Escena I y única
Escenificación de la vida y tragedia de Miguel Hernández. Está asido a los
barrotes de la verja de la cárcel del Reformatorio de Adultos de Alicante.
-¡Josefina!, me muero, estos cabrones franquitas me quieren
matar, tengo un gato salvaje en el pecho que me devora y me araña, la
próxima semana tráeme a mi hijo, quiero ver a mi hijo, qué desgracias eres,
Josefina …
(pausa en pieza a recordar)
Yo nací en Orihuela, un pueblo de la Vega Baja de Alicante el 30 de
octubre de 1910. Mi padre era tratante de ganado, y mi madre Concheta, mi
gitana morena.
Allí aprendí mis primera letras en el Ave María, luego
como un bachiller en el Colegio de Santo Domingo, iba para cura, para
jesuita. Pero un día tenía yo más de 14 años, mi padre me dio la peor
noticia de mi infancia: Miguelón se ha muerto el tío Corro, y tu a cuidar
las cabras. Qué culpa tenía yo que se hubiera muerto el tío Corro en
Barcelona. Pero padre si yo quiero estudiar, quiero ser escritor, quiero ser
poeta. Nada, de padre pastor, hijo pastor, a trabajar como tu hermano
Vicente, al monte, que hay muchas bocas que alimentar, Un hombre se hace
trabando no estudios que es cosa de señorito y mariquitas..., A y como te
vea con un libro en las manos te doy con la correa.
Así, leyendo de noche, y a escondidas en el huerto, bajo la higuera, seguí
leyendo libro, libro que me hay prohibido.
Tenía que salir de mi casa, fui pastor durante 7 largos años en el monte,
pastor a bofetadas limpias y entre horas escribía poesías. Empecé publicar
en revistas oriolana, mi nombre en letra impresa en “Actualidad”, gracias
Carlos Fenoll Cuando me llegó la mayoría de edad los 21 años me largué a
Madrid, hay Madrid, que ilusión le escribí una carta a mi admirado porta
Juan Ramón Jiménez para que me recibida, ¿me respondió?, no me respondió,
algún día se tragaría esa ofensa porque yo voy a ser grande, grande, grande.
Madrid llevaba una carta de recomendación para Concha de
Albornoz, pero nada, un par de entrevista burlona de el chulo de Ernesto
Giménez Caballero, “El abominable”, otra del yeclano Paco Martínez Corbalán,
tuve que mendigar, dormir bajo un puente, enfermé u regresé a Orihuela, repo
esta vez no iba a trabajar con mi padre. ¡Vago, Vago, me gritaba, y ya
nombre me hablo, ni yo le hablé. Escribir era mi oficio.
Tenía que sacar un poemario que asombrada al mundo de las letras a los
estirados del 27, a García Lorca, el señorito andaluz. Gracia mi amigo del
alma Ramón Sijé y a sus contactos de Murcia…, saque, o mi libro “Perito en
lunas”, con la 425 cochinas pesetas que me presto mi vecino don Luis
Almarcha. Que fue de aquel “Gallo Crisis” de corta vida y de kikiriquí
celestial en el huerto de Getsemaní donde Jesús oró por última vez.
El verano del 33 conocí a mi novia y luego mi mujer, y madre de mi hijos, a
Josefina Manresa, hija de un severo guardia civil de bigote retorcido.
Con mi auto sacramental “Quien et ha visto y quien te ve…” bajo el brazo,
volví a Madrid a buscarme la vida de escritor ante José Bergamín el d “Cruz
y raya”. Menuda cruz. Mi “Perito en Lunas” no tuvo éxito editorial, nos e
vendía, porque nadie hizo nada por él. Un libro que nadie entendió.
“Federico, amigo “No quiero que me compadezcas, quieren que me comprendas.
Maldita sean las putas hora que te di a leer este libro en cas de Raimundo
de los Reyes”. Pero nada aun recuerdo las caras bobas de María Zambrano, de
Pablo Neruda, de Enrique Azcoaga que me dijo que podía ganar una pesetas en
Misiones Pedagógica. Conocía Maruja Mallo, muerte estuve cobre Mayo. Y al
fin salió “El rayo que no cesa”, gracias a Manuel Altolaguirre y Concha
Méndez. Estos sonetos eran otra cosa, buena crítica recibí del Juan Ramón en
la revista “Occidente”, aquí estaba un carnívoro cuchillo de ala dulce y
homicida, ¿No cesará este rayo que me habita el corazón/ de exasperadas
fieras/ de fraguas coléricas y herreras/ hacia mi corazón que mujer y grita?
