias poéticas hay que retrotraerse a las lecturas de Las Bucólicas de Virgilio; también es necesario recordar a Góngora en Fábula de Polifemo y Galatea, y veamos la similitud entre: «Émulos imprudentes del lagarto», con «émulo casi del mayor lucero» de Góngora, en la descripción de Polifemo (octava VII). (émulo: competidor que procura igualarse con otro), o a Quevedo “Ves gemir sus afrentas al vencido/toro, y que tiene, ausente y afrentado…». Estas influencias respecto de nuestros clásicos, ha sido estudiada por Leopoldo de Luis, José María Balcells, Antonio Gracia, Jose Carlos Rovira, Agustín Sánchez Vidal… O los estudios de  Francisco R. Agrait-Lladó, demuestran la inspiración en las Églogas de Garcilaso en la Elegía de Miguel a Ramón Sijé (revista PERITO Nº 13).

  En los años juveniles de Miguel, los toros para las corridas en Orihuela iban sueltos por las calles a modo de un encierro, hasta la palza de toros. Una vez el niño Miguel se colgó un cencerro al cuello, y mientras sus amigos iban gritando delante ¡que vienen los toros!, el ina detrás y los vecinos salían corriendo y asustados.  Carlos Fenol, el trovero panadero, vecino y amigo, era tan  aficionado a la tauromaquia que una vez se tiró al ruedo como espontáneo, siendo detenido y encarcelado por las fuerzas del orden, y liberado al pagar la multa su padre (Martínez Marín,1995, 16).

  Por otra parte hemos de tener en cuenta los meses que Miguel estuvo trabajando para José María de Cossío en la Enciclopedia Los Toros, iba a la Biblioteca Nacional a copiar información de toreros. Este trabajo coincide con el periodo de creación de El rayo que no cesa. Los toreros que investigó  se encuentran recogidos en la p. 214, del libro de José Luis Ferris: "...podemos distinguir en la espesura de esta enciclopedia monumental la prosa original de Miguel tras la vida y la crónica del torero Esparteo, el matador Ulloa, más conocido como Tragabuches, Antonio Reverte y Lagartijo."

 En la edición del tomo III de la enciclopedia Los toros, Madrid, (1945) veremos las referencias:

José Ulloa, Tragabuches (p. 962-964)
Antonio Reverte Jiménez (p. 770-774)
Manuel García y Cuesta, Espartero (p. 337-343)
Rafael Molina Sánchez, Lagartijo (p. 610-619)

      -"Francisco Martínez Marín, en su biografía de Miguel Hernández añadía (por habérselo referido un aficionado local) que también podía ser suya la ficha de Enrique Vargas González, Minuto (p. 972-975), quien por cierto inauguró el 31 de agosto de 1907 la Plaza de Toros de Orihuela, junto a Lagartijillo Chico y Bienvenida. Y, puestos a fabular, ¿acaso no fuera suya la biografía de Ignacio Sánchez Mejías (p. 875-881) ante cuya muerte el oriolano dejara escrito su poema “Citación- fatal”, que intentó, sin éxito, publicar en el ABC.? ¡Hoy, quién lo sabe! "   (El pez más viejo del río. "Faena del aliño").

    

 

                                                                                           Primeros poemas

 DEL PRIMITIVO SILBO VULNERADO

                              «CORRIDA-real» (O.C. pg 394-397)

    Los poemas del primitivo Silbo se compusieron a lo largo de 1934-1935 tiene lugar entre Perito en lunas (1933) y El rayo que no cesa (1936).  En lo que a la métrica se refiere, por la polimetría, con predominio del poema largo y de la silva; y aunque el Primitivo silbo vulnerado no encierra el terco hermetismo de Perito en lunas, "CORRIDA-real", escrito en perfectas silvas, es un buen ejemplo de lenguaje literario plagado de artificios retóricos, y en el que la claridad del contenido se ha sacrificado en beneficio de la belleza de la forma. Este poema es quizás el de mayor extensión que Miguel dedicara al toro, se estructura en siete partes, que llevan los siguientes títulos: "Cartel" (versos 1-14), "Plaza" (versos 15-29), "Toro" (versos 30-37), "Toro y caballos" (versos 38-47), "Toro y banderillero" (versos 48-60), "Toro y peón" (versos 61-68), "Toro y torero" (versos 69-114). Aquí estudiaré dos estrofas:

                              1) Cartel

1v. Gabriel de las imprentas:
2v.-yedra cuadrangular de las esquinas,
3v. cuelga, anuncia sonrisas presidentas,
4v situaciones taurinas.

    El verso 1 «Gabriel de las imprentas», debería entenderse  al toro como  el Arcángel Gabriel  de carteles de toros y en  la prensa, o en las críticas de las corridas de toros.

                               3)  Toro

                   Copiosa de azagayas,
                   provisión de furores,
                   urgentes tras los cuernos,
                   recomiendan clarines
                   a una arena sin playas,
                   era de resplandores
                   con parva de carmines
                   manejables y alternos.

