EL LABERINTO DE THELÉMACO
NOTA DEL AUTOR-EDITOR
(de lectura obligada)
No nos hacemos resposables de los efectos perjudiciales que sobre la estabilidad mental o física del lector puedan causar la lectura de este fragmento de literatura experimental.
Introducción
Me llamo Ramón Fernández Palmeral y soy pintor plástico, nada tengo que ver con este libro, que por cierto, lo único que he hecho, ha sido publicarlo sin dilación en mi editorial PALMERAL. Es mi obligación advertir que su lectura puede provocar adicción por su alto contido en literatura experimental o mórfica, además puede herir, en ocasiones, la sensibilidad del lector, aunque no más trágico de esos telediarios cargados de sangre, de accidentes y trágedias, casos que aparecen todos los días en la prensa diaria.
Hace unos años que me quedé tetraplégico o más correctamente debería decir paralizado, de tanto como me sorprendió el manuscrito de este libro, si se le puede llamar así a una compilación de folios acrónico. ¿Vosotros, pacientes lectores, me preguntaréis cómo llegó a mis manos esta obra, o qué suerte fue la que le hizo caer en mis manos? Empezaré a contar desde el principio:
Manuel Ferrán, guarda forestal en Nacimiento (Almería) y yo, teníamos esa amistad de mutua confianza que dan las circunstancias favorables de cuando al conocerse dos personas congenian o se dan mutuas y buenas pulsaciones, son de esas amistades sin interés, que cuando las cosas se ponen verdes no te dejan tirado, son de esas personas que cuando te caen se convierten en acomodo de contar secretos, oírte de verdad, dispuesto a hablar de todo sin recelos, en fin, el amigo ideal con el que se puede hablar de todo junto a la chimenea mientras se asan unas pancetas, y si pasas a veinte kilómetros de su pueblo tienes que llegarte a su casa y comer.
Mi amigo Manuel Ferrán era el padre del sargento Eufrasio Ferrán q.e.p.d., de la Guardia Civil, destinado en la Policía Judicial de Alicante, fallecido en un accidente de circulación en el 2002 en la carretera nacional de Alicante Almería, tenía 38 años.
A los pocos meses del fallecimiento recibí una llamada telefónica de Manuel, en ella me pidió un favor, que le editara un libro, ¿qué libro? le pregunté, uno que estaba en el coche en el momento en que tuvo el trágico accidente, “son las mejores flores que le poduedo regalar a su memoria”, me dijo. Así fue cómo llego a mis manos este manuscrito, un mamotreto.
La verdad es que cuando mpecé a lererlo no me agradó, me había perdido en las primeras página y no sabía de qué iba el tema, demasiado complejo para un lector de novelas lineales como yo, a veces, el protagonista es tan brutal y tan claro en su palabra sobre sexo que me escandalizaban. Como el encargo de mi amigo Manuel era lo primero entre mis obligaciones, se lo mandé a un amigo Licenciada en Filosofía y Letras, y además profesor en un Instituto.. Cuando menos me lo esperaba me llamó por teléfono, yo esperaba la peor de sus incisivas críticas. ¿Quién ha escrito esto? No sé, me, lo he encontrado, dije disculpándome. No debes perder de vista al autor, es un manuscrito bueno de verdad, recoge casi todo los estilos literarios, hace renovaciones muy acertadas, profundiza en ela psicología del personaje, lo que te pasa a ti es que eres lector de primer nivel, lo que te interesa es saber quien mató a quién y si al final aparece o no el tesoro, sin saber que el tesoro lo tienes en las propias manos, has de leer en segundo nivel, entre líneas, descubriendo la forma de narrar. La presentación del tiempo, hoy día desde que existe el cine. Las historias casi no interesan, lo bueno es la experimentación.
Siguió con su rollo intelectual, de una forma tan sutil que me, lanzaba un reto, me daba a entender que no sabia leer. Tras esta conversación con mi hermana me metí de nuevo en el manuscrito para descifrarlo como un jeroglífico, tomarlo como una medicina, al final me di cuenta que todas las historias casaban. Intercambié de nuevo opiniones con mi hermana y nos dimos cuenta en seguida que el Sargento Ferrán, no escribió este manuscrito, sino que lo halló en una inspección ocular en el escenario de un crimen. Original que entregó al juez instructor como prueba de convicción, a pesar de ello, tuvo la precaución de hacer fotocopias que son las que me dio el padre y yo he manejado.
