Miguel Hernández: la forja de un poeta

 

                                                                 Por Ramón Fernández Palmeral

 

 

                                         

 

 

    

         

                 

   

         

                                       

 

                                          

 

     

 

         

Me llamo barro. óleo de Palmeral, 2010

 

 

                                                     

 

                                                         

      En este I Centenario del nacimiento de Miguel Hernández Gilabert (1910-2010) hemos de  acabar con los falsos mitos, la transformación en un "santón mártir", la de pastor-poeta, cabrero poeta o poeta-campesino (en Viento del pueblo) etiqueta que se colocó  el propio Hernández  por lo que hoy llamaríamos marketing, y dar a entender que escribiendo versos en el lomo de las cabras sus poemas alcanzarían más reconocimiento y valor ante la dificultad y humilde origen. Buscando cierta lástima o asombro entre los grandes de la Literatura de la época.  Miguel fue pastor pero no fue un cazurro ignorante. Es cierto que Miguel pastoreó y ordeñó cabras, junto a su hermano Vicente y otros cabreros contratados por su padre, que podía tener unas 100 cabezas de ganado cabrío, según vemos por la capacidad de un corral anexo a la casa. Casa situada en la calle de Arriba que compró el padre de Miguel sobre 1914, se distribuye, como hoy podemos ver en cocina, comedor, tres habitaciones, patio, pozo interior de agua, corral y huerto. Es decir, que don Miguel Hernández Sánchez  tenía cierto capital, era tratante de ganado con Barcelona (con su hermano Francisco, Corro), y además contrataba caballos para la suerte de varas en las corridas de toros de la plaza de Orihuela (en aquellos tiempos los caballos no llevaban petos), y, además era uno de los 185 socios del  Círculo Radical de Orihuela (partido de la derecha republicana de Lerroux). Y es cierto que Miguel murió en una cárcel franquista sin atención médica, tal vez se hubiera salvado de la muerte si hubiera renunciado a sus ideales, si se hubiera retractado y congraciado con los Nacionales victoriosos, tal y como le propusieron José María Alfaro y José María Cossío, o don Luis Almarcha. Miguel prefirió morir antes que romper su pasado y publicar en la prensa oficial franquista. Porque no olvidemos que Miguel fue sentenciado a muerte por ser "Poeta de la revolución". Es cierto que fue poeta, dramaturgo y corresponsal de guerra pero también fue político y miembro del PCE, y, sobre todo, hombre y enamoradizo.

 

 

 

 

                                                                              PRIMERAS ANDADURAS

    

      Miguel pudo estudiar más que otros hijos de jornaleros de su época si tenemos en cuenta que fueron 7 hermanos, aunque tres chicas murieron al poco tiempo de nacer. Orihuela tenía un alto índice de analfabetos. De hecho los padres no sabían leer ni escribir (población de 35.000 habitantes, unos 15.000 vivían en Orihuela), el 16% analfabetos.

Vicente, el hermano mayor cuenta a Claude Couffon en abril de 1962, en Orihuela:

“Cuando abandonamos la calle San Juan, donde habíamos nacido Miguel, Elvira y yo, para instalarnos en la calle Arriba, Miguel comenzó a ayudarme a cuidar las cabras. En los primeros tiempos, como todavía era muy pequeño, se quedaba en el patio con las madres y las crías y yo conducía el grueso del rebaño a la huerta […] Iba a la escuela de los niños pobres del barrio, era buen alumno pero no podía estudiar nada: apenas de regreso de sus clases, mi padre le obligaba a encerrarse en el patio con las cabras.” (Insula, 544, abril 1992, pág 28).

