PETRER

 

 

 

 Ramón Fernández Palmeral

 

 

  Reportaje Fotográfico

 

 

 

 

     Petrer es un cisne, y su cabeza es el castillo. Es un término municipal con una superficie de 104,2 km², limita al norte con los municipios de Castalla y Sax, al sur con los de Novelda y Monforte del Cid; al este con Agost y al oeste con Elda, población con la que forma una metapoblación, siameses urbanas. Tiene 31.919 habitantes en el censo del 2004. El gentilicio es petrerenses. Muchos por comodidad pronuncia Pretel, acabado el “l”, no es correcto. Ya que su origen en romano (Villa Pretaria). Tiene todo los servicio de una pequeña ciudad, es festera y deportiva.

     Azorín describió Petrel (sic) El Enfermo (1943):

     "El pueblo se asienta en una suave ladera; en la parte baja se abre una ancha plaza-donde se levantan las casas más ricas- con una fuente en su centro; es de mármol rojo, con cuatro caños que manan día y noche".

Espacios naturales

 Los extensos parajes de Petrer despiertan un instinto de aventura. L'almadrava, l'avaiol, Caprala, y Puça, la Serra del Cavall, la Forada, la vall de Catí, el Cid y l'Arenal de l'Almorxó. Montaña, agua, aire y sol. Olor a romero y cantueso. Montañismo, senderismo, rutas a caballo, al-delta, espeleología, escalada...anímate!  En la ciudad está el Parques y jardines, sobre los que destaca el Parque "9 de octubre" y el Parque "El Campet" y Jardines Juan Carlos I.

 

Turismo

Los moros y cristianos son la fiestas más tradicionales e importantes, en honor a San Bonifacio, de gran vistosidad y espectacularidad en sus embajadas, desfiles, guerrillas, procesiones y subidas del Santo. Diez comparsas lucen sus galas en la fiesta, divididas en dos bandos: el moro y el cristiano. Las fiestas patronales en honor a la Mare de Deu del Remei. Todo color, ruido y fiesta.

Gastronomía: la gachamiga, el gazpacho, arroz con conejo y caracoles serranas, el fassegures. La buena cocina requiere también de un buen trago de vino del Vinalopó o Denominación de origen de Alicante. La repostería tiene falta artesanal. Algunos restaurantes famosos son la Sirena y Paulino. 

 

Fiestas.- Algunas fiestas son San Antón el Porquet, Pregón de fiestas de Moros y Cristianos, Santa Cruz, Fiestas de Moroso y Cristianos, Hoguera de San Antonio, Nit de Sant Joan, Romería Virgen del Remido en octubre, patrona de Petrer. La Fiestas de Moros y Cristianos se remonta al 12 de mayo de 1822 llamadas fiestas de Soldadesca de Moros y Cristianos que tendría lugar el 14 de mayo, día de San Bonifacio. En la actualidad, diez comparsas lucen sus galas, cinco del bando cristiano y cinco del bando moro: Tercio de Flandes, Marinos, Vizcaínos, Estudiantes y Labradores en el bando de la cruz y Moros Viejos, Moros Nuevos, Beduinos, Moros Fronterizos y Berberiscos en el de la media luna. A su vez, todas las comparsas, integradas en la Unión de Festejos San Bonifacio Mártir, cuentan con su abanderada, su capitán y su rodela, y se dividen en diversas filas. También cada bando tiene su embajador.

 

 

HISTORIA

    Yo creía, erróneamente, que el origen del nombre de Petrer se debía a pétreo por su castillo y la Peña del Cid, pero era un error mío, ya que su origen es romano  (Villa Petraria), queda constatado en 1975, tras la aparición fortuita de los restos de dos mosaicos policromos con dibujos geométricos hallado en una obra junto al Ayuntamiento, mosaicos que podría datarse  en el s. IV d.c. Este no es el lugar para hacer un exhaustivo estudio de la historia de Petrer, no he encontrado en la red estudios profundos, sin embargo lo más aproximado es la web del Ayuntamiento.

   La ocupación humana del término municipal de Petrer se remonta al periodo Neolítico. En las partidas de El Chorrillo y de l'Almortxò se han localizado evidencias materiales datadas en el V milenio antes de Cristo. Sin embargo, hemos de esperar al 2100 antes de Cristo para documentar la ocupación plena de buena parte del término municipal, desarrollándose pequeños asentamientos de tipo "aldea"  o "caserío", dedicados a la agricultura de cereales y a la cría de ganado. De entre todos, destaca el yacimiento de Catí-Foradà, tanto por sus dimensiones, como por la información obtenida de las excavaciones efectuadas.