     Nos hallamos ante una silva de gran belleza plástica, ya hermética. Anteriormente en 1932, se compusieron las octavas reales paea Perito en lunas (1933).  «Copiosa de azagayas», se esta refiriendo a los cuernos, ya que azagayas son pequeñas lanzas arrojadizas. El toro es el sujeto elíptico que está urgente en embestida tras los cuernos, en la arena que no de de playa sino de resplandores de sangre «parva de carmines».

 

 

 

                                                                              Poemas de Perito en lunas

     Perito en lunas es una poética  hermética,   neogongorismo  que encierran acertijos que impregnan los versos primerizos de Hernández; neogongorismo con el que persigue no sólo adquirir destreza técnica domeñando el lenguaje por medio de la complejidad metafórica, sino también ennoblecer los temas más cotidianos elevándolos a las más altas cimas poéticas. Se compone la obra de 42 octavas reales, aunque escribió otras que no llegaron apublciarse en su momento.

 

                  [III]   TORO

 

       ¡A la gloria, a la gloria toreadores!

       La hora es de mi luna menos cuarto.

       Émulos imprudentes del lagarto,

       magnificáos el lomo de colores.

       Por el arco, contra los picadores,

        del cuerno, flecha, a dispararme parto.

        ¡A la gloria, si yo antes no os ancoro,

       -golfo de arena,- en mis bigotes de oro!

 

      El análisis breve de la octava, según mi interpretación, lo podemos leer en mi “Charla en la I Ruta nocturna de senderismo Perito en Lunas".

      Si tuviera que reducir la octava real a la síntesis de una frase, diría: “El toro le dice al torero que gana la gloria y fama a causa de su muerte”.    En primer lugar debemos tener en cuenta las lecturas gongorinas que Miguel hizo de Soledad Primera, referente al rapto mitológico de Europa por Júpiter sobre un bello toro del color del Sol, el verso de una silva que dice media luna las armas de su frente. Tenemos que estar muy atentos a los versos que usaron otros poetas de las preferencias de Miguel.

     El tema se nos cuenta desde el punto de vista del toro, aquí no es el poeta quien nos habla, sino el toro en primera persona. Por esto la octava nos despista un poco.

     -¡A la gloria toreadores! Subiréis a la gloria toreros, le dice el toro al torero a la hora en que va a morir

     -La hora es de mi luna menos cuarto, en el verso La hora es..., es el anuncio de su muerte, el verso se prosifica: "La hora de mi muerte es la de tu gloria". Puesto que entendemos que una luna menos cuarto está en fase de cuarto menguante, próxima a morir, a marcharse con el pastor Endimión. Y la luna menos cuarto también tiene cuernos, los cuernos de la luna menguante, como las astas de Tauro zodiacal, la luna que avanza en el firmamento corneando estrellas.

     -Émulo imprudente del lagarto. Se refiere al torero que imitando a los movimientos  del lagarto alrededor de su presa, imprudente, porque la presa es más grande que él y el peligro que entraña, y sin embargo  lo toreará.

    -mangificáos el lomo de colores,  con acento, ya que esta palabra no lo tiene, se refiere al caos magnífico que la lidia hará sobre su lomo con las banderillas, la puya  y el estoque, su lomo acabará del color de la sangre, banderillas, color del pelo. También podría referirse al traje de luces por la chaquetilla de luces.

    -Por el arco, contra los picadores, se refiere a una embestida, el propio toro con sus cuernos es como una flecha bífida que sale del arco formado por sus dos cuernos hacia el caballo del picador, estamos en el tercio de varas.

     -a dispararme parto, es evidente que el toro con sus cuernos sale disparado hacia el picador, y el pronombre me, evidencia que el poema está escrito en primera persona: yo mismo me disparo hacia...

    -si yo antes no te ancoro, es decir, si yo antes no te cojo en la plaza, como sabéis una áncora es una especie de manojo de anzuelos para pescar o coger peces. Por que en realidad la obligación del toro bravo es defenderse atacando en la lucha hasta la muerte. Recordemos el primer verso del soneto 23 de El rayo que no cesa (1936): Como el toro he nacido para el luto / y el dolor, como el toro estoy marcado…

    -golfo de arena-, tiene varios significados, por un lado se refiere al albero, a la arena del ruedo, un golfo tiene forma cóncava de media luna, un golfo tiene la arena de la costa mojada, aquí en la octava quiere decirnos: arena mojada de sangre y de mar; por eso si  yo antes no te cojo (al torero) en mis bigotes (cuernos) de oro, caerás sobre la arena muerto y ya se acabó tu gloria.

    Esta es una de la interpretaciones a la que yo he llegado, pero cada lector puede encontrar la suya y será también válida. Bueno pues desde aquí os animo a que sigáis practicando en este juego de acertijos y adivinanzas poéticas.

    Gracias. Y buen viaje por la senda a  la luz de la luna hernandiana que la tenéis en creciente y que nos volvamos a ver en la próxima.

 

             [IV]  TORERO

Por el lugar mejor de tu persona,

Donde capullo tórnase la seda,

Fiel de tu peso alternativo queda,

Y de liras el alma te corona.

¡Ya te lunaste! Y cuanto más  se encona,

Más. Y más te hace eje de la rueda

De arena, que desprecia mientras junta

Todo tu oro desde punta a punta.