 

De párvulo estuvo en el colegio privado “Nuestra Señora de Monserrate” ;le daba clases el ex-seminarista Jesús Pellús Rodríguez, previo pago de 1,50 pesetas al mes; a los ocho años empezó a asistir a la escuela del “Ave María” bajo la tutela del seglar granadino Ignacio Gutiérrez Tienda. Es decir, el “Ave María” era una  más  de las escuelas que había en España fundadas por el padre Andrés Manjón. A los trece años pasó a estudiar preparatorio superior o primero de bachiller en el Colegio Santo Domingo de los jesuitas de Orihuela, que se ubicaba a escasos 20 metros de la casa paterna. El “Ave María” estaba situado en el mismo edificio  del Colegio de Santo Domingo, el llamado El Escorial de Levante” mandado construir por el arzobispo Fernando de Loazes ¿El obispo leproso?   Hernández fue un estudiante despierto e inteligente, brillante, llegó a ganar dignidades, que recibió con ceremonias: Príncipe en Aritmética y Emperador en Gramática, sobresaliente en las demás asignaturas. De los jesuitas aprendió a tener una alta consideración de sí mismo, y se le inculcó la idea elitista del ser diferente o de pertenecer al grupo social de los elegidos. La Iglesia enseñaba y enseña al pobre, al obrero a resignarse con su destino,  pero a los ricos a gobernar y dar limosnas.

       Cuenta Juan A. Juan García (El Eco Hernandiano, nº 29)

"Por aquellos años, los barrios de Orihuela estaban perfectamente identificados y diferenciados, y además, mantenían ciertas rivalidades, sobre todo entre los jóvenes. La calle Arriba, La Peña, la calle Acequia, la calle Meca, el Rabaloche etc...

    Cada barrio tenía sus propias fiestas y celebraciones y, lógicamente, también tenía a sus personajes de cierta celebridad y empaque. Podríamos afirmar que, después del barrio del Rabaloche, la Calle de Arriba era el más importante de todos.


        El fútbol era una de las aficiones que hacía estragos en la época. En la calle de Arriba estaba recién formado el equipo de la “Repartiora”, el equipo de Miguel, de José Mª Soto y de otros muchos . Es posible que el escritor Manuel Molina, mentor de semejante actividad, confundiera las reuniones para cenar entre amigos y los bailes que se hacían en la casa de Efrén, en el mismo horno, a los cuales, con toda seguridad, no asistían ni Miguel, ni los que se dedicaban a la literatura. Está por demostrar que la Tahona de los Fenoll se dedicase a ese centro cultural de tertulias, donde se leían poemas y se animaban unos a otros para escribir y publicar. De todas formas, creo que el hecho en sí, carece de importancia y no merece ser discutido.

      "En verano, la parte alta de la terraza de la tahona, sobre todo la parte de los gallineros, la dedicaban a realizar bailes entre aquellos amigos, a los que invitaban a muchos vecinos del barrio que alababan la simpatía y buen carácter de Efrén”.

 

 

  La mala fortuna de Miguel llegó en marzo de 1925 cuando su padre toma la decisión de sacarle del Colegio de Santo Domingo; tenía catorce años y medio, y le envió a trabajar como dependiente a la tienda de tejidos El Globo, se incendio este local y le mandó a cuidar el ganado familiar y repartir leche junto a su hermano mayor Vicente. “De padre cabrero, hijo cabrero”, decía el padre, quiso que sus hijos tuvieran las mismas oportunidades, ¿o caso necesitaba mano de obra gratis? Y acaso el padre le prohibió leer y escribir en casa. Pues si le sorprendía leyendo de noche gastando luz, le golpeaba en la cabeza o le daba con la correa. Vicente, el hermano mayor de Miguel, cuenta que su hermano tenía que leer de noche y a escondidas, otras veces en el huerto bajo la higuera o mientras cuidaba las cabras, sobre el lomo de una de ellas, como la Luná. Su padre, analfabeto, sólo sabía dibujar su firma,  le recriminaba a su hijo que estudiar suponía una «pérdida de tiempo», con todo el trabajo que había en casa. La incomprensión del padre era propia de un hombre de su tiempo, un hombre cuya verdadera religión era el trabajo de supervivencia, y no creía que el arte de la poesía fuera futuro para su hijo.