   Los almohaces construyeron el castillo  a finales del siglo XII, sobre 1172, sesenta años después de su construcción fue conquistado por los castellanos. Tras la firma del Tratado de Almizra en 1244, por el que se establecía la frontera entre los reinos de Castilla y Aragón en su expansión hacia el sur, el núcleo de Petrer  -Bitrir- pasó a pertenecer al reino castellano. Petrer fue cedido por el rey Alfonso X el Sabio a Jofré de Loaysa, cuyos herederos mantuvieron el señorío hasta su venta a la familia valenciana de los Pérez de Corella. No obstante, ya en 1265 el rey aragonés Jaime I el Conquistador tuvo que acudir en apoyo del rey castellano, y sofocar algunas rebeliones de las poblaciones moriscas del reino de Castilla. Entre ellas, tomó el castillo de Petrer.

   Por la Sentencia de Torrellas de 1304 y el Pacto de Elche de 1305, el núcleo de Petrer quedó bajo la soberanía de la Corona de Aragón.

   Durante el siglo XV, la villa de Petrer perteneció a la familia Pérez de Corella     -Condes de Cocentaina- cuyos descendientes vendieron Petrer, junto a Elda y Salinas, a D. Juan Coloma, creándose a finales del siglo XVI por privilegio de Felipe II el Condado de Elda, al que perteneció Petrer hasta la abolición de los señoríos en el siglo XIX.

    La cronista oficial de la villa de Petrer es  Marí Carmen Rico Navarro.

 

 

 

 

SINGLADURA

   Salí de Alicante por las 9’30 horas del  sábado 27 de mayo del  2006 por la autovía A-31, había una mañana como un clavel encendido en Puerta Oscura. Pasado el Polígono de las Atalayas veo el humo dormido de una hoguera sobre el horizonte de una loma de tierras ocres de yeserías. Que me recuerda inevitablemente a Gabriel Miró en “El humo dormido” donde empieza su libro con un proemio: “De los bancales segados, de las tierras maduras, de la quietud de las distancias, sube un humo azul que se para y se duerme…”.

     Esta hoguera se supone que procede de la quema de rastrojos, no es azul ni gris, sino más bien de un color errante que  hace tirabuzones de olas en el cielo. En el Portichol, queda a mi izquierda la silueta negra de toro de Osborne, los toros andaluces en tierras de íberos. Me desavié por  Elda-Pedrer, pasé por debajo del arco de la autovía y me encuentro de frente la rotonda, y, en seguida, a la derecha nos encontramos con un cartel que nos anuncia Petrer, lo sigo con ceguera, es una vieja carretera  que se llaman de Petrer-Novelda, cuando has llegar a la calle de  la Bassa Perico y te acabas de merendar toda la Avenida de Hispanoamérica te encuentras  que ya no tiene salida, y a la izquierdo subes por calle Venezuela, hasta encontrar un apacible aparcamiento que hay ya en el subida al castillo, es un pequeño ensanche alargado,  donde caben unos diez coches en sus sacos de dormir, consigo dejar mi coche Nissan Almera, bajo un pino carrasco y al lado de una furgoneta.

   En la página wed del Ayuntamiento de Petrer tenemos una historia muy fiable de este castillo se muestra como una fortaleza inexpugnable, su contramuro se ve remodelado de cemento, algunos entendidos en esto de la albañilería dicen que tiene demasiado cemento. Sobre la roca con forma de cono privilegiado fue elegida por los almohaces a finales del siglo XII, sobre 1172, para situar su fortaleza fronteriza, ya que por allí pasaba el antiguo camino de Alicante a Castilla, por donde traza un gran arco de ballestas la autovía. Su objetivo consistía en impedir junto a otros castillos fronterizos como el de Villena, Elda, Biar, Sax, La Mola o Monóvar, al avance de los  cristiano.  La subida se hace por una serie de terrazas con escaleras y balcones cuyas piedras tienen el color de las cortezas del pan, un color rubio querubín. Desde aquí tengo los tajados a mis pies, mis pies que se cansan con nada. La vista es digna de ser fotografiada y es lo que hago hacer unas panorámicas. A la vista lejana y dura, a mi sur tengo a Petrer y a Elda, unidas, siameses, el valle es urbano, plebeyo, extenso hacia los montes que ocultan  Monóvar, a unos quince o veinte kilómetros de distancia, pero allí, invisible ahora a mis vista imagino su castillo descompuesto, desde cuyas ruinas me asomé a este valle el día de la singladura a Monóvar, y con cierto asombro contemplé esta valle desde el otro extremo, desde el lado opuesto como un murciélago atontado que quisiera ser imposible águila real. Estos castillos del Vinalopó se situaban de forma que fueran visibles unos con otros, para dar señales de alerta, que por lo general consistía en los heliógrafos o más fácil todavía, hace una  fogata: humo de día, y lumbre de noche.

   Desde aquí arriba veo la cúpula celeste de una iglesia con sus dos torres campanarios, toda ella me da la espalda, y promete una visita que más tarde le haré para investigar. Y más allá hacia la autovía, veo una mancha verde que es un campo de fútbol donde se celebra un partido y a la derecha de este campo, otro campo encementado donde hay dos partidillos de fútbito. Petrer me parece un tablero de de Monopoly donde jugar con las casitas.