Con relecturas y paciencia confeccioné un cuadro orientativo, al que llamo: "guía para descarriados". Pero antes investigué sobre el verdadero autor, y para ello me trasladé al Psiquiátrico del Penal donde sucedieron los hechos, en una ciudad mediterránea que prefiero omitir, el crimen de un hombre apodado Thelémaco, que resultó ser un afamado escritor, filósofo y matemático que cumplía condena por el asesinato de su amante. Y este escritor es sin duda el autor de Thelemaquiada, al sargento Ferrán le atribuyó a la Primera y Segunda Jornada que corresponde a sus investigaciones y el Informe Técnico.
Estructura de la obra: Hay una Primera Jornada en que se describe el hallazgo del cadáver del escritor del famoso. Una Segunda Jornada en que se descubre al autor del crimen, así como, al final un Informe Confidencial de la Inspección Ocular.
Thelemaquiada o diario de un muerto es la médula de toda la narración. Se compone de 6 libros: Libro I: Vida pretérita de Tbelémaco -su cronología se Indica a la derecha de los capítulos-. Libro II: Thelémaco escribe su diario en el que cuenta sus delirios. - Impresiones en la celda de un Psiquiátrico_. Libro III: Cuenta sus tratamientos, v sobre diversas especialidades, indicado con números romanos. Libro IV: conjunto de lo que se llama cazuela de relatos (nueva forma de contar ordenados en orden alfabético). Libro V: ordenados con números romanos. Libro FVI extractos de novelas sin acabar.
Se pudo haber ordenado libro por libro, pero la obra va no hubiera sido la que escribiera Telémaco, sino una adulteración
La estructura es compleja, la lectura difícil, el estilo depurado. La esencia de este libro es la de leer por el simple placer de hacerlo.
Uno llega a compadecer que el escritor X se nos han diseccionado ante nosotros, conocemos su pensamiento criminal, y la tortura de su sufrimiento interior, sus temores y sus fobias, su educación el el seminario.
(Recomendaciones de lecturas)
La lectura de esta obra puede ocasionar trastornos mentales sin no se toma como un juego erudito, que nos propuso el autor Rioelberto Expósito antes de morir en extrañas circunstancias, no es una novela sino hechos realesa, extraños pero reales, donde abundan los micro géneros más subversivos, nos acerca a las zonas más transgresoras de la creación, contiene “escritura ilega” o con faltas de ortografía, contiene episodios descarados, idiolectos, fuente de inspiración y de formas nuevas greguerías, caligramas, palabras perdidas, en definitiva rompe las formas. No se debe empezar a leer por el orden natural al que estamos acostumbrados, de principio a fin, sino que ha de se como Rayuela. No es más compleja que el Ulises de Joyce, Rayuela, El Señor de los Anillos o Diccionario Jázaro.
Al final del libro hay seis cuadros explicativos, para descifrar la obra:
Los números a la izquierda de cada capítulo corresponde a la matriz u orden que yo le he dado a todo el libro. Además si se entresaca el libro II.
La suma de los números a la derecha corresponde al total del libro I.
Los capítulos con números romanos corresponden al libro III.
Los números y el, orden alfabético en los metarrelatos son el libro IV.
Los números quebrados corresponden al libro V
Los capítulos primero. Componen el Libro VI. Los relatos no salen de este número.
Lo primero que recomiendo es empezar a leer el Informe Técnico de la página 240. Luego seguir por la Jornada Primera (pag. 9) seguir por Jornada Segunda (pag. 239), Continuar por el Libro A (pag. 208, 63, 183, 42, 86, 216, 149, 291 1651 989 739 571 212, 184, 101, 36, 1419 19, 491 1149 125, 85, 174, 188, 197). Seguir por Libro E (pag. 209, 218 a la 239), para conocer la mentalidad del autor, De vez en cuando leer alguno de los metarelatos a elección. Continuar por le libra B, aquí sí se seguirá el orden de los capítulos (1,3,5, 7910,11,13,15,17,20,22925,26,29,31,33 ó 37,39,42, 43, 47,48 ,49,52,54,55,61). El libro C, sí que quiere se lee o no le lee. no importa.