 

      Este humillante hecho de pasar de ser estudiante sobresaliente a pastar cabras, causó en Miguel una profunda decepción, un golpe moral del que no se recuperará jamás, se siente  víctima de su autoritario padre. Pues había bajado de la altas torres de la dignidad de Santo Domingo a los corrales de las cabras.  Para mayor afrenta veía desde su casa y desde la sierra la cúpula azul de la capilla del Colegio de Santo Domingo. Las puertas  se le habían cerrado, todo el complejo era ahora un muro alto e inexpugnable. Pero de los jesuitas había aprendido la férrea voluntad de resistir, de ser diferente, de ser terco, de ser rebelde o “cabezonico”  como decía su madre Concheta, de origen gitano, como había asegurado posteriormente Josefina Manresa. Con la familia vivía la tía Antonia hermana de Concheta, gitana declarada, por ello Miguel llamaba a su madre “la gitana oscura y querida”.  Consciente de su valía, Miguel ha decidido ser escritor y poeta.

 

       Ante esta nueva eventualidad de degradación de su estamento social de estudiante de bachiller elemental a pastor de cabras, Miguel no podía seguir viviendo bajo el mismo techo del padre. Seguro que le odiaba. Pero su férrea  voluntad de superación, más sus deseos de abandonar su degradante para él, oficio de pastor,  continuó con su auto-educación, leyendo libros  de la Biblioteca Municipal de Orihuela que dirigía Inocencia González Palencia, quien se enfadaba mucho por el mal estado en que le devolvía los libros. Además tuvo a su disposición la biblioteca privada del vicario de la diócesis -desde 1924- don Luis Almarcha Hernández, vecino suyo de la calle Arriba, éste le deja leer obras de los escritores latinos Virgilio y Ovidio, y además le prestaba su máquina de  escribir Adler, hasta que Miguel compró a plazos una máquina de escribir portátil de la marca Corona (máquina que se la echaba a la espalda y se la llevaba al monte, algunas veces escribía oculto en un aprisco o especie de covacha natural que había y se conserva a unos 20 metros de su casa).  El tiempo que duró el pastoreo fue de unos seis años. Y al cumplir la mayoría de edad –a los 21 años los varones- en  noviembre de 1931 se marchó a Madrid. La humillación paterna le había fortalecido, porque a veces, las personas se fortalecen ante el dolor y la iniquidad,  Pues tenía que demostrar ante su padre y sus antiguos alumnos su valía como escritor.  Estaba convencido de que él era diferente y buen poeta, entendió perfectamente que los fracasos eran el camino al triunfo. Acudía a los antiguos baños de aguas frías mercuriales del Barrio de San Antón (antaño embotelladas y exportadas “La Q.B.”). Formó parte del equipo de fútbol "La Repartiora";  por su lentitud en el juego le pusieron de mote "El barbacha", nombre con el que  se conoce a un caracol en la Vega Baja.

 

  La afrenta a  la que había sido sometido por su padre, le obliga moralmente a embarcarse en conseguir grandes logros literarios como única salida, y subir en la escala social de un pueblo caciquil, un pueblo agrícola y clerical, cerrado a las oportunidades literarias. Hernández tenía muy arraigado el sentido del sacrificio y  la consideración a sí mismo  inculcada por los jesuitas. Forjó su vida en el  empeño en ser escritor, empezó a  leer a poetas latinos y áureos: Garcilaso, Lope de Vega, Góngora, Cervantes,  a actuales como Luis del Val, García Lorca, Gabriel Miró o Vicente Medina y Jorge Guillén.  Hará amistad con poetas locales como Carlos Fenoll (trovero, poeta vecino, aficionado a los toros), Jesús Poveda, Augusto Pescador, Jesús Murcia, Ramón Sijé (al que conoció de vista en Santo Domingo, fundador de las revistas Voluntad, Destellos  y El Gallo Crisis), José María Ballesteros Meseguer (médico-escritor) y Ramón Pérez Álvarez (años 36 época de Silbo).