     Los vencejos han llegado, y con sus vuelos intensos y circulares dejan oír su piar penetrante,  sobrevuelan los tejados de teja morisca cubiertas ya por el viejo liquen que las hace, hoy día, ser valoradas. Como mi situación en privilegiada los veo volar cerca, casi a la mano, algunos parecen rozar los muros del castillo, tan cerca como si se fueran a chocar con las piedras o los pitacos. Los vencejos comunes o rabitojos, son  aves misteriosas, poco o casi nada se sabe de ellos, son aves migratorias con alas falciformes como las golondrinas, no se sabe muy bien adónde hace sus nidos para poner sus huevos, una vez abandonan el nido ya salen volando y no regresan jamás a él, se alimentan de insectos, sus patas son ridículas cortas y cuando caen al suelo nos se pueden levantar. Recientemente, se ha descubierto que por la noche para dormir se elevan a unos 2.000 metros de altitud y ahí permanecen en grandes concentraciones a bajo ritmo de aleteos.

   Mis ojos que no está acostumbrado a la libertad del horizonte quieren salirse de las cuencas de mis ojos niños, atrevidos, gozosos, porque la vista, desde este promontorio predominante, orgulloso, privilegiado es capaz te hacerte prisionero eterno de su grandeza. Los tajados pequeños de las casas del barrio viejo se pueden coger con las manos, un gatos negro y blanco pasa con sigilo por detrás de una depósito de agua de uralita, recuerdo a la gata sobre el tejado de zinc caliente, a esa Elizabeth Taylor que decía que el mejor desodorante era el éxito, sí, ciertamente, las moscas soportan el mal olor de los ricos, y huyen del mal olor de las casi-promesas, porque el mundo es una revista de tirar de una semana para otra. 

   Y cuando he estado luchando con este paisaje magnético durante veinte minutos, decido subir al castillo por los escalones junto a unas pitas, algunas de ellas muestran sus largas lanzas de pitacos como lanceros guardianes del castillo o corona de piedra,  también  crecen algunos palmitos de gran  tamaño, el palmito es la única especie de palma europea. Al llegar arriba, me encuentro una explanación sostenida por un muro de cemento, es decir, que este castillo tiene  un muro contrafuerte de relleno a un nivel más bajo que el del castillo en sí, y por ello desde la lejanía parece más grande. El rellano es amplio y rocoso, sigo el muro hasta el final donde advierto al visitante despistado que no hay barandilla y me puede caer, yo me llevé un spbresalto casi mortal, sin damer cuenta, mirando al horizonte llegué a encontrarme al borde mismo de un cortado  de unos cuatro o cinco metros de caída libre. Repuesto del susto, quizás subjetivo, pued ser, veo debajo de mí  el grupo escolar del Colegio Público La Foia, entre el verdor de unos álamos cuyas copas casi se pueden tocar. A mi derecha se halla lo que parece un castillete o grupo apiñado de casitas sobre  lo que creo es Loma Bada. Desde ésta especie de balcón almohade veo  cerca el cerro o Peña del Cid de 1.300 de altitud, y aunque alguien dice que tiene forma de gato dormido, a mí me parece una montera, debajo está la cabeza del torero, pero nos muestra la parte de la nuca y su coleta.

 

   El castillo anda con la llave echada y no puedo entrar a su interior, sus características se pueden leer  pulsando aquí. Sus muros se asientan sobre un promontorio rocoso calcáreo, son de mampostería y sillares, rematados con dentadas almenas; en las paredes las mirillas verticales que servían para observar y lanzar flechas; hacia el centro aparece una gárgola de desagüe; la puerta tiene una cierta altura desde el suelo, parece un gran ventanal, tiene forma de arco de medio punto, se accede por  una escalera metálica, son del tipo de puente levadizo, pero al puerta antigua, la que cerraba el castillo con un sistema de poleas no la veo, porque el castillo ha sido objeto de muchas reformas posteriores. Sobre la puerta hay un matacán o especie de balcón voladizo defensivo. Dentro se encuentra la torre del homenaje.

    En el siglo XIX sufrió desperfectos con la desamortización de Mendizábal, agravados por la utilización masiva de las piedras de sus muros para la construcción de casas vecinales. El obispado de Alicante lo cedió al Ayuntamiento que empezó con las obras de reconstrucción en 1974 hasta su finalización en 1983  que fue declarado Monumento Histórico Artístico de interés nacional. En la actualidad se encuentra totalmente restaurado lo cual fue sin duda un acierto. Se muestran dos exposiciones permanentes instaladas en la Torre del Homenaje: una sobre restos arqueológicos hallados en las excavaciones del Castillo; otra de objetos de alfarería que se fabricaban en Petrer. Desde hace cinco años, se ha puesto tan de moda este emplazamiento para celebrar casamientos que existen largas colas de espera y en el patio central se casan laicamente  entre música y fanfarria. Hoy día es cede la junta de Moros y Cristinos.