 

    En el primer verso: «Por el lugar mejor de tu persona», el poeta se dirige al torero, y ese «lugar mejor», debe interpretarse como el corazón del torero, donde «capullo tórnase la seda», a saber, el corazón se ha transmutado en materia, es un nudo de la corbata de seda, el nudo es a la vez el capullo de seda color rubí de la sangre (prosopopeya). «Fiel de tu peso», se refiere a la corbata que, en medio del pecho, ejerce alternativas posiciones semejantes a la aguja o fiel de una balanza o peso (recuérdese las antiguas romanas o las balanzas de platillos).

 Esta octava real es una continuación de la anterior, en ella no vemos al torero por ninguna parte, ni a Teseo mitológico, rey de Atenas, como un torero en lucha contra el Minotauro (cuerpo de hombre y cabeza de toro), del laberinto de Creta, puesto que el tema mitológico había quedado en desuso, apartado de los temas de la generación del 27 y 36.

En el primer verso: «Por el lugar mejor de tu persona»,parece como si el poeta se dirigiera al torero, y ese «lugar mejor», debe interpretarse como el corazón del torero, donde «capullo tórnase la seda», a saber, el corazón se ha transmutado en materia, es un nudo de la corbata de seda, el nudo es a la vez el capullo de seda color rubí de la sangre (prosopopeya). «Fiel de tu peso», podría referirse a la corbata que, en medio del pecho, ejerce alternativas posiciones semejantes a la aguja o fiel de una balanza o peso (recuérdese las antiguas romanas o las balanzas de platillos).

En el cuarto verso: «y de liras el alma te corona», hay que buscar una bisemia, y podría ser, o bien una composición poética o pasodoble, o bien una metáfora de cuernos por semejanza de formas con el bastidor del instrumento musical de la lira. Los cuernos como bastidor de una lira coronando la cabeza del toro, liras coronando al astado, recordemos «mi sangre astada» del soneto XVII de El rayo que no cesa, donde la metáfora nos conduce a sangre de toro.

En la segunda estrofa o proposición: «¡Ya te lunaste!», es similar a: ¡ya te pusiste el traje de luces!, veamos la similitud caligráfica entre luces y luna. Y el resto podría significar, lo que intuyó Sánchez Vidal, prosificando, queda: que cuanto más se encona el toro y se encela con su bravura en cornadas, el torero va al centro de la arena/plaza, al «eje de la rueda de arena», con desprecio de la propia vida, y «junta / todo tu oro desde punta a punta», su traje de luces, es aquí oro. «Desde punta a punta», puede ser oro de punta en punta o la punta de la espada oculta en el engaño, por eso dos veces repite punta, una para asimilar el peligro de las puntas de los cuernos o astas con la punta del estoque o espada.

Esta batalla entre hombre y bestia de las corridas de toros simboliza el combate entre los hombres y las fuerzas de la naturaleza, el deseo mítico de dominar las grandes fuerzas de la naturaleza.

 

  En Varia Poesía

«Elegía media del toro» (O.C. pág. 322): 

 

   El 28 de enero de 1933, asisten a la Universidad Popular de Cartagena. Ramón Sijé  exponer su “Conferencia ridícula”, explicación comentada del cuaderno de poesía “Perito en Lunas de Miguel Hernández. Y éste expondrá su conferencia sobre “La elegía media del toro” sobre cartelón de Rafael González Sáenz que perdió en el tren. «Elegía media del toro»  y con otro cartelón pintado por Francisco de Díe. No es más que una recopilación de su libro neogongorino Perito en Lunas, que ya había salido en enero de 1933. La Fundación Cultural Miguel Hernández ha publicado  en 2010 un libro de Francisco de Díe "Miguel Hernández y yo", donde nos confirma el autor, al recordar cuando pintó al óleo un lienzo para ilustrar "Elegía media del toro", a petición del poeta, que Miguel había visto varias corridas de toros, en la página 70 escribe " Y, sobre todo, el humilde poeta de la calle de Arriba no habría presenciado más que cuatro o cinco corridas, y sólo en  la plaza de su pueblo".

   En Orihuela sigue leyendo y escribiendo, perfeccionando su estilo. Con la ayuda de sus amigos realiza actuaciones en público: en el Casino de Orihuela donde recita y explica su poema "Elegía media del toro"; en 1933 en Alicante donde interpreta la misma elegía después de una charla de Ramón Sijé sobre "Perito en lunas", y la prensa refleja el acontecimiento literario.

   No hemos de olvidar que Miguel  estuvo varias veces en Alicante. La primera  vez con motivo de la publicación de Perito en lunas, fue el sábado, día 29 de abril de 1933 para la lectura de su ya conocida «Elegía media del toro», acompañado de Ramón Sijé que leyó  la conferencia  «El sentido de la danza: desarrollo de un problema barroco en Perito en lunas». 

   En un borrador para la  «Elegía media del toro» 1933 (hizo varios dibujos, entre ellos dibujó tres toros muy esquematizados. Lo podemos ver en el catálogo de "Poliedros", dibujos de Miguel y en  "Hacia Perito", publicado por  El Centro Hernandiano de Estudios Investigación de Elche. Y mucho antes en 1955, en la página 56 del Miguel Hernández de Concha Zardoya, New York, Columbia University.