    El vicario de la diócesis (sustituto del obispo) don  Luis Almarcha Hernández (firmaba artículos como A. Hernán),  director efectivo del semanario El Pueblo de Orihuela, órgano del Sindicato de Obreros Católicos de Nuestro Padre Jesús, y de la Caja de Ahorros Monserrate. Por mediación de Carlos Fenoll, quien le dedicó "La sonata pastoril", 3o de diciembre de 1929 en El Pueblo de Orihuela, le publican su primer poema “Pastoril” el 13 de enero de 1930, Año III, núm. 99.  Don Luis se convertirá en el primer protector del Miguel y director espiritual, además, reconociendo en el joven pastor-poeta sus virtudes virgilianas le pedirá un poema para que se recitara el 1º de mayo de 1930, por el obrero Andrés Mora, que lo hizo sin quitarse la gorra y vestido con camisa azul, símbolos del trabajo.  Miguel, en un estado de desesperación por publicar un libro escribirá el poema “A todos los oriolano”, que se publicará el 2 febrero del 31 en El Pueblo de Orihuela. Don Luis Almarcha Hernández (obispo de León desde 1944-1970) se debió sentir halagado ante el verso  “Alma de mis oriolanos/ ¡digo!... oriolanos de mi alma…/”  como apunta Eutimio Martín: “difícilmente  podía pasar desapercibida la asociación alma/Almarcha, en extremo halagador”. (El oficio de poeta, 2010, página 120).  En El Pueblo de Orihuela publicó unas 17 composiciones.

 

     También busca la amistad literaria del médico y escritor José Mª Ballesteros Meseguer, que había escrito “Oriolanas. Cuadros y costumbres de mi tierra, Alicante , 1930, con estilo mironiano. Hernández lo leyó y  le dedicará el poema “Ofrenda” publicado en Actualidad, el 5 de junio del 30, que dirigía Alejandro Roca de Togores. Meses después Ballesteros publica una semblanza de Miguel en la revista Voluntad titulada  “Pastor poeta”, que a Miguel  no le importa, pues ya estaba explotando esta condición humilde que le va bien. En realidad, una demostración de falsa modestia. Miguel siente la necesidad de salir de lo local para tomar lo provincial.  El primer poema en la revista Voluntad (de Ramón Sijé y Jesús Poveda) se titula "Nazareno". También colabora en la revista  Destellos, dirigida por Ramón Sijé; publica unas 7 composiciones, la primera "Insomnio" 30 de noviembre del 30. Aquí se publicará "Canto a Valencia", poema con el que Miguel había ganado su primer premio de poesía en el Orfeón Ilicitano, bajo el lema: "Luz..,Pájaros..., Sol", publicado en el Ilicitano el 5-04-31. Todo premio aumenta la autoestima de un poeta, que necesita de la alabanza de los demás.

     Logrará llamar la atención de Juan Sansano Benisa, oriolano,  director y propietario del diario  El Día de Alicante, donde Hernández publicará cinco composiciones. Sansano le había prometido editarle una antología poética pero este proyecto no se llevará a efecto.  El Diario de Alicante, que dirigía Emilio Costa, la anuncia el acto de Miguel y Ramón Sijé en el Ateneo de Alicante, del 29 de abril de 1933. En Nuestra Bandera, órgano del partido comunista, publicará varios artículos periodísticos en noviembre de 1937.

 

      Es  dado como excedente de cupo para hacer el servicio militar. Ante las continuas frustraciones intuye que tiene que salir de una Orihuela que le ahoga, como así se lo hizo saber en carta al “venerado poeta” Juan Ramón Jiménez, carta del 15 de noviembre del 31. Necesita publicar un libro como algo acuciante, con ello, creía, ingenuamente, que cambiaría su posición económica, que podía comprarse un traje para asistir a tertulias de los señoritos. Escribirá “Me he creído ser poeta...” en febrero del 31 en el poema “A todos los oriolanos”, y es que todo poeta tiene que convencerse para convencer a los demás.