El editor Palmeral
PRIMERA JORNADA
EL CASO de Rigoelberto Expósito Santiago, conocido erudito alicantino, bibliotecario, escritor, filósofo, matemático, ingeniero, arquitecto, astrólogo, clarividente, poeta y políglota, y además, todo hay que decirlo: un psicópata, que fue asesinado en extrañas circunstancias en un Psiquiátrico de Alicante (sin nombre). Fue el primer embolado que me asignaron en el reparto de casos por investigar, días después de que me diera de alta un médico-militar del Tribunal Militar de Valencia. Me dio de alta de oficio con limitaciones, sin más, sin anestesia. Aunque también es verdad que lo agradecí porque, gracias a Dios, me había librado de una muerte lenta por envenenamiento de pastillas psicotrópicas, que me estaban jodieran los riñones y el hígado. Meaba ron dorado.
Aquella mañana del 16 de octubre, ¡maldita mi suerte!, todo triste, demacrado y enfadado ante la impotencia del individuo ante el poder militar, me presenté a mi teniente jefe que tenía cara de haber asistido a catorce entierros y a un rosario en maitines. Me tuvo un rato de pie en su presencia, sin que me mirara a la cara, yo esperaba que diera la bronca reglamentaría, ahora que, ¡maldita sea, cojones! estaba bajo su directo mando y en su blindado despacho, que es como el interiro de un carro de combate, lleno de armas en la pared y metopas de los distintos cuerpos y ejércitos.
–Largas y bonitas vacaciones ¿no? Hay que tener cojones para cobrar y para trabajar- ¿Qué ha cuidado bien tu mamaita…?
Y yo cayado sin rechistar esperando que acabara de una puata vez, porque lo que tien que tenr un militar, como lo soy yo es capacidad de aguante, aguantar sin rechistar porque de lo contrario de mete un paquete por réplicas desatentas y vas los seis días de arresto no te los quita nadie. El muy cabrón se desahogó conmigo por mi larga ausencia por enfermo imaginario, según él, que según su docta opinión era fingida, convencido de que y me di de baja por un cabreo anterior, esque él y yo chocábamos continuamente.
Más que cansancio mental por depresión en el trabajo, lo mío era que estaba deseando largarme de la Comandancia de Alicante, salirme de Policía Judicial, por la muchas horas que hago. Llevaba un día de alta médica y ya estámamos otra vez enfrentados, un tío como él que ni siquiera tiene el Bachiller Elemental o BUP. Con esta larga baja dejábamos las cosas claras y mi conciencia tranquila de remordimientos castrenses y de educación jesuita que fue donde me enseñaron este sentimiento de culpa, (sentimiento búsqueda de la exculpación por quien se confiesa, toeoe el mundo se siente inseguro alguna y no lleva más que a la culpa), porque me había pasado en días de baja, abuso que el mando siempre tiene en cuenta como una falta de profesionalidad, y como no te pueden hacer nada, te miran con ojos sangrientos y estridentes, casi asesinos, con ganas de morderte como un vampiro en la misma yugular amaestrada, porque se creen que cuando te pasas en días de baja, haces el rácano, y eso de hacer el rácano, militarmente está muy, pero que muy mal visto (el lema de la RR.OO., es pedir los destinos de más peligro y fatiga).
A lo largo de mis años de militar profesional en la Guardia Civil, yo había aprendido algo muy importante contra el sentimiento de la culpa, que cuando uno se niega a sentirse culpable, cuando uno dice a “mí me da igual yo no tengo al culpa”, el manipulador queda reducido a la impotencia, ya no tiene armas, y sólo le queda una de más bajos instintos: usar el miedo, y claro el miedo es libre, uno puede se dueño de todo el miedo del mundo y carecer de él. Es un método eficaz, que tiene un doble filo: que los gatos acorralados que pueden volver contra el agresor.