 

    Veas  dos tercetos:

 

Aunque no amor, ni ciego, dios arquero,
te disparas de ti, si comunista,
vas al partido rojo del torero.
 

    En el primer verso, “dios arquero” vemos la afinidad con la octava real III [Toro] de Perito en lunas, vemos que en el verso   "Por el arco, contra los picadores", se referiere a una embestida, el propio toro con sus cuernos es como una flecha bífida que sale del arco formado por sus dos cuernos hacia el caballo del picador, estamos en el tercio de varas.

     Nos encontramos que el toro es como un gran arquero, todo poderío sobre la vida de los que en la plaza sde juegan la vida, porque su dos cuernos 
son flechas mortales, salidas del arco de su frente, que disparan contra el torero, contra los picadores, y banderilleros.
 
Una capa te imanta con su extremo,
y el que por un instante la batiera,
te vuelve con temor su polifemo.
 

   Aquí podemos ver una alusión al Polifemo de Góngora. Además de otras alusiones a Europa raptada por el toro de lomo de color de sol según Góngora. O en otras alusiones a cuchillos como cuernos, los cuchillos “dolorosas de Albacete”, pues la octava real 43 [LEVANTE] recordemos que también alude a Albacete como metonimia por navaja por la ciudad donde se fabricaban.

  Al final de la elegía, nos recuerda que la muerte del toro es la gloria del torero, ya evocado en el ver “¡A la gloria,  a la gloria toreadores!  [III.Toro].

 

 

 

CICLO DE PERITO EN LUNAS (OCTAVAS EXCLUIDAS DE PERITO EN LUNAS)

 [32] (O.C. pág. 283)

 

¡Qué a pulso os sube el toro, picadores

en el pozo a la luz de la alegría;

hasta el mismo brocal os subiría

si fueran más sus rabos anteriores!

 

Tal  y como el toro sube al picador, sube el agua del pozo al brocal por el rabo que es la soga atada al cubo.

 

El tema del toro aparece muy pronto en Miguel

(Poemas del verso Corto)

 

[50] [TORO 2] (O.C. pág. 291)
 
Ínsula de
bravura,
dorada
por exceso
de oscuridad.
 
En la plaza,
disparándose
siempre
por el arco
del cuerno.
Golpeando
el platillo
de la arena.
Enlazando
caballos
con vínculos
de hueso.
Elevando 
Toreros…
 
Comentar……..
 
 [68] Navaja-de punta (O.C.págs. 302-303)
 
...y el como de la reyerta,
Si firma de acero, injerta
De colmillo el corazón
 
Podemos ver una alusión al cuerno del toro, en colmillo o cuerno.
 
 
                                                                                              Poemas en Viento del Pueblo
 
                              En  libro  Viento del pueblo. Poesía de guerra, 1937. En el poema “Vientos del pueblo”: verso 15.
 
                                   Desfiladeros de águilas
                                   y cordilleras de toros
                                   con el orgullo de astas.
 
 
                            E n Viento del pueblo, aparece reiteradamente “buey o bueyes” (como símbolo de sumisión),  "Los buyes doblan la frente", o "la yunta de bueyes bajo el yugo en "El niño yuntero".
                           En otras ocasiones sustituye toros por leones “ delante de los castigos:/ los leones la  levantan” . (v. 8). Lo lógico es pensar que quienes levantan la frente 
                          ante los castigos son los toros. En el verso ”como el toro me crezco en el castigo…” (v. 9, soneto 23 de “El rayo que no cesa”.
 
                               En la segunda parte del largo poema  9.-"Recoged esta voz", Miguel hace alusión a los toros comparándolo con soldados-milicianos,
                          y como potros batalladores, recojo la siguiente estrofa:
 
                                  Allá van por los yermos de Castilla
                                  los cuerpos que parecen potros batalladores,
                                  toros de victorioso desenlace
                                  diciéndose en su sangre de generosas flores
                                  que morir es la cosa más grande que se hace.
 
    En el poema número 9.- "Jornaleros",
        Poderoso homenaje a las esencias,
        homenaje del toro y el coloso,
        homenaje de páramos y minas
        poderoso.
 
     En el poema nº 14.- "Visión de Sevilla"
        Detrás del toro, al borde de su ruina,
        la ciudad que viviera
        bajo una cabellera de mujer soleada,
        sobre una perfumada cabellera...
        [...]
 
        A la ciudad del toro sólo va el buey sombrío
        en la ciudad de mayo sólo hay grises inviernos,
        en la ciudad del río
        sólo hay podrida sangre que resbala;
 
     En el poema 17.- "El Sudor"
        ...no usaréis la corona de los poros abiertos
        ni el poder de los toros.
 
 
     En el poema 19.- "1º de mayo de 1937"
        Sementales corceles,
        toros emocionados,
        como una fundición de bronce y hierro,
       
 
 
                                                                                   POEMAS EN  EL RAYO QUE NO CESA

 

   En el poemario El rayo que no cesa (1936),  "rayo de metal crispado", donde el hierro toma la significación del rayo. Miguel dedicó dos poemas al toro y otros donde  la palabra toro se repetiría 14 veces en este poemario, el soneto más famoso es «Como el toro he nacido para el luto / y el dolor [...]», o en «El toro sabe al fin de la corrida [...]"  donde se cuenta la tragedia del torero, y donde el poeta se metamorfosea en toro

 

             SONETO 14 (O.C. pág. 500)

            Silencio de metal triste y sonoro,
            espadas congregando con amores
            en el final de huesos destructores
            de la región volcánica del toro…
….                 