 

  

 

 

                                                                            PERIODOS MADRILEÑOS

 

   Se lleva muy mal con su padre, éste le ha tomado por un gandul que no quiere trabajar. Miguel tiene 21 años, hace tiempo que no se deja pegar por el padre, pero los enfrentamientos dialécticos eran continuos, no quiere el bucólico trabajo de pastor. El padre no lo sabe hasta última hora. La llegada de la II República de abril del 31, le da esperanzas de ir a un Madrid republicano más tolerante, prácticamente huye de Orihuela  y con la ayuda económica de su amigo Ramón Sijé y el abogado José Martínez Arenas, consigue dinero para su primer asalto de Madrid. Sale el 30 de noviembre del 31 en tren, le despiden Carlos Fenoll, Poveda y Sijé, llega el 2 de diciembre, el abogado José Martínez Arenas le  recomienda a Concha de Albornoz, hija del ministro de Gracia y Justicia don Álvaro de Albornoz y Limiñana, que, a su vez, le recomendará a Ernesto Giménez Caballero (Gecé), impresor y director de La gaceta Literaria, con un suplemento El Robinsón Literario, donde el 14 de enero del 32 le publicará una humillante entrevista. Y además deja mal a Concha de Albornoz. A veces hay que dejar a un lado el orgullo para conseguir objetivos de promición. Se hospeda en una pensión cerca de la plaza de Santo Domingo, calle Costanilla de los Ángeles, 6.

     Por esas fechas contacta también con el yeclano Francisco Martínez Corbalán  en el semanario madrileño Estampa, que le publica  en el nº 215 de fecha 20 de febrero 32 un reportaje con fotografía (Miguel con abrigo), con el título “El cabrero poeta y el muchacho dramaturgo”, el muchacho dramaturgo era Virgilio Soler Pérez: alicantino (lo estudió Gaspar Peral Baeza, en revista PERITO (Literario-Artístico nº 2, Alicante, abril 2005 “El muchacho dramaturgo –Virgilio Soler- que compartió página con el cabrero  poeta Miguel Hernández).  Es decir,  que el aprendiz de poeta,  busca todos los recursos para hacerse conocer, ya tiene su marca, su diferencia, cabrero-poeta o pastor poeta, que será su liturgia, pero no tiene libro publicado, por lo tanto no es poeta reconocido es como el pintor que nunca expone su obra, nunca le reconocerán su obra. Todo poeta tiene la necesidad del reconocimiento, pues de lo contrario, su esfuerzo quedará en silencio íntimo, en la voz callada, todo poeta es rapsoda, se cree un Homero.

    Concha de Albornoz le recomienda a Juan Guerrero Ruiz, secretario del Ayuntamiento de Alicante desde el 4 de  octubre de 1931,que antes fuera secretario de José Bergamín cuando fue director general de Acción Social y Agraria en la República, y además era amigo íntimo  de Juan Ramón Jiménez,  para que el Ayuntamiento le conceda una beca de estudios. No puede pagar la pensión  de Costanillas, encuentra habitación en la Academia  Morante, Calle Navacerrada 4, a cambio de ejercer de portero. En Navidad del 31, Augusto Pescador desde Orihuela organiza una colecta donde recaudan 30 duros, para enviársela al joven poeta. Miguel acude casi a diario a la Biblioteca Nacional. Como no puede pagar la pensión Morante le echa a la calle, acude a la Posada del Peine, que es tan miserable que no puede aguantar allí, pasó hambre, durmió en las bocas del metro y puentes de Madrid. Alfredo Serna, farmacéutico y concejal del Ayuntamiento oriolano, vivía en Madrid, le consigue una pensión de 50 pesetas mensuales por ampliación de estudios (solamente la  recibió por dos meses; se anuló la ayuda).

 Acude a casa de Augusto Pescador, su paisano, que estudiaba en Madrid. Escribe a su padre, y éste le dice que no puede mandarle nada. Fueron muchas las penalidades de Miguel en Madrid.  