En este Cuerpo militar de profesionales quijotes la profesionalidad se mide por el tiempo que uno es capaz de resistir sin darte de baja médica, sin morirse por una operación a corazón abierto, almorranas con varices como cañerías, puedes quejarte de todo lo que te salga de los cojones, estornudar a pañuelo lleno, cagarte en la madre que parió los apostaderos nocturnos, pero sin, sin joderle al teniente Asensio su cuadrante de servicios. Aunque yo hacía más horas que un tonto, tantas o más como las tiene un reloj y, además el “Arsenico”, como le habíamos puesto de mote, no me apuntaba todas las horas de excesos porque no cogían en el cuadrante, porque en la Policía Judicial no hay horas de servicio, sino resultados. Al “Arsénico” lo que más le jodía era que lo engañaran o notara un poco de insubordinación, hay un dicho que rtodo subordinado debe saber:que “asumida la autoridad del mando se te puede conceder todo lo que pidas si es graciable”, una vez que lo sacabas de su cuadrante no es nadie, le sacas del mundo de los humanos, cuando le pides un cambio de turno se sube por las lámparas y se pega un tiro, y te tira lápices afilados como dagas, eso sí, al final te lo concede todo pero antes has de soportar sus historias, aquellas viejas y largas correrías de cuatro días en los tiempos de bandoleros y de cuando estuvo destinado en la playa del Carrichal, o de las ganas que tiene de pasar a la reserva o que el Madrid gane ya Liga, como antes cuando estaba Franco, a soportar los lloros por falta de personal o de gasolina, pluses, en fin, una odisea para llorar sin echar una lágrimas seca y caliente.
Llorarle al teniente era lo que más le agradaba, se sientía importante, benefactor, protector de los desamparados gradias sin derechos, parias del fusil.
"Dura era esta profesión cuando yo ingresé...", se relamía el teniente Asensio su bigotazo "...cuando te liabas en la capa y a la posta a pisar terrones o arena de playa, de sol a sol, sin días libres y por la tarde Academia diaria. Y todas las noches te vigilaban los mandos, y sabes una cosa, la gasolina de las motos la pagabas tú de tu bolsillo, no como ahora que vais en coche y ya no sabéis ni andar, de ahí vienen tantas almorranas v leches, coño...” Da un golpe con el puño en la mesa. “...pero claro también tenía uno veinte años y estabas cono un mulo, Jodido en el servicio pero cono un mulo, ¿y los compañeros que había antes?, eso sí que se desvivían por ti, eran hermanos más que compañeros, no como ahora que parecéis que trabajan en una fábrica, sin unidad de Cuerpo, y encima ingresa lo que ingresa, personal sin informes de vecindad, ni penales, los del pendiente y los de la discotecas. No llevabas por dentro una procesión silenciosa, como ahora que es el estrés la maldición de Satanás, y valle macabeos de las depresiones. Estamos para explotar como una bomba BI, sabes una caso, hasta que el cuerpo aguante..., a la larga te jodes una venilla de la cabeza y te deja con un lerele en una silla de ruedas, o que un coágulo en muerte dulce te haga un trombo en el corazón y te deje en el sitio, en el mismo sito que te da, sin enterarte de que has caído al suelo y nadie te hace un boca a boca porque eres un madero, y mientras menos te acerques más segura estarás en esta mierda de país".
El teniente patarero “Arsenico” era muy exagerado, bellotero puiro, le sacudías y todavía soltaba bellotas, vivía todavía estancado en los años sesenta, no se había enterado que la sociedad estaba cambiando, que ya estábamos en democracia, de que era mucho más solidaria y humana que antes, pero es que todavía no había superado el tiempo que estuvo en el País Vasco por los años ochenta, seguía sin curarse de su síndrome del Norte. Aunque lo mejor para calmar al teniente Asensio, encargado del cuadrante de servicios, era hablarle del Real Madrid, y sobre todo del fichase del Ronaldo, que sí van a Jugar la UEFA, que si los puntos del Betis, porque era bético hasta la médula, que si el Barça no hace nada con los holandeses, porque el Atleti de Gil no hay quien le pueda este año, que para su presidente ha hecho un pacto con los árbitros. Así se iba calmando como un bebé tras su biberón, hasta que llega la oportunidad de pedirle un descanso a un cambio de turno.
El día 17 de octubre recibí una llama al móvil.
–"Mi sargento... –me llamó por teléfono el guardia Carrión del COS,– ...ha llamao el vigilante del Psiquiátrico San... y me dice que han encontrao un fiambre en una celda de aislamiento, parece ser uno de cumplimiento.
–¡Pues empezamos bien la guardia!-. Respondí mientras ponía en orden unos expedientes atrasados, "vaya periodo de convalecencia que me voy a tomar, un fiambre el primer día, ¿es que los atraigo?, Carrión, ¿es que los atraigo?, seguro que no ha habido nada durante ni baja, todos los muertos se me viene a mí, ¿me estaría esperando?. Seguro que se ha enterado de que el Sargento Ferrán se dio de alta y el tío se suicida o vete a saber que ha hecho".