Yo quería una mujer moderna, a la que pudiera besar y amar hasta lo más
profundo del arado, Josefina no quería, un beso era para ella un delito,
pecado, y un deshonor . Se me moría de casta y de sencilla. En el verano del
35 le dije que no quería casarme y dejamos de escribirnos. Fui para, Maruja
un cuadro más surrealista, al final me dejó y quedé burlado como el toro.
Volví con la cabeza gacha ante la mi novia del pueblo
En agosto del 36 fusilaron Federico en Granada, en Víznar. En
septiembre estaba yo ya otra vez en Madrid, en la cola de voluntarios para
filiarme al 5º Regimiento, del Partido comunista, a los frentes de Madrid, a
cavar trincheras. Los de la Alianza Antifascistas me vinieron a buscar, con
Rafael Aberti y Teresa León. Mi vida de soldado cambio en el Batallón del
Talento, y Alcalá de Henares conocí al periodista cubana, Pablo de la
Torriente Brau, que me hizo Delegado de Cultura.
Me quedaré en España, compañero/ me dijiste con gesto enamorado.
Por que te pegaron un tiro en Majadahonda en diciembre del 36.
Me casé el 9 de marzo del 37 con Josefina Manresa en Orihuela, mis
padrinos, Carlos Fenoll y Jesús Poveda, m i madre hizo arroz con costra. Y
Vicente Alexandre me regaló un reloj de oro de pulsera. Dos días después
estábamos en Jaén en calle la Llana, en el Frente Sur, que me encargo forma
Carlos Vidali, el comandante Carlos: Estuve al santuario con Cartón. Luego
Valencia, el II Congreso Internacional de Escritores y la publicación masiva
de “Viento del pueblo”. Por mi buen comportamiento en los frente, me
llamaron par el viaje a París y Rusia , en avión y en trenes poseídos de una
pasión errante por el carbón y el hierro que los provoca y muere. Entonces
yo era dramaturgo: “El torero más valiente”, “El pastor de la muerte”, “El
labrador de más aire.
Toso con un tos perruna… viene el en enfermero con sus algodones, tengo una
acceso de pus en el pecho, no tengo cura… Ha venido el Dr. Barbero con
Miguel Abad, me ha hecho una placa con el aparato de rayos x, portátil. Don
Luis Almarcha quiere que tenga un gesto hacia los Nacionalistas, que me
arrepienta. No le he dicho que no “Yo soy el autor de Viento del pueblo”, es
que no lo entienden. En la guerra ha muerto muchos milicianos defendido lo
ideales que yo proclame en este poemario de lucha y libertad... Lo mismo me
pito Jose María Cossío y sus falangistas en conde Toreno, y tuvo mi misma
repuesta. ¿Es que no tienen principios, los principios, los ideales no se
pueden cambiar. Lucho para la libertad. “Nacerá nuestro hijo con el mucho
cerrado /envuelto en un clamor de victoria y guitarras, y dejaré a tu puerta
mi vida de soldado…
Me mandaron a Castura en Extremadura, Valencia, Teruel 1938, y el
frío congelado de Teruel, y el nacimiento de mi hijo, esperanza Manuel
Ramón. Me sentí muy contento de mi descendencia y maduro esposo soldado:
“Nacerá nuestro hijo con el puño cerrado,/envuelto en un clamor de victoria
y guitarras,/y dejaré a tu puerta mi vida de soldado/sin colmillos ni
garras”.
Lloro. “Muerto niño, muerto mío/ Nadie nos siente en la tierra/ donde haces
caliente frío.
“El hombre acecha al hombre”, “Para l libertad lucho sangro, lucho
pervivo..” “Retoñarán aladas de savia sin otoño, /reliquias que pierdo en
cada herida, /porque soy como el árbol talado que aun tiene al vida”
Después el Golpe de Casado la desbandaba republicana, huida a Andalucía,
Sevilla, Cádiz y Portugal, y preso y vuelto Rosal de la Frontera, donde los
Agentes de Vigilancia de Fronteras me hicieron echar sangre por la boca,
sobreviví gracias al Manuel la mujer del contrabandista compañero preso.
“Las cárceles se arrastra por la humedad del mundo,/ van por la tenebrosa
vía de los juzgados:/buscando a un hombre, buscan a un pueblo, lo
persiguen,/ lo absorben, se lo tragan./”
-¡Josefina, tráeme a ami hijo!, que desgraciada eres… Ha venido el traslado
al Sanatorio de valencia, pero yo no me puedo moverme del camastro de la
enfermería…
(Miguel Hernández murió de tuberculosos a las 5.30 horas de la mañana del 28
de marzo de 1942, sábado Santo, día anterior al Domingo de Ramos)
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