 

                                     

                                                                                             REGRESO A ORIHUELA

 

     A   mediados de mayo del 32,  no puede resistir más miserias, está enfermo en Madrid y regresa a Orihuela, herido pero no vencido;  cuando llega a su casa ya no trabajará más como pastor,  al padre ni le hablará. En su huerto y bajo su higuera instalará su despacho, estrechará amistad con Ramón Sijé (por eso en la elegía a la muerte de Sijé, escribirá “volverás a mi huerto y a mi higuera”), con Carlos Fenoll, Jesús Poveda, Augusto Pescador,  Paco de Díe, Antonio Gilabert (su primo),  más tarde, en el 36, se incorpora Ramón Pérez Álvarez a través de la revista Silbo. Casi a diario acudirá a la panadería de Carlos Fenoll situada en calle Arriba 5, lugar donde “alguien” inventó lo de la tertulia de la Tahona.  Ramón Sijé (Pepito Marín) iba a la panadería no a la tertulia sino a “pelar la pava” con su novia Josefina Fenoll, mujer rubia, bella, de la que seguramente Miguel se había enamorado pero no insistió porque no tenía nada que ofrecerle y enfrente tenía a un fuerte competidor, a Pepito Marín, estudiante de Derecho por libre en Murcia e hijo de un comerciante de tejidos José Marín Garrigós dueño del establecimiento llamado La Alhambra en la calle Mayor (dato tomado de una publicación literaria con páginas de anuncios comerciales, de mediados de los años veinte del siglo pasado, obrante en el archivo hernandiano de Gaspar Peral Baeza).  Ahora, Miguel trabajará como botones en un banco, el Español de Crédito, también cómo chico de los recados, por un mes, con el notario José María Quílez, y meses después como mecanógrafo con el notario Luis Maseres Muñoz. Participará en el homenaje al escritor Gabriel Miró –fallecido el 27 de mayo del 30-  que se celebrará el 2 de octubre de 1932 con la inauguración de un busto obra del escultor murciano José Seiquer Zanón (fue el mismo que le hizo la mascarilla mortuoria a Ramón Sijé), acto que lo inaugurará Ernesto Giménez (Gecé), amigo de Sijé, ante las renuncias de Marcelino Domingo, Azorín y Pedro Salinas. Hubo un encuentro verbal con Antonio Oliver Belmás, marido de Carmen Conde, que habían venido desde Cartagena en una “romería literaria” junto a alumnos de la Universidad Popular.  Oliver Belmás llamó mentiroso al falangista Gecé, y acabaron  en comisaría. Se publicó El Clamor de la Verdad, un solo número, donde Miguel colabora con dos composiciones "Limón" y "Yo-la madre mía" con influencias estilísticas del autor de "El obispo leproso". 

   Miguel lee en El Debate de Madrid que dirigía Herrera Oria, una convocatoria de  seis becas para estudiar periodismo, intenta participar a través de la mediación de don Luis Almarcha, carta de fecha 10-10-32) pero no lo consigue, puesto que una de las condiciones era  tener estudios de segunda enseñanza o universitarios, y además se prohibían las recomendaciones. Una vez más Miguel  siente la impotencia de ser escritor, pero sabe que los fracasos son el camino hacia el triunfo, nunca se dará por vencido.

 

 

                                                                                    PERIODO DE PERITO EN LUNAS

 

  Sabe que no puede volver a Madrid sin un libro de poemas, está convencido de que no se es poeta si no publicas, debió pensar. Se aferra a la amistad de Ramón Sijé, convertido en su agente literario para conseguir financiación de su primer libro, que saldrá el 20 de enero del 33.  Perito en lunas no es sólo un libro sino un periodo donde el poeta escribió décimas y octavas, que no llegaron a publicarse en su ópera prima, por falta de espacio, ya que se tenía que sujetar a las condiciones del contrato, que decía que se tenía que ajustar al formato, papel y  las 46 páginas de Tiempo cenital de Antonio Oliver, publicado el 15 de abril de 1932 (Ver mi trabajo Simbología secreta de “Perito en lunas” de Miguel Hernández, Palmeral, Alicante, 2005).  El 20 de enero del 33, ya tiene en sus manos Perito en lunas con prólogo de Ramón Sijé, publicado en Sudeste, sección que dirigía Raimundo de los Reyes  redactor de La Verdad de Murcia. Aparece como Miguel Hernández Giner. El primer ejemplar se lo dedicará a su amigo el profesor de dibujo Francisco de Díe en su huerto “A ti Paco D. Pintor que olvidas mis inconveniencias. Yo: M. Hernández Giner”. Miguel se colocó como segundo apellido, el segundo de su madre Concepción Gilabert Giner.