–Me dicen que parece que lo han estrangulado. Muerte violenta.
–Eso me faltaba, esta mañana, un asesinato... La estadística a volar por las nubes y el Jefe cabreado con los planes de delincuencia. Un crimen sin esclarecer, lo que me faltaba para empezar, y la prensa encima, Carrión, si llama el “Aseisno” que asargento de salir ahora mismo, que no me coja en su despacho, que me llama, y coma al cherif no se le olvida nada, me pregunta casos que no hay quien se acuerde de ellos, ni el ordenador. Y no es ya la delincuencia, los camellos, las mafias internacionales, sino que los Jueces no hacen na de na, búscame a Moratín del PJ, y que se venga con el equipo fotográfico y el coche.
Yo, por inercia, me había acostumbrado a protestar por todo, era mi personalidad adquirida, pero ante un nuevo caso se sentía nervioso, ansioso por trabajar, excitado como un lobo ante una presa a la que van a descuartizar, presentía que me encontraba ante un caso complicado. Por otra parte, no dejaba de hablar con la guardia Estrella, mujer destinada al PJ, sobre lo mal que lo tenemos para luchar contra la delincuencia, los jueces y los pocos Fiscales que tenemos. Claro que ellos hacen la que marca la Ley. Comentábamos cada mañana el caso Alcáser y el de la Moraleja.
–Tiene mucha razón, mi Sargento, sin más, ayer cogimos otra vez al Ayala, el hijo de La Petaca, metido en un bar robando la máquina del tabaco..., y qué se cree que ha pasado?..., pues muy sencilla que lo han soltao, pero es que, esta es de risa, hace dos días también lo volvimos a atrincar. . . , y el Vitea tan tranquilo, ni se inmuta, ni pone resistencia, ni na de na, que dice que se tiene que machacar la vena y que de algún lao tiene que salir.
-Es verdad mi sargento -entró el Guardia Sebastián de los GIFAS, sevillano de Triana- estamos de papeles hasta la teresiana, los operativos se pasan el día escarbando en el ordenador y Schenger, Los Comandantes de Puesto en la estadística y las denuncias, la calle como el rosario de la Aurora, y con el nuevo Código Penal, peor de peor, los van a echar a tos a la calle, y, esto sí que es gracioso, los van a castigar con fines de semanas, presentaciones en los cuarteles y comisarías, y a la calle... Libertad para los chorizos, ayer cogimos al Tumba, utilización ¡legitima de vehículo a moto, y sabes que llevaba en la guantera, 200 gramos de chocolate, nos pidió el Corpus Christi en vez del Habeas Corpus, dijo, el muy mamón, que era para su consumo. Esto no lo arregla ni la Blanca Paloma. Luego pasó la guardia Chamorro de P. J. con sus expediente de bandas juveniles, llevaba el asunto de los skin y cabezas rapadas, era el ojito derecho del Comandante Lorenzo Silva, asunto reservado.
El Guardia Sebastián compartía mi forma de pensar y se acercaba mucho a mis ideas, llevaba dos años destinado en los GIFAS, y todavía no se había adaptado a esta Comandancia, tenía el mismo acento inconfundible de un sevillano del barrio León, suspiraba por su tierra, por los farolillos de la feria de Abril, por el jabugo con la manzanilla fresquita de San Lucas, la Esperanza de Triana y una canción de ketama. Inteligente y despabilado demás, pero su afición más señalada era la de buscar en los Boletines del Cuerpo un destino que le reembolsara empaquetado a su Sevilla porque aquí vivía de prestado. ¿No sé que es lo que le pasa a los sevillanos con su Sevilla, que todavía no conozco a ninguno que se halla adaptado a tierra extraña, para ellos desde Despeñaperros para arriba todo es Alemania. Yo soy de Almería pero me he ido adaptando a los destinos donde he estado.
-Si que te han localizado pronto, Moratín, prepara el equipo fotográfico y tus polvitos mágicos (precipitadores de huellas), que nos vamos al Psiquiátrico. Voy, saca el Mercedes 300 SE. Dile a Estrella que se vienen con nosotros.