              Bajo su piel las furias refugiadas

              Son el nacimiento de sus cuernos

              Pensamiento de muerte edificados.

 

    Este soneto se publicó en la Revista de Occidente, nº CL, diciembre 1935. Aparece en los borradores de la Imagen de tu huella. Nos hace una metáfora nueva de cuernos con «huesos destructores / de la región volcánica del toro» (por primera vez aparece toro en El rayo...). Se inicia el poema -según Francisco Esteve (2002, 142)- con trágicos presentimientos que se presentan bajo las figuras de la espada, los huesos, el volcán y el toro. La región volcánica del toro es sin duda la frente donde se alzan agudos vértices peligrosos, los dos huesos-cuernos destructores. Ver la similitud fónica entre: «huesos destructores» con «rayos destructores» del soneto 2. Vemos en el segundo terceto la implicación entre dos elementos: cuernos y pensamientos.

 

 

Soneto 17 (O-C. Pág. 503-505)

El toro sabe al fin de la corrida,

donde prueba su corro repentino,

que el sabor de la muerte es el de un vino

que el equilibrio impide de la vida.

 

Un gran soneto que podía llamarse místico-taurino, posiblemente influenciado por los trabajos que Miguel hacía para la Enciclopedia de los Toros de Cossío, el poeta se transfigura en toro astado, no en vano se crió entre los cuernos de las cabras. Como algo molesto, feo, agresivo, peligroso. El macho, el semental o cabrón, es un animal tan bravo como el toro, en las épocas del celo se le coloca una especie de esterilla en sus genitales para que no copule cuando a ellos les apetece, sino cuando al amo le interesa.

Otras veces su amor es una fiera hambrienta, un toro que presiente, que sabe al fin del ciclo de la vida, que el sabor de la muerte es el de un vino, un vino venenoso y mortal que rompe el equilibrio, el estado de vigilia, el normal desenvolvimiento de la vida cotidiana. La muerte es el accidente de la vida. Este cuarteto es de un surrealismo elevado y filosófico, no en vano fue amigo de la filósofa veleña María Zambrano, autora de «Un saber sobre el alma».

 

Soneto 23 (O.C. Pág- 506)

Como el toro he nacido para el luto

y el dolor, como el toro estoy marcado

por un hierro infernal en el costado

y por varón en la ingle con un fruto.

 

Este soneto es uno de los más perfectos y conmovedores de la Literatura española de todos los tiempos, por su imagen desgarradora de una tragedia hispana que sucede cada tarde y, a la vez, donde el poeta se metamorfosea en un minotauro convertido en un amante burlado, que sufre los desengaños y, que sin remedio, considera que es su destino trágico e inevitable. Este amor bravío se identifica con el toro de lidia que se crece en el castigo, porque su casta y virilidad le obligan al destino para el que nació: dejarse la vida en la arena de un circo, que como los gallos de pelea, impregnados de sangre y espolones, insisten en la lucha hasta morir.

«Y se acerca al toro taurino -Antonio Gracia (1998, 24)-,«al hombre minotauro inmerso en el laberinto del mundo, acosado, pisado, avasallado». Además recoge la cita de Quevedo: «¿Ves gemir sus afrentas al vencido / toro, y que tienen, ausente y afrentado / menos pacido el soto que escarbado [...]».

El toro en Quevedo es un toro que al vengarse de su sentencia a muerte, gime, brama y cornea al viento y a cuanto le rodea, se duele. Es el toro como ser vengativo que se niega a ser sometido a su destino trágico porque como en el hombre, no desea perder la libertad de los campos, tampoco desea perder el sultanato de las dehesas de España.

Este soneto fue ampliamente analizado por Lázaro Carreter y Vicente Tursón, (pg. 205, Lengua española, Anaya, 1979): «El tema central del soneto es -como puede verse- de toda la obra: la magnitud de un anhelo amoroso condenado a la frustración [...] lo que importa es la expresión del impulso viril y del destino trágico, elementos temáticos que cobran toda su fuerza en la comparación con el toro [...]». Nos revela una densidad estilística poco común, que con escasos recursos lingüísticos, el poeta consigue conmovernos.

En este soneto el toro es el propio poeta viril que sufre la burla del amor no correspondido, el dolor, la rebeldía y se desespera, porque está marcado por el luto y el dolor, ha nacido para el llanto y la sangre, es su destino, es la nobleza del amante en el «amor cortés», porque el objeto último es sufrir de amor porque se ensalza en el castigo, se eleva a un estado superior del alma.

María de Gracia Ifach, (Miguel Hernández. Antología, Losada, 1960, 9) , nos dice «El deseo insatisfecho y su anhelante afán de perpetuarse "como el toro te sigo y te persigo" clamarán por estos versos apasionados [...] se ciñen a un sentido dionisíaco inconfundible, materializando la deificación de la amada en antitéticas reacciones vitales y poemáticas». Vemos al toro-poeta y su indomable fiereza lingüística elevada en un estado de gracia insuperables.