   He leído en algunas críticas que el castillo de Petrer tiene demasiado cemento, pero es preferible que tenga demasiado cemento a que no tenga ninguno, como le pasa al castillo de Monóvar, una lástima de dejadez municipal, un espacio histórico que podría ser recuperado para la ciudad y las comparsas de Moros y Cristianos.

  

 

 

  La iglesia de San Bartolomé

  Dado por terminado mi imposible visita al interior del castillo de Petrer, no obstante dado por bueno la subida, que mereció la pena. Me asomo a los miradores que tiene farolas enanas casi a ras del suelo como en el palmeral de Alicante. Por los tejados corre sigiloso un gato, en una terraza se me muestras jaulas de lo que fue un palomar.  La calle que encuentro se llama: “Primer Carreró del Castell”, que debería interpretar como primer callejón al castillo. Una vez en el descansillo me alegra la vista una bajada de escalones veo la calle dedicada al Premio Novel de 1906, Ramón y Cajal, ya es una calle centenaria. Desde el descansillo me intimida una bajada larga de escaleras, pero al fondo tengo ya la fachada espiritual de la iglesia y me obligó a seguir el camino, ayudándome de mi bastón y de la barandilla central de hierro, en la fachada de enfrente veo a tres gatos rubios casi hermanos que no me huyen, aquí está la Comparsa Vizcaínos. Desde los últimos escalones oí resoplar a una mujer con vestido azul floreado, es una mujer que sube con la compra, no es anciana pero tiene cierto sobrepeso, al cruzarme con ella el digo:

   -Buenos días, estas escaleras son para buenas piernas.

   -Estas escaleras me van a matar –dice la mujer en castellano, aunque su acento es valenciano, porque en Petrer hay predominio valenciano.

   -¿Qué tiene, que subir a lo alto del todo.

   -No yo, ya estoy en casa, vivo en el portal pasado los gatos.

 

  Continué vi bajada y alcancé la fachada lateral izquierda de la iglesia que ahora sí que no me parece pequeña ni de Monopoly, sino una iglesia importante, por allí está un  museo de la fiestas, con un cartel anunciados de sus actividad. Continúo bajando y al primer petrerense que me encuentro le pregunto.

   -¿Queda lejos el Ayuntamiento?

   -No, que va, queda ahí mismo, en la plaza Baixa-

    En el hombre se vuelve y me indica la fachada moderna del Ayuntamiento.

   -¡Si es moderno- exclamo- yo creía que era viejo.

   -En ese lugar hubo un ayuntamiento del siglo XVI, que lo echaron abajo, construyeron uno, y luego lo destruyeron y construyeron este moderno, pero para cuando pasó esto eran otros tiempo.

   -Si tiene usted razón, la gente antigua no tenía conciencia de su patrimonio.

   Ya en la plaza Baixa o Baja veo el ayuntamiento, y subo la escalinata de la iglesia que está dedicada a la advocación de San Bartolomé, en la fachada hay una placa explicativa, Petrer es la única ciudad del Vinalopó Medio donde he visto carteles de orientación turista en los lugares estratégicos de interés, creo me los demás pueblos deberían imitarlos. Esta iglesia se empezó a construir el 12 de abril de 1779, y se bendijo el 13 de agosto de 1785 por el obispo Josep Tormo de Orihuela-Alicante. Encima del dintel de la puerta principal se deja colgar y  mostrar un gran escudo de piedra del Conde de Puñonrostro, que debe ser uno de los grandes benefactores de este templo, este escudo de armas posee gran similitud con el del Reino de Valencia, donde se ve  el murciélago protegido bajo una corona real. El  escudo de armas de Puñonrostro se muestra sobre un paño desplegado con el escudo inscrito y cinco cuarteles, uno de ello en circular que sirve como  unión a los demás. Este paño viene a ser significación del paño la Verónica y el rostro de la Santa Faz. Don Francisco Arias de Bobadilla fue el IV Conde Puñonrostro.

    Encima del escudo de arma se encuentra una vidriera con la imagen de San Bartolomé.

    En Petrer son muy dados a colgar el escudo de armas en el dintel de las casas, se ven por todas partes. En la plaza Baixa veo uno de la familia Rico, y en frente un reloj de sol del año 1889, que marca no sé qué hora posiblemente las nueve y media solar, pero al que hay que añadir dos horas más, es decir en mi reloj de pulsera son las impertinentes 12 y 26 minutos. Al sur vemos el escudo de Petrer en el  Ayuntamiento.

    Azorín nos habla de este esta plaza en El Enfermo (1943):

     "En un extremo de la plaza, de espaldas a la colina, está la iglesia, a cuya puerta se sube por una escalinata de dos ramales; enfrente se encuentra la Casa Consistorial, con su balcón corrido, al cual dan los cuatro vanos del edificio".