Cuando íbamos en el nido de tórtolas (mecano de cuatro ruedas, hecho mixtos, uno camuflado con matrículas dobles como si nada, el más conocido de todos por los chorizos del Parque Ansaldo, le dije al Guardia Moratín mientras conducía agarrado al volando como un Carlos Sanz: "Si yo te contara lo que me paso una vez en Aguadulce con un loco..." El Guardia Moratín puso cara de resignación, la alegría fingida del que tiene sueño pero parece que quiere marcha, porque la historia que le iba a contar me la habla escuchado ya un montón de veces, pero como yo era el superior jerárquico no tenía más remedio que joderse, y poner buena cara, escuchar no oírme, como si fuera la primera vez que se lo contaba, y ya casi al final de la historia aprovechó la oportunidad para dar un frenazo ante un ámbar, que se lo podía haber pasado el muy cabroncete, y sin motivo justificado cambiarme, el muy mamón, la conversación, y claro, ya me supo mal empezarla de nuevo, aquello de cuando me enfrenté una noche ya solo a tres chorizos que le estaban pegando una paliza a un panadera y yo también llevé algunas palo.
Cruzábamos la ciudad a bandera tendida, el equipo fotográfico pegando botes en el asiento de atrás, yo con el maletín de huellas entre las piernas, y Moratín rascando la primera por culpa de una caja de cambios que iba amarrada con alambres al motor, Rogelio, el mecánico, se había negado a recibir la chatarra con ruedas y bujías comunicadas en su dispensario o taller, porque no podía dejarla nuevo, "Mire mi Sargento, por mucho que diga el Comandante, lo que es amigo del óxido y de las avería acaba en el desguace, y no puedo hacer na de na, me va a entrar una depresión...", mientras se limaba un bocata con grasa colorá de enfermar, rumiaba el sultán del Parque Móvil. Pero aquella mañana arrancó el jodido paquete de chatarra, y es que cuando arrancaba ya no se paraba, ese día se sentía generosa, dispuesta a dar un digno servicio a la comunidad pero si por el contrario la batería no daba señales de vida, cosas de la química, ese día a empujarle o abandonarlo en el garaje, o hasta que le hicieran un puente con los cables prolongadores de batería.
Pasamos por el paseo marítimo del Postiguet, la mar se había liado a bofetadas con el nuevo espigón en forma de “T” grande como la dentadura fósil de un dinosaurio del jurásico, un montón de dientes gigantescos limpiándose el sarro en una mar dentífrica de espumas caprichosas, ensalzadas en un poder de lavatorio constante: la fuerza de lo invisible. Subimos por el escalestrix para tomar la carretera de Valencia, el césped verde del jardín tenía una tonalidad desacostumbrada, la cola en la gasolinera anunciaban la subida de los carburantes, precios que se mueven más que la cola de una chota, calmamos la carretera para dar visa al Hospital de Vistahermosa, bajada por el vía crucis de los semáforos hasta llega a San Isdidro, donde los Psiquiátricos se esconden entre pinares.
Aparcado el coche con arte de la robótica, lo dejamos con el sentimiento triste de un compañero desvalido y en prácticas, entramos en el Psiquiátrica sin que saliera a nuestra encuentro el Director del Centro como pasa en las películas americanas, batas blancas, e informes completísimo debajo del brazo de los antecedentes del fiambre. Resultó que se había ido el Director con el Dr. Trigo a tomar café, según apuntó el vigilante, como si nada, el cafetito de la mañana es imperdonable, una oración matinal a maitines, como si trabajar fuese un camino lleno de cruces en los que hay que pararse a orar buscando oráculos en los pozo del café...
Un enfermero, sin bata blanca, con cara de terminar su turno y a punto de irse, nos llevó hasta la celda donde se encontraba el presunto cadáver, por el pasillo comentó que se trataba del Thelémaco, un loco, loquísimo, un público tribunal lo acusó de haber matado a su padre, mientras un par de oligofrénicos nos dieron la mano y aceptamos su ofrecimiento como para demostrar que también teníamos sentimientos y, al fin, entramos en la celda 45, una de aislamiento en el último piso. El olor a huevos podridos me vino a la nariz sinusal policial como una certera lanza que se me clavara en el entrecejo, y es que mi nariz (velero solitario en el horizonte) fue siempre mi gran secreto como la de Jean-Baptiste en la novela "El Perfume". El cadáver de un hombre joven yacía boca abajo, completamente desnudo, poco vello en su cuerpo, y lo primero que observé fue que las plantas de los pies estaban sucias, sospechas evidentes de que anduvo descalza antes de que la asesinaran, pero ne faltaba el autor, y clara preguntar así a secas quién se lo había cepillado, era como preguntar quién mató a Kennedy, todos mutilados de lengua y cosidos de boca. Al cuello tenía enrollado un trozo de cable eléctrico blanco de los usados como prolongadores con el que le habían estrangulado, evidentemente, con un nudo atrás no se pudo suicidar. En el suelo y debajo del cadáver había un montón de libros abiertos y esparcidos, semejando a un bañista nadando en un mar de mala literatura y perseguido por el tiburón de un editor.