 

 

Soneto 26, segundo terceto (O.C. pág. 507-508):

12v. Bajo su frente trágica y tremenda

13v. un toro solo en la ribera llora

14v. olvidando que es toro y masculino.

 

            Un poeta se compara con un toro triste porque merodea sin destino. Nos deja estupefactos, no hay lugar a la duda, ahora nos habla de «un toro solo en la ribera llora», el toro es el poeta que llora, porque ha visto pasar a los hortelanos al atardecer, cantando y ellos van al beso, en cambio él no porque está en otra senda «que no conduce al beso aunque es la hora». Este soneto es para mí un alarde de ingenio, precisión que encumbra al poeta a cúspides muy altas de alcanzar. El verso 13 es el que tomó Rafael Morales para ilustrar y reconocer la obra de Miguel, en su libro ya aludido.   

 

    Soneto 28 (O.C. pág. 508)            

 La muerte, toda llena de agujeros

 y cuernos de su mismo desenlace,

 bajo una piel de toro pisa y pace

 un luminoso prado de toreros.

 

   Evidentemente al torero que le llega la muerte en la plaza será su cuerpo todo lleno de agujeros de cornadas, aquí plaza toro será «luminoso prado de toreros», porque luminosos son sus trajes de luces y la gloria que en el coso puede alcanzar.

 

 

 POEMAS DE EL HOMBRE ACECHA (1939-1981)

Con EL HOMBRE ACECHA (1939) de Miguel Hernández, además de ser un libro imprescindible en la obra hernandiana y de guerra, nos hallamos ante una joya bibliográfica, un volumen histórico en el panorama español, una obra rarísima, una fortuna de poseerlo, puesto que en la primavera 1939 fue destruida toda la edición en Valencia, 50.000 ejemplares preparados para salir a la calle, excepto dos «capillas» que milagrosamente se salvaron de la hoguera: uno hallado en la biblioteca del extremeño Antonio Rodríguez Moñino, y otra en la colección de José María Cossío, hoy Biblioteca-Museo de la Casona de Tudanca (Santander), que editaron una edición facsímil en junio de 1981, de cuya edición me he servido para los comentarios críticos a este trabajo. Las publicaciones anteriores a 1981 fueron recopilaciones selectivas de manuscritos y borradores, ya que el original entregado a la imprenta de Valencia se ha perdido.

 

«Llamo al toro de España» (O.C pág. 648).

Es un poema en alejandrinos asonantes con un verso tetrasílabo ínter estrófico, excepto dos (Víbrate y sálvate) o como emblema al inicio del poema en imperativo.

En este poema reconozco cierta similitud con «Llanto a la muerte de Ignacio Sánchez Mejías» (1934), de García Lorca, a la muerte del torero sevillano y mecenas artístico, cogido en la plaza de Manzanares por un toro de Ayala en 1934. A quien también le lloró Rafael Alberti en Verte y no Verte (1935), y el propio Miguel en Cita fatal, en Poemas Sueltos (1933-1934). No me refiero ya a la similitud entre: Llanto y Llamo, no, sería afinar demasiado, sino en palabras como «bronce y piedra» en poema de Lorca, o las desmesuradas visiones metafóricas de ciertos verbos surrealistas. Algunos investigadores creen que tiene influencia de Poeta en Nueva York, sin embargo, esto no es posible ya que esta obra se editó por primera vez en 1940, un año después de El hombre acecha. E incluso en Fuerza del Manzanares ya alude MH a La voz del bronce no hay quien la estrangule.

El toro representa, no a la España geográfica sino al pueblo español, a los españoles agredidos en su libertad. Desde la antigüedad y el mítico rey de Tartessos Geryón, donde los toros y los bueyes fueron considerados animales sagrados, y de alguna forma emparentados con las fuerzas divinas de un ser enviado por los dioses para ayudar al hombre en el duro el trabajo de sobrevivir. En tauromaquia aparece el toro como símbolo de la perfección de la fuerza pura que lucha por sobrevivir. Y además emparentados con los toros ibéricos de Guisando, en una demostración de virilidad, coraje y fuerza más allá de lo terrenal. Los berracos ibéricos encaramados a las entradas de los pueblos de Castilla. O los actuales monumentos al toro, caso de la manada de cinco bronces bravos en la plaza de España, frente al coso alicantino.

«Las cárceles» (O.C. pág. 669).

En el verso  1, de la II parte: «Aquí no se pelea por un buey desmayado, / sino por un caballo que ve pudrir sus crines».

   La alusión al toro manso lo vemos en “buey desmayado”, un buey desmayado hay que entenderlo como obrero hambriento.

 

  

 

 

                                                                  EL TORO EN EL TEATRO DE MIGUEL

 

   Cinco son las obras dramáticas que escribió Miguel. En ellas hay dos en las que recogemos alusiones al toro.