 

   En el interior de la iglesia me encuentro que hay un grupo de niños y familiar que están siendo adoctrinados para el día de la  Primera Comunión, están ensayando con  un hombre de voz chillona, que a lo mejor puede ser el cura, yo no le conozco y no lo puedo afirmar, tiene el pelo grisáceo y de  estatura media pero tiene una voz potente con el micrófono. Su sistema “catequistar” o de catequesis es el de siempre, a voces y el de amedrentar a sus los niños, hay  porque ninguno lee bien las peticiones que hacen. Y es que lo niños y niñas están allí amedrentados, entre el hombre que le increpa delante de los fieles parroquianos y familiares.  Me recordó mis tiempos en lo que fue adoctrinado por el padre Mondéjar, un jesuita en el colegio San José Obrero, cuando estaba en la calle Pozos Dulces de Málaga, nos podía en una especie de escenario y nos hacía preguntas, ya al fallar la bronca comunal y vergüenza pública, que lo único que conseguía era crearte complejos de inferioridad, y es que conseguía que se te quedar la mente en blanco por los nervioso.

   En fin cada cual tiene su sistema de enseñanza, aunque este en la iglesia de Petrer era un poco bastante duro, porque también la vida es dura. Pero allí ninguno replicaba y mientras el hombre con el micrófono en mano seguía su adoctrinamiento, yo le hice unas fotos a un hermosísimo cuadro del bautismo en el río Jordán de San Juan Bautista y a Juan Virgen del Pilar. Pero la Patrona es la Virgen del Remedio, una virgen reina como ya he comentado, la cual se encuentra en el altar Mayor. Y en un muro aún se conserva la lápida en mármol negro que dice: «Recuerdos de Petrer a sus caídos por Dios y la Patria 1936-1939». Ya se sabe que en la posguerra, con el franquismo fue obligatoria la colocación de las cruces, bien en las fachadas de las iglesias o sus proximidades, estos símbolos se referían a los caídos nacionales,  por eso lo de Dios. Luego dijeron que no se quitaban porque querían recoger a los caídos de los dos bandos. Aunque hay detractores que opinan que se quiten, yo creo que no se deben quitarse, porque no se puede ni de debe olvidar la tremenda contienda, un error histórico por las dos partes.  Petrer fue el último bastión de resistencia de la II República española aquí se refugio el gobierno de Juan Negrín en la finca rustica “El Poblet”. Tenía interés por saber dónde se haya esta finca, a los que pregunté no me lo supieron decir.

 

  

 

     El Ayuntamiento de Petrer

     La Plaza Baixa es amplia, es peatonal, vario tilos o jarandás  a ambos lados la custodian, tiene bancos donde hay sentado una pareja.  El Ayuntamiento está cerrado es una construcción moderna y funcional, acristalado desde la calle se ve un interior, es un parche es este caso histórico, de calle retorcidas, plazuelas pequeñas, estrechas, de plantas bajas En la puerta ondea las tres banderas, en la parte superior muestras un escudo de piedra con un castillo en el centro, bajo una corona ducal (las coronas reales tienen bonete), el escudo está custodiado por dos figuras quiméricas adosadas (cuando están de espalda) o dragoncillos con largas colas marinas enlazadas en la parte inferior, parecidos a los caballitos de mar.   Es sábado y la puerta de cristal está cerrada, me hubiera gustado conseguir algún plano urbano e información histórica de la ciudad. Tiene una página web, su alcalde es don José Antonio Hidalgo López (EU).

   En el soportal del Ayuntamiento. Hay un cartel que nos anuncia un recorrido turístico, leo que muy cerca, por al calle  Mayor, se encuentra la casa de fue residencia de la familia de Azorín. Me encontraba mirando el cartel de visita turista cuando pasó un vecino de Petrer, un joven con barba, con aspecto de hombre de ciudad, al que pregunté.

   -¿Hay alguna oficia de Información y Turismo por aquí cerca?

   -En Petrer no hay oficia de información y Turismo, y el Ayuntamiento está cerrado al público, pero ¡Usted que quiere ver?

   -No sé, yo quería un plano para orientarme y dar una vuelta sin nada en concreto, ahí está el Museo Municipal, pero me parece que está cerrado. Si le gusta los antiguo, métase por esas calles de ahí puede ver  la casa de la familia de Azorín,  -me señala por donde yo había bajado- y puede subir al castillo, todo ese casco está muy bien.

   Al hombre le veía  amable e interesado por informarme, le di las gracias y le dije que subiría a ver la casa de la familia de Azorín, esto si que me interesaba, ya que a mi me gusta escribir sobre este monovero universal; pero antes me tomaría un café en una cafetería que hace esquina con el Ayuntamiento, en la llamada  Unidad de Festejos de San Bonifacio Mártir.

