PRESENTACION DE "HISTORIAS DE UN BAR CON MÚSICA A MENOS TRES ESCALONES".
Por Ramón Fernández Palmeral
Ayer tarde (2 de marzo de
2006) asistí a la presentación del libro de Cristina Arroyo Martínez
titulado “Historias de un bar con música a menos tres escalones” en la Sede
de la Universidad de Alicante, acompañado por algunos miembros de El Grupo
Poético Miguel Hernández de Alicante, había mucho público conocido y otros
no tanto, aunque faltaron algunas caras comunes del mundillo cultural
alicantino, y otros como norma general llegaron tarde.
El acto se inicio a las 20´15 horas, lo abrió Rafa
Burgos, responsable de Cultura de EL MUNDO en Alicante, con una palabras de
bienvenida y sobre la calidad humana de Cristina, y los personajes que
pueblan el libro, de una forma amena y amigable, fue breve, demasiado breve,
se le notaba que tenía prisa y se tuvo que marchar. A continuación habló Luz
Pereira, una entrañable amiga de la autora, la cual nos expuso también con
brevedad una semblanza del libro, del bar "El Salón", un bar con música
country, que fue un hito en su época. A continuación habló la autora sobre
el diseño de la cubierta del libro que es de Lydia Girón Plaza, y representa
la puerta de aquel bar con música y conciertos, y nos leyó la lista nominal
de los agradecimientos, del tiempo empleados en la confección del libro y
sus entresijos con cierta añoranza de toda una época pasada, porque si tiene
algo el libro por destacar es el cariño con que está escrito y su humor.
Seguidamente la autora estuvo firmando ejemplares a los asistentes con una
gran cola de admiradores que ella tiene porque no es su primer libro.
Cristina Arroyo (Alicante, 1969) es Diplomada en
Turismo y Licenciada en Humanidades. En la solapa del libro nos dice que se
trata de un microcosmos de un café-pub que realiza actuaciones musicales, y
en el que todos son protagosnistas, tanto los clientes del local como los
trabajdores y propietarios. Cristina es poeta y autora del poemario "Los
Vértices del cariño", y forma parte del grupo cultural poesía en Internet.
Compré el libro por 10 €, tuve la fortuna de que Cristina me lo dedicara así: “Para Ramón Fernández Palmeral, con todo el cariño y agradecimiento. Hasta siempre, de una amiga”. Estuve leyendo el libro hasta bien avanzada la madrugada, porque me enganchó, porque está muy bien escrito, en una forma directa, viva, con anécdotas tras anécdota que recuerdan a un bar y sus gentes que lo pueblan, un corpúsculo de vida, que de alguna manera me recuerda otros baes literarios el "Metropolitano" de “El invierno en Lisboa” de Antonio Muñoz Molina, y aquel grupo que se llamaba Giacomo Dolphins Trio. Pero Cristina nos trae crónicas de la vida misma, porque no hay mejor material para escribir que la propia experiencia. Porque la vida no se puede inverta, se vive y se copia.
“Historias de una bar con música a menos tres escalones”, (el título se refiere a que el bar “El Salón” se encontraba a tres escalones por debajo del nivel de la acera, subtitulado Historias de El Salón (febrero 1992-mayo 1999). Tiene 114 páginas, un prólogo de Rafa Burgos, titulado “La mirada del centauro”, es curioso cómo Rafa nos hace el símil del camarero con los centauros, ya que según su hipótesis los camareros “gente de la barra tiene mirada de Argos, mil ojos que lo ven todo, que lo analizan todo, que lo archivan todo”. Camareros como metáfora de centauros porque medio cuerpo lo tienen oculto por la barra, ( el hombre/barra). Es un acierto novedoso lo que escribe Rafa cercano más a una greguería que a una metáfora, ya que por lo general los camareros no te miran pero tienen lo oídos bien abiertos y orejas grandes. A mí me da la sensación de que todos los camareros son espías de la CIA. Insiste Rafa sobre las cualidades terapéuticas de los bares, como “diván para aquellos que no pueden pagarse una consulta, pero sí una caña”. En realidad la barra del bar es un confesionario, y como el propio Rafa afirma en el prólogo “en el bar, se persigue la paz mental, el alimento espiritual, bien sea a través de una pareja, el alimento espiritual, bien se a través de un consuelo. Efectivo o no…”
Azorín le dijo
una vez a Ernesto Caballero que los prólogos no mejoran los libros, los
libros, si son buenos se sostienen y si con malos se caen por su propio
peso. Sin embargo, el libro de Cristina consta de un magnítico prólogo de
Rafa Burgos, de
un preámbulo y de las historias sobre la insonorización del bar y el vecino
gnóstico que llamaba a la policía en cuanto se escapaba unos decibelios de
más. Se compone el libro con una docena de capítulos, con líneas no
justificada en los márgenes derechos, lo que nos recuerdan a la composición
de los poemas, porque este libro pretende ser un poema de la vida misma, de
la vida cotidiana de los seres que viven alrededor de la colmena que es “El
Salón “ y los conciertos que se daban en él como una forma de amenizar el
ambiente de aquellos años, pues se abrió el 20 de febrero de 1992, años en
que, en realidad, en Alicante no había prácticamente nada, porque la gente
se iba de marcha a San Juan y aquel famoso tren: “el trasnochador”, pues no
teníamos todo el emporio diversional actual del puerto, porque allí estaba
La Comandancia de Marina y la trsiteza de los tinglados.
Metidos en materia, el capítulo I, se remonta a los
años de su apertura y los primeros roqueros, porque la musical es el hilo
conductor de estas amenas crónicas más que relatos. La música en todos los
estilos de la época. Los primeros pinitos de publicidad en las playas de San
Juan para hace promoción del negocio, con su hermana y Andrés les decía “por
el negoci lo que sea”. Es un libro abundante en nombres, en personajes, que
sin duda los protagonistas se identificarán con ellos, historias graciosas
de Nochevieja del 93 y 94, con una cena de frutos secos, a la que se unieron
la “heavilongas” (adictas al hevi metal) de Rosi y Marcela, pero no pararon
de reír.
En todo el libro se aprecia una jerga musical, y sobre los nombre de los grupos musicales que pasaron por allí el primero fue "La Fiebre del Oro", otro, de los muchos fuel grupo alicantino "Aguardiente", "Guaraná" e "Indras". Sin duda, es un libro fresco, de alguien conoce bien este mundillo roquero, como la "jam-sessions”. En el capítulo 6 nos hacer una tipología de los clientes más característicos, psicología de las personalidad: el penas, el generoso, el tímido, el divertido, el egocéntrico, el nervioso, el solitario, el místico.
Todo el libro está lleno de anécdotas simpáticas, desde cuando un motero quiso meter la moto dentro del bar/pub, bajando los tres escalones o el que se bebía el mezcal con el gusano rojo, o la ley seca de cuando se puso duro la hora del cierre de los locales y llegó la policía, los sacrificios para pagar los altos recibos de la luz y pedían pagarlo a plazos, porque el pub o "El Saloon" del lejano Oeste alicantino era para ellos como un hijo. Tambien pasasn chicas como Alicia que era un monumento, y sabedora de sus encantos provocaba tanto que los chico se decína "nosotros somos humildes".
El libro es digno de ser leído por su frescura y buen ritmo para comprender ese mundo musical real y cierto, de bares nocturnos, y crónicas de nuestra ciudad de Alicante. Invito a los lectores a su lectura. Porque Cristina sabe muy bien donde están las cuerdas sensibles de la música del relato.