     En un texto de Francisco J. Diez de Revenga y Mariano de Paco publicado en Campus, Nº 13, Febrero de 1987, leemos:

   “La obra dramática de Miguel Hernández se distingue, entre otras características peculiares, por su manifiesta vocación poética constante, rasgo que el poeta oriolano intentó reducir en su búsqueda de un teatro “moderno”, truncada al final de la guerra civil, dando al traste con los ilusionados proyectos del joven dramaturgo. Conocíamos el teatro de Hernández sólo en parte, y, de hecho, cuando nos lanzamos a la empresa de realizar el primer estudio de El teatro de Miguel Hernández fuimos conscientes de que una pieza permanecía inédita, por razones para nosotros un tanto inexplicables y oscuras. Y así lo hicimos constar en la primera edición de nuestro libro (Cuadernos de la Cátedra de Teatro, Universidad de Murcia, Murcia, 1981) y lo reiteramos en la nota previa a la segunda (Caja de Ahorros Provincial de Alicante, Alicante, 1985). La tal obra era El torero más valiente , de la que disponíamos apenas de unas escenas, publicadas por Ramón Sijé en El Gallo Crisis , la revista católica de los años treinta en Orihuela”.

 

    Miguel escribe teatro como medio de supervivencia, por ello insiste a José Bergamín para que le publique El torero más valiente, y empezar a ganar algún dinero por derechos de autor. Insiste tanto que incluso puso a José Bergamín como personaje principal.

    Quizás su obra sobre el toro más importante pero menos representativa y desconocida sea su obra de teatro El torero más valiente, En el otoño de 1934, se publicaron  en El Gallo Crisis, las escenas IV y V; el original mecanografiado que posiblemente le entregó a José Bergamín para publicarla en Cruz y Raya, se ha perdido, téngase en cuenta que esta obra se la dedicó Miguel a José Bergamín: A José Bergamín a cuyo ingenio debo más El torero más valiente”. Lo más probable, comenta José Carlos Rovira en Obras Completas,  pág. 1.950, que quedara en manos de “Federico García Lorca, a principios de 1935, cuando Miguel Hernández intentó publicarla en Cruz y Raya para promover su estreno por la Compañía de margarita Xirgu, sin conseguir ninguno de los objetivos”. La obra, como apunta el mismo autor, quedó inédita hasta que en 1986 Josefina Manresa la puso a disposición de Agustín Sánchez Vidal, que recompuso, con gran dificultad, por la minúscula letra a lápiz de los manuscritos, el que más problema le ocasionó fue el acto III. El torero más valiente está inspirado más o menos en la muerte del torero sevillano Ignacio Sánchez Mejías, torero, intelectual y escritor, mecenas del acto dedicado a Góngora en el Ateneo de Sevilla en 1927, que murió el 13 de agosto en la ambulancia que le trasladaba a Madrid, de una cogida en la plaza de Manzanares el 11 de agosto de 1934 sustituyendo a Domingo Ortega, que había tenido un accidente de coche. Ignacio fue  corneado por un toro de Ayala llamado Granadino.  A cuya muerte Federico García Lorca escribiera su famoso «Llanto por Ignacio Sánchez Mejías».

         Manuel Guerrero Cabrera, escribe sobre la influencia de Ramon Gómez de la Serna y Valle-Inclán:

       ....El torero más valiente, inspirada en la muerte de Ignacio Sánchez Mejías (y su supuesta rivalidad con su cuñado, Joselito). La elección del tema taurino es una muestra del alejamiento del ambiente de Orihuela, ya que en esta obra aparece otro Ramón, Gómez de la Serna, y situará una escena en el café Pombo, como dedicatoria al mundo cultural de Madrid. Más adelante, volveremos a este punto.

 

   Ignacio se había casado en  1915  con Lola Gómez Ortega, hermana de Joselito “El Gallo o el Gallito”, que murió en la enfermería de la plaza   Talavera. El 16 de mayo de 1920, alternaba allí con Joselito cuando el toro Bailaor le pegó a su cuñado un cornalón imprevisto. Mientras lo llevaban a la enfermería, Ignacio mató al toro.

 

   Volviendo El torero más valiente, es cierto que Miguel conocía la muerte del torero sevillano, terminó la obra en otoño de 1934, meses después de la muerte de Ignacio, y le dedicará «CITACIÓN-fatal», en Poemas Sueltos (1933-1934). Las metáforas en este poema para sustituir al toro son "la muerte astada", "la muerte del chiquero", "las dos se pararon en el centro" (es evidente que son las dos astas del toro).  Leemos el pareado "Tu atención sólo han sido toro y ruedo,/ tu vocación el cuerno fulminante./" 

  Tenía Miguel mucha ilusión por estrenar su obra, quería ser dramaturgo y ganar fama como García Lorca y sobre todo dinero para abandonar Orihuela.

 

En la obra aparecen alusiones al toro como en el Acto I, Escena VI (O.C. página. 1450).

 

JOSÉ:

Lo que doy yo al toro fiero

No es lo que al toro le doy

¿ Y sabes, niña, que soy

Antes hombre que torero?

Al toro doy lo que quiero

Dar cuando está en la corrida,

Aunque su egoísmo pida

Toda la arena del ruedo.

Y a ti, niña, no puedo

menos que darte la vida.