    Subí las escaleras del bar, al entrar vi que todas las mesas estaban ocupadas por comensales. La barra está a la izquierda. El camarero era un hombre abrigado en carnes, le pedí un descafeinado con leche de sobre y media tostado con aceite, el aceite de oliva tiene la ventaja de que no produce colesterol y mantiene a raya a los triglicéridos.

    Al poco tiempo llegó una camarera rubia muy agraciada.

    -Le he puesto un pan que no engorda –me aseguró la camarera con  agradable y buen trato.

    -A mí me hace falta adelgazar por lo menos 20 kilos que es lo que dice la tabla de la báscula –respondí espontáneamente.

    -Pues eso de los pesos y la estatura no puede ser cada uno tiene sus forma física, quien tiene que perder unos kilillos es éste –me apuntó la camarera refiriéndose al camarero-. Yo he perdido muchos kilos porque antes estaba más gorda.

    -Yo te veo muy bien de todo –y la camarera, en su estudiamos, muy contenta me mostró un poco de tobillo,  y la verdad es que estaba muy ajustada a su estatura y peso, en un termino medio.

    Pagué 2 euros y me fui a recorrer el casco viejo. Bajé por calle Prim, hasta llegar a la plaza de Cánovas del Castillo, en honor al político malagueño. Aquí me encontré una fachada que conserva una esquina de sillería con cornisa.

   Regresé a la Plaza Baix, a la derecha del bar hay una casa de aspecto señorial,  en un escudo de armas que dice Rico, en el portal siguiente en el número 10,  con fachada pinta de bermellón se encuentra el Museo Municipal Dámaso Navarro y aquí está el CEL, El Centro de Estudios del Vinalopó, me hubiera gustado mucho visitarlo y hablar con algún responsable, pero es sábado y el personal tienen que descansar aunque el turista no descansa los fines de semana, esto es una contrariedad. Por qué no un servicio de guardias. Dámaso Navarro Guillén nació en Petrer en 1946, era un arqueólogo de formación autodidacta que se preocupó por excavar y sacar a la luz los secretos arqueológicos,  fundó en los años 60 de un Grupo Arqueológico Petrerense, su prematura muerte llevó al darle su nombre a este Museo, que como repito no puede ver.

 

 

 

 

 

   La casa familiar de Azorín

   -Entrando por la calle Cura Muñoz, el primer callejón a la izquierda -me orientó  un joven que acababa de salía de la iglesia junto  a un tropel de infantes a la Primera Comunión.

    El joven me acompañó hasta la boca del primer callejón y me indicó la fachada de la casa que fue de la familia de Azorín. No estaba lejos, porque el casco antiguo de Petrer es como de juguete, como una maqueta hecha por un enano, está muy bien conservado. A unos veinte metros me encontré con el número 1, hay una especie a anchurón o plazuela, por cuya tangente pasa la calle Mayor. La casa es de dos plantas, media fachada de azulejos marrones, la puerta es de doble hoja y se conserva muy bien, en una esquina se conserva una pilastra con cornisa, lástima que no se hiciera lo mismo con la casa natal de Azorín en Monóvar. Es esta casa de Petrer   nació la madre de Azorín, doña María Luisa Ruiz Maestre a las 22,30 horas, del 7 de junio de 1845. Sus abuelos paternos fueron Blas Ruiz y Josefa María Mira, de Monóvar. Se casó con Isidro Martínez Soriano, natural de Yecla, abogado, diputado provincial, presidente local del Partido Liberal Reformista y alcalde de Monóvar. El matrimonio llegó a tener nueve hijos. Un letrero de seis azulejos marrones, uno de ellos con el escudo de esta ciudad,  con letras pequeñina nos anuncia: “Casa familiar de Azorín, insigne escritor que inmortalizó Petrer en la literatura universal. Petrer, 21 de abril de 1989”. Para conocer en profundidad la historia de la familia en Petrer recomiendo el artículo de José Payá Bernabé (Monóvar 1957), director de la Casa Museo de Azorín en Monóvar titulado “Azorín y Petrer”. Nos recuerda José Payá los libros donde Azorín nombra a Petrer y nos dice que tanto Monóvar como Petrer “estas dos poblaciones representan un concepto amable para el escritor”.  Nos dice en el mismo artículo que:

     «En Petrer -sigue narrando Azorín en su autobiografía de 1958-, "teníamos parientes de mi madre; era mi madre de Petrer; poseíamos allí una casa, muy bonita, una bodega, y predios rústicos. Sitúo en Petrer la acción de mi novela El Enfermo, y parte de Antonio Azorín. El Pascual Verdú de esta novela es Miguel Amat y Maestre, tío de mi madre. ¡Qué tragedia la suya¡. ¡Qué bello porvenir en Madrid se le frustró¡. De la casa de Petrer recuerdo la sala, en el piso principal, de pavimento blanco con ramos azules; no olvido unas alacenas que allí había; ahora se ha perdido la voz "alacena" y dicen "armario empotrado en la pared. Hay que reírse…"».