   Ramón Sijé se ha convertido en su agente literario, sin la ayuda de Sijé no se hubiera publicado Perito en lunas.  Le ha puesto en contacto con amistades influyentes, caso de Juan Guerrero Ruiz, secretario del Ayuntamiento de Alicante. Sijé y Miguel presentarán Perito en lunas primero en acude a la Universidad Popular de Cartagena el 28 de enero de 1933. Ramón Sijé donde leyó «Conferencia Ridícula».  Miguel lleva un cartelón que le había hecho Rafael González sobre la mesa dejó melón, una granada y un limón dentro de una jaula al que llamaba «chinito coletudo». Este cartelón se perdió en el tren, por ello, después Paco de Díe le dibujó otro cartel para el Ateneo de Alicante el 29 de abril del mismo año, leyó su composición "Elegía media del toro" (el cartel también se perdió). Terminó con versos de Juan Ramón Jiménez, Alberti y García Lorca.  Ramón Sijé habló acerca de "El sentido de la danza. Desarrollo de un problema barroco de Perito en  lunas". Debió asistir José Guerrero Ruiz, José Juan Pérez, vocal del Ateneo. El 28 de julio del mismo año, volvió otra vez a la Universidad de Cartagena para recitar “Elegía media del toro”.

  Ha aprendido que para ser conocido ha de tener amistades que le apoyen, sin duda la trastienda de la forja de todo poeta en ciernes. Más la necesidad de perder su natural timidez.  Su primer libro, hermético y gongorino, no obtiene la repercusión necesaria y así se lo hace saber a García Lorca (a quien conoció el 2 de enero del 33 en Murcia), quien le responde «Tu libro está en silencio, como todos los primeros libros, como mi primer libro, que tanto encanto y tanta fuerza tenía. Escribe, lee, estudia. ¡Lucha! No seas vanidoso de tu obra». Si Lorca le cogió "alergia"  a Miguel, tenía sus motivos, ya que Miguel le insultó en una de sus alocadas y rabiosas cartas cuando le dijo: …la tarde aquella murciana, que he maldecido las putas horas y malas  que di a leer un verso a nadie. (carta de 10 de abril de 1933).  Una carta sin educación, arrogante y descarada.  Luego en Madrid le perseguía para que le estrenara la obra dramática El torero más valiente, inspirada en la muerte del torero Ignacio Sánchez Mejías.

 

 

                                                                                        DE NUEVO EN  MADRID

 

   En su segundo viaje a Madrid, en la primavera del 34 empezará a trabajar como secretario de José María Cossío, para el último tomo de "Los Toros", enciclopedia de Espasa Calpe, Miguel creía que trabajaba para la editorial, pero no era así, Cossío lo tenía contratado a su cuenta. Le había conocido en la tertulia de Cruz y Raya de José Bergamín. Al poeta chileno Pablo Neruda le conocerá en una conocerá que dio Pablo en la Universidad de Madrid el 6 de diciembre del 34 (José Carlos Rovira comentó en una conferencia de 4 de mayo 2010, Forum 80 Mundos, que este encuentro no está documentado). Pablo conocía de su Auto sacramental publicado en Cruz y Raya en 1934, Miguel y ya no  se separa de él, el chileno es quien le introduce en las tertulias literarias madrileñas. Miguel le dedicó "Oda entre sangre y vino". Pablo le invita a colaborar en la revista Caballo Verde para la poesía; en el primer número publica  el poema "Vecino de la muerte".  Pero según Eutimio Martín no es Pablo quien indujo a Miguel hacia la poesía revolucionaria, puesto quien le enseña “que la poesía deviene un arma, puede y debe convertirse en arma es el poeta argentino Raúl González Tuñón, autor de La rosa blindada, a quien conoció Miguel en la peña de la Cervecería Correos de Madrid y a quien oyó la lectura de dos poemas revolucionarios en el Ateneo madrileño. El día 20 de diciembre del 35, asiste a la comida homenaje a Raúl González. En la fotografía aparece el organizador: Federico García Lorca, Neruda, Norah Borges, Manuel Altolaguirre, León Felipe, Petit de Murat, Gerardo Diego, Enrique Azcoaga, Miguel Hernández...  