Se llamó al Juez de Guardia y al Forense, antes de tocar nada, porque el levantamiento del cadáver había de hacerlo la Autoridad Judicial. Después de hacer las fotos y una minuciosa inspección acular, recogí notas y contrasté opiniones con el Forense, era de mi misma opinión, aparentemente lo hablan estrangulado con el cable. En un armario encontré una carpeta con muchos folios manuscritos, los recogí para estudiarlas, por si se encontraba algún mensaje o carta suicida de últimas voluntades o justificaciones. Los originales los deposité en el juzgado, no antes, de hacer una fotocopia, por la que pudiera pasar, lo mejor es reforzarse en pruebas, que si te llama el Juez como testigo pericial has de estudiarte el atestado.
Se hizo un atestado lo más detalladamente posible, pero día después el Juez de Instrucción exhortó al Jefe a que hiciéramos un informe pericial, más amplio. Ya se lo preparé al Teniente y éste puso su firma y se le remitió al Juez. (El Informe es el que se adjunta en las últimas páginas).
Lo que de aquel caso, el caso de Rigoelberto Expósiro, erudito, biliotecario, doctor en Filología Hispánica pro Salamanca, astróogo, pintor, escritor, y no sé cuantas profesiones más se volvió loco como Don Quijote por el exceso de estudios. Quiero resaltar en estas notas, no es descubrir a su asesino, sino por el contrario, y esto es lo que quiero dar al lector, es lo que Thelémaco dejó escrito, su vida atormentada, el pensamiento anormal de un hombre que cumplía condena por haber matado a su padre en un rito satánico y, sin embargo, él no lo reconocía. Por eso he recogido sus manuscritos a los que he llamado THELEMAQUIADA o DIARIO DEL MUERTO. Para mí me asombró y creo que al lector también. Aquí hay una suma de estilos diferentes, algo en lo que yo creí como una innovación literaria, y por eso me he permitido unirlos y darlos a publicar, como verá el lector, las páginas no están numeradas porque no sé cual es el orden real, unas veces tienen números para capítulos, otras, encabezan fechas como en un diario, otras son cartas recibidas o escritas por él a amigos o a sí mismo, artículos de prensa, relatos, principios de novelas y materiales raros, opino que va a dar trabajo a los críticos para un montón de años. Lectura para amantes de lo hermético, de los enigmas y lo transgresor, el lector se cansará, abandonará su lectura, pero le puedo asegurar que a partir de leerlo será otra persona. También se encontró en la utopsi, la funda de un bolígrafo metido en el ano, dentro del cual se ocultaba un pequello rollo de nombres claves.
Mi investigaciones y mis sospechas me llevaron a la conclusión del caso y a descubrir al asesino de Rigoelberto o “Alberto” para los amigos, que por otro lado no tiene interés para esta historia, ya lo he repetido, no es esto una historia policíaca sino un testimonio real, qué más da quien lo asesinara, un hombre o una mujer, un anónimo asesino encarcelado y nada más. Efectivamente el cable o arma del delito, pertenecía a las herramientas del un taller de mantenimiento del Psiquiátrico situado en la planta baja. El caso se podía resolver sin necesidad de elucubrar demasiado, el asesino andaba cerca, por eso pedí al Juez Instructor del caso hacer un careo, "in situ", reuniendo a todos los sospechosos e interrogarlos como en esas películas de Agatha Crísti. Resolví el caso de una forma novelesca muy curiosa, ya he dicho que este testimonio no se fundamenta en la victoria de descubrir al asesino, seria pueril además hacer perder el tiempo al lector, no obstante, si el lector, llevado por su curiosidad, desea enterarse de cómo lo descubrí debe leer mi Segunda Jornada. Como ya he dicho, al final, lo que a mí me interesa es sacar a la luz el manuscrito de Thelémaco. un loco perdido entre la orilla del deliro y los sueños, marcado por una infancia cruel llena de carencias, y una adolescencia todavía pero... También descubrí la secta de Los Thelémacos, o hijos de republicanas violadas en los campos de concentarción franquistas…
SARGENTO FERRÁN.