 

 

En enero de 1935, escribe desesperadamente a  Luis Felipe Vicanco:

…Y al mismo tiempo, ¿Por qué no ves a Federico Garcia Lorca y le dices que cuándo piensa escribirme diciéndome si Cipriano Rivas y la Xirgú han leído mi Torero [El torero más valiente] y qué piensan hacer del pobre abandonado mío…

 

Ante el silencio de Lorca le escribe otra carta desde Orihuela el 1 de febrero de 1935:

…Quiero que me digas Federico amigo, algo, ¿no se estrena «El torero más valiente»? Bueno, hombre. Será que no vale la pena, hice esta tragedia por aliviar la mía.

 

  

 

    En la obra de teatro El labrador de más aire (pág. 2.936, publicado en 1937), aparece en el Acto I, cuadro segundo, escena VI, el encierro de un toro en la plaza del pueblo, La escena anuncia “Dichos y un Zagal, que llega con espanto a la plaza”.

 

ZAGAL

¡Un toro se ha desmandado

Y viene a todo correr!

 

CARMELO (suelta una ironía)

Con vino, ¿el toro se hará

manso?

 

ISABEL

Padre, ¿qué hacer para que

el toro no me alcance

y mala muerte me dé?

 

Llega el toro a la plaza y todos huyen: Luisa, Teresa, Rafaela, Baltasara, Juan y Encarnación se lamenta.

 

 

 

                                     

                                                                           BIBLIOGRAFÍA SELECCIONADA

 

-ÁNGELES, José Luis.- "El toro y el caballo: símbolos arquetípicos en Miguel Hernández y Federcio García Lorra", Alicante-Elche-Orihuela, Miguel Herández, cincuenta años después. Comisión Homenaje a Miguel Hernández. Vol, II, 1993. pp. 661-668.

-BALCELLS, José María, "Miguel Hernández: la forja de un aficionado taurino", revista Canelobre 56. Miguel Hernández 100 años, pp.20-229

-CANO BALLESTA, Juan.- La poesía de Miguel, Madrid, Gredos, 2º ed. aumentada, 1º reimp. 1978, pp. 94-100 ["La cosmovisión hernandiana en un símbolo: del toro"].

-CLARAMUNT LÓPEZ, Fernando,. Azorín, Miró y Hernández ante el toro, Alicante, Instituto de estudios Alicantinos, 1981, pp. 167-176.

-COSSÍO, José María.- Los toro en la poesía (Antología), Buenos Aires, Repúbliva Argentina, Espasa-Calpe, Coelcción Austral, nº 490, 1944.

-GUERRERO CABRERA, Manuel.- : «El torero más valiente de Miguel Hernández: las influencias de Ramón y de Valle-Inclán». Isagogé, nº 4, 2007,Córdoba, pp. 34-38. ISSN: 1885-2475.

-FERNÁNDEZ VÁZQUEZ, José María.- "El teatro poético de Miguel Hernández: El torero más valiente, Alicante-Elche-Orihuela, Comisión Homenaje cincuenta años, VOL.II. PP. 743.748.

-FERNÁNDEZ PALMERAL, Ramón.- Simbología secreta del "El rayo que no cesa", editorial Palmeral, Alicante, 2004.

-FERRIS, José Luis.- Miguel Hernández. Pasiones, cárcel y muerte de un poeta, Madrid, temas de Hoy, 2002, p. 214.

-HERNANDEZ, Miguel, Viento del pueblo, poesía de guerra. Valencia, Socorro Rojo Internacional, 1937 (Prólogo de Tomás Navarro Tomás).

-LUIS, Leopoldo de.- Aproximaciones a la obra de Miguel Hernández. Madrid, Prodhufi, 1944, pp. 29-36.

-MANRESA, Josefina, Recuerdos de la viuda de Miguel Hernández, Guillermo de la Torre, Madrid

-MARTÍN, Eutimio,  El oficio de poeta. Aguilar 2010.

-MORALES, Rafael.- Poemas del toro,  Editorial La Palma, Madrid, 1993.

-POVEDA, Jesús, Vida pasión y muerte del poeta Miguel Hernández, México, Oasis, 1975

-PUENTE, Graciela Susana.- "´Miguel Hernández: Poética taurina, Buenos Aires, República Argentina, Botella al Mar, 2006.

-PUERTO, José Luis, "El rayo como símbolo Hernandiano" , revista Canelobre 56. Miguel Hernández 100 años, pp.76-91

-RAMOS, Vicente.- Miguel Hernández. Madrid, Gredos, 1973, pp. 226-227.

-SÁNCHEZ VIDAL. Agustín.- Miguel Hernández, desamordazado y regresado, Barcelona, Planeta, 1992, pp. 105-123.

-FAENA DEL ALIÑO.  blog "El pez más viejo del río".

 

                                                 

 

                                                            NOTAS


 

[1] ] Miguel Hernández y el debate cultural de los años treinta (El poeta ante el “Guernica”).

 

Polémica de Catalunya/ Cataluña sin toros

 

Nota.-

Mi agradecimiento a Gaspar Peral Baeza que me ayudó con el texto y la bibliografía.

 

 

 

                                                                                                  Alicante, mayo 2005 .

 

 

                                                                                     Revista PERITO (Literario-Artístico)

 

 

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