     Me quedé un rato en esta plazuela, como a Azorín le gustaba nombrar, amplios rincones que son como descansos que se toma la urbe, anchurón donde por lo general reposan las macetas con geranios ardiendo entre el verde tierno; cuando  oigo los ruidos de mis oídos, por el tinnitus,  me doy cuenta que aquí se respira silencio, no hay vocerío, no pasan coches ni motos. El silencio es cándido y cariñoso, en una esquina me siento un rato a meditar la veces que el niño José Martínez Ruiz, desbordaba aquí su alegría, corriendo de un lado para otro, Pepe, así le llamaban familiarmente, dormía en un salita empapelada junto a una alacena donde había afeites y diversos botes, su abuela doña Josefa Maestre Mira, debía mimarle y hacerle buenos regalos, puesto que era una mujer  acaudalada y terrateniente cuando hereda de su madre y la legítima de su padre, adquiere a los herederos de José Verdú un molino harinero y un martinete de mojar esparto.  Antes había comprado la finca de Gertrudis Payá,  adquirir propiedades para dotar bien a su única hija María Luisa.

    Desde estas callejas se ve cómo Petrer, al igual de la Jijona de Gabriel Miró «surge súbita y audaz trepando por la sierra». Y es que esta ciudad se sube por las paredes de los roquedales para alzar su cuello de cisne sobre la valle de Elda con elegancia latina, con un color caliente de dulzura y quietud mística de los espíritus nobles y señoriales.

 

 

    El Calvario y Ermita de San Bonifacio

     Desde la casa de la familia de Azorín, subí por calle de San Rafael hasta encontrarme el arco del castillo, reconstruido, es de medio punto, situado en la subida natural al castillo, es un punto de información que nos dice que esta calle esta atestiguada desde 1853. En este dédalo de callejas empinadas e iguales por donde no cabe un Cristo en la Cruz, es posible perderse, sin embargo, yo heredé, de mis años malagueños, de vivir en un casco viejo, un sentido para orientarme en estos laberintos.  Al poco de subir escalones, y sin peder el norte,  encontré la explanada donde había dejado el coche. Justo en el aparcamiento baja una calle empinada hacia el centro de la ciudad, pasé por calle Cid Campeador y en cuanto vi un antiguo edificio que decía Escuela Nacional Graduada, 1929, paré el coche para subir por las escaleras que dan a un amplio parque o explanada de altos pinos, pinos que se elevan como constelaciones de copas verdes. Pensé que este debía ser el lugar donde se reunía el Consejo de Ministros de la II República cuando Juan Negrín se refugió en la finca rústica “El Poblet”, de todas formas, fuera o no fueran estas escuelas tomé mis fotos por si acaso. Ya serán los eruditos quienes lo averigüen. La cuestión es que no en encontré a ningún vecino de cierta edad para preguntarle.

     Por casualidad pasó una comparsa de moros con su banda de música y lanzado sus cohetes, y pensé en petardos y en Petrer por su similitud fónica. Miguel Hernández, escribió unos versos para Perito en Lunas (1933), octava real [VI], que dicen: Subterfugio de luz, lagarto, lista,/ encima de la palma que crea: Invención de colores a la vista,/ si transitoria, del azul, piera./  No he de olvidarme que en Petrer existe un Colegio que lleva el nombre del universal poeta oriolano.

   De nuevo tomé el coche y di varias vueltas circunvalando el parque Nueve de Octubre, cerca de la calle hay una noria gigante o azud con sus cangilones como monumento, todo esta muy bien cuidado, he visto un carro antiguo como si fuera una escultura; desde aquí, en lo alto se ven la fachada de una ermita, y hacia ella que me encaminé o mejor dicho me dirigí en mi coche. Y dejándome guiar por mi intuición, me metí por unas callejas estrechas de dirección única, pasé por un rincón curioso, una serie de cantaros en homenaje a los alfareros de Petrer 1998, seguí adelante hasta que me encontré una dirección prohibida y debajo un cartel: solo residentes. No quería comentar ninguna infracción al Código de la Circulación, paré el coche porque no podía seguir ni para adelante ni para atrás y pregunté a un vecino.

   -Cómo se sale de aquí, el coche no me cabe.

   -Pues tendrás que salir marcha atrás.

   Esto no me convenía porque tenía que hacer una marcha atrás de unos doscientos metros por unas callejas estrechísimas, era como salir por una aguja hipodérmica. Pero a esto que salió de la casa una chica morena muy guapa y simpática, que debería ser su nieta, y  que me dio tranquilidad que me faltaba.

   -Pues la única forma en seguir, es tirar adelante con mucho cuidado, hasta la ermita de San Bonifacio. Está sólo para vecinos pero se tendrá que arriesgar.

   -Es que el cartel de sólo para residentes debería estar a la entrada del barrio.