   La comunista era Delia del Carril  cuando fue alumna y posible amante del pintor cubista francés Fernand Léger en París, y no Neruda, que lo sería a partir de 1945 en Chile.  Miguel conocerá a Vicente  Aleixandre cuando le pidió un ejemplar de La destrucción o el amor en la primavera de 1935, en plan siempre pedigüeño “No me es posible adquirirlo […] firmado: Miguel Hernández, pastor de Orihuela”. Vicente adoptará hacia Miguel una actitud paternalista. Es difícil codearse con los poetas del 27, puesto que éstos eran  universitarios y de otra clase social, y todos mayores que él. Miguel es de los poetas noveles pesados, tantos es así que García Lorca le huía y Luis Cernuda también, eran o origen “señortio”.  El 4 de mayo del 35, asiste a la comida homenaje dedicada a Aleixandre en el restaurante Buenos Aires de Madrid, En la foto existente vemos de izquierda a derecha y de pie a Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Luis Rosales, Antonio Espina, Luis Felipe Vivanco, J.F. Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda y Juan Panero. Sentados Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Diez-Canedo, Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y a José Bergamín. Sentado en el suelo: Gerardo Diego.

 Días después, el 13 de mayo, Miguel asistirá a la comida homenaje al pintor  Hernando Viñes, de la Escuela de Vallecas, en la Hostería Cervantes de Madrid entre los que acuden Pablo Neruda, Delia del Carril, Guillermo de Torre,  Federico García Lorca, Pepín Bello, Rafael Alberti, María Teresa León, José Caballero, Eduardo Ugarte, E. Thais, Luis Buñuel, Lusa Condoy, J, Vicent, Acario Cotapos, Gustavo y la señora Dorronsoro, Hortelano, y Santiago Ontañón.

 Estas amistades enfrían las relaciones con Ramón Sijé, pues Miguel ha tomado un camino anticlerical; inicia un cambio en su poesía, que se vuelve revolucionaria, son los “brotes verdes” de la poesía social, ya que la poesía hernandiana es el puente entre los del 27 y la posterior poesía social. En junio del 35 escribe una carta poco acertada, a mi entender  Juan Guerrero Ruiz, teniendo en cuenta que era un hombre muy religioso, en la que le escribe “Estoy harto y arrepentido de haber hecho cosas al servicio de Dios y de la tontería católica”. ¿Cuáles son estas tonterías al servicio de Dios?, creo que debe referirse  sus poemas en la ahora menospreciada “triste revista de nuestro amigo Sijé”, El Gallo Crisis. Donde Miguel se muestra desagradecido con Ramón Sijé, con todo lo que éste había hecho por aquel lunicultor o pastor de lunas y sueños.  Quizás su auto sacramental Quien te ha visto y quien te ve y sombra de lo que eras, se convirtió para la conciencia revolucionaria del poeta en una carga moral, puesto que el contenido es en realidad  un sermón versado sobre la resignación de los agricultores, y sus penalidades Dios lo resolverá.

     Dámaso Alonso, que no conoció personalmente a Miguel, cree que Miguel es “un genial epígono del 27”; cuando escribe su Perito en lunas lo que hace es homenajear a Góngora, pero tardíamente, ya que el tercer centenario de la  muerte del cordobés se había celebrado en el Ateneo de Sevilla, en diciembre del 1927, patrocinado por el torero y mecenas Ignacio Sánchez Mejías, que los alojó en su finca de Pino Montano.

 

                                                                                                                                                                   Continuará en LETRALIA.

                                    

 

 

 

                                                         Alicante,  mayo 2010. Año Hernandiano.

 

 

 

 

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