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THELEMAQUIADA O DIARIO DE UN MUERTO
dos de Enero (desde mi madriguera)
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Destripado por la diestra tristeza de la desesperación y la depresión ansiosa y la cal de estos mares que transitan en la noche como autobuses de oro y de lujo en lujo extremo de palabras cazadoras o sermones de semen meditados por médicos o curas homosexuales o con corbatas rojas de seda china y chinas que quieren ser modelos de Cibeles y atletas o satelta que saltan por el alto y último vertiginoso trampolín de tacón alto de la piscina a la ciudad olímpica y lejana y perdida de nieblas en Kilimanjaro de mi corazón blacno escalado por cojos ciegos y negros del Serengueti al que consideran el Sinaí de sus dioses de copas de bastos con bastones como batutas famélicas de músicos sordas de jazz o zzaj que son los más apreciados o ciegos como el marqués de Aranjuez (mi padre es Dios y la humanidad merece que sea exterminada) o pederastas y sibaritas de esa columna de sonidos negros lorquianos con duende comida almacenada dentro de las guitarras solitarias y sombrías con una etiqueta en su fondo que es coro o etiquetas de botella mensajeras que me trae las credenciales del viticultor o de un náufrago que manda la llave de la Isla en una botella para que alguien con ansias de enigmas jeroglíficos abra la cerradura de la Isla que es conejito vomitado por Cortázar o dibujos en el reptil del perfil o lifrep de una pirámide de silencio y cristal en el Luvre o en perfil de un libro de versos que empuña un poeta comunista como salvación de la verdad desmontada por un destornillador con lengua de acero y duro de mango con casco de protección como de casco cual cañón que lanza el arco en ausencia de flechas voladoras y ágiles que van veloces hasta temblar en la diana alejada ante la trampa de un enano ayudante de campo o ayudante de un enano porque la verdad es que todas las guerras perdidas y seccionadas por el cuchillo experto en karate en hacer fronteras sería el cuchillo fronterizo del adiós niños o del abandono de niños quien separa a los hijos de sus madres viudas como cuando se halla el centro geométrico del queso y se divide en trenes que se alejan con la venganza de la leche en arcoiriscoloralcohol de sabores y trompetas afiladas de ángeles cleptómanuuus y alcohólicos por el rojo de las panzas de cetáceo de las gaitas y el sorprendente lujo seductor de la concha interior de una almeja fina que aparece como un manjar duro encendiendo la lengua roja de una difamación y semejando la exótica carne áspera de la ostra sin la condena de una perla que rueda por la noche como ojos de gatos salpicados de versos o de libros que se recargan de lectores que pierden su gatos-perlas, persas, gatos con persianas en los ojos de pequeño tigre que es el hombre siberiano de tanto leer el mercurio guelbenzuniano y el Rayuela de Cortázar aquel que vomitó su conejito en esu bestiario superficie de circunferencia intocable relacionadamente intocable veo el juego del surco pasar y pasar veo circularmente una franja de luz con base triangular vértice estriado los catetos de rostro inclinado y mirada baja cavilando en una lágrima prehistórica corona de disco duro de radiales en el hierro de la ventana caliente de plomo fundido en la memoria que me deja totalmente destrozado tal vez no debería confesar aunque no fuera cierto el asesinato de Ulises porque así es como se llamaba mi padre y por eso me pusieron Thelémaco tal vez no debería confesarlo no puedo hablar de mi otro yo de ese oculto que me persigue y me acecha y me castiga y me preocupa esta incertidumbre de mi prisión son salida...
(Continuará....)
CAPÍTULO Primero.
Diana Humillada, una mujer enloquecida por el veneno del pene masculino tuvo que dejar los estudios al conocer a su último amante y marido en el primer curso de empresariales, quedo embarazada casi sin darse cuenta. Ahora se había cadado con Donlad un agente de seguros que a su vez aportaba al nuevo matrimonio a su