   -Sí pero no está, porque por aquí es el primer turista que se mete en muchos años.

   La cuestión es que si había salida por allí, yo saldría como me ha ocurrido otras veces. Así que enderecé el coche y con paso de tortuga y ronzando el guardabarros delantero, estos coches tienen unos guardabarros de juguete, un fallo de los japoneses en este modelo Nissan Almera, que no me quisieron arreglar ni con garantía, y eso que se lo dije a Ramón el encargado del taller.

   Pasé por una calle, donde había un coche aparcado, un Renault 4 L, tuve que plegar los dos espejos retrovisores y despacio pasé como si fuera un costalero con una Virgen a cuesta por las calles de Málaga o Sevilla en Semana Santa. Una mujer descansaba sentada en una silla en la calle sin aceras, que me miró fijamente con cara amenazadora y extrañada. Al fin bajé por una cuesta de 45 grados, y ya estaba, gracias  Dios, en la explanación de la ermita de San Bonifacio, rodeado por un muro con pilastras donde en cada una ellas han puesto azules con vía crucis, pintados y cocidos por Cerámicas Julián Vilar en Manises (Valencia). Debajo se ven un gran pencal y la vista se pierde en el valle silencioso y de cielo limpio. A la izquierda la Peña de El Cid, desde este punto se ve mucho mejor su forma de montera que muestra como una testa fuerte, en este momento no me di cuenta del vuelo de una rapaz de gran tamaño que ha quedado recogida en la fotografía que le hice.

    Este balcón del que dijo don Emilio Castelar que era el “Balcón de España”, pues bien, por estas dos palabras a los petrerensen le pusieron una placa que se puede ver un una esquina a dos callejas, que  dice: «Petrer a don Emilio Castelar desde este mirador al que denominara “Balcón de España, en el I Centenario de su fallecimiento MCMXIC». Este no puede ser El Bacón de España ni el de Europa, que está en Nerja y lo bautizara el rey Alfonso XII en 1885; pero a mí se me ocurre que esta vista desde el cerro de  San Bonifacio es como un Balcón del Cielo, al cielo limpio del valle, que silencioso nos da la sensación de volar con alas de arcángeles.

    Por el volumen de construcción parece más una iglesia que una ermita, que se construyó sobre 1751 ó 1752, según las notas de Josef Montesinos, sobre otra ermita pequeña anterior que databa de 1634 y ampliación de 1730. Tiene forma cruz latina y en su interior está el busto de San Bonifacio, San Isidro Labrador, Santiago y otros santos. La puerta actual se arregló en 1963, por la Asociación San Bonifacio Mártir, y muestra una espada cruzada con una palma.  

   Por unas escaleras se puede subir a la otra ermita, la del Calvario.

   Salir de aquí ya fue coser y cantar, la calle es larga y te permite salir de esta red de calles irritadas.

 

 

  Parque “El Campet”

  Bajando hacia Elda, ya en la zona nueva, encontré una zona de supermercados y en frente un parque con aspecto nuevo se llama El Campet, fue inaugurado en.  Tienen fuentes ratifícales, bares, paseo y sobre todo una pérgola gigantesca para dar sombra, compuesta por tres sectores circulares y cóncavos como una cúpula voladiza, cada sector circular debe tener una dimensión de veinte metros de lado,  calculándolo a ojo de buen  cubero debe tener unos 70 a 80 metros de diámetros.  Se dice que el parque representa las cuatro edades: infancia, juventud, madurez y vejez. En fin es un lugar por el que es digno de pasear sentarse y charlar con alguno de los vecinos que sostienen algún bastón entre los dedos ya sin nervios.

  Desde este parque tomé el coche, bajé hasta pasar por el edificio de la Cruz Roja y Centro de Salud. Vi una viejas torre cerámicas de hornos de alfarería. El Jardín de Juan Carlos I  y Avenida de Madrid, encontré la rotonda con obras hacia la avenida José Martínez González, porque parece que están construyendo algún parking subterráneo, la cuestión es que pude salir a Elda y tomar la A-31 camino de Alicante. 

    Ir a Petrer ha sido uno de los lugares del Medio Vinalopó que más me ha recompensado, y desde luego que he de volver con más tranquilidad a pasear por el dédalo de su casco viejo y cerro del Calvario, para llenarme de encanto y sentir la vuelta al pasado y sobre todo la hospitalidad de sus gentes.

 

 

Hijos ilustres

    Juan de Miralles nació en Petrer, España, el 23 de julio de 1713. En 1740 Miralles llega a La Habana con 27 años y la suficiente fortuna como para pedir la mano de María Josefa Eligio de la Puente y González-Cabello, miembro de una de las más acaudaladas familias habaneras de la época, con fortuna asentada en la Isla y en la Florida. Hacía esta última se dirigió tempranamente la actividad comercial de Miralles, negociando con los principales puertos de las colonias inglesas en Norteamérica. 

 

 

  

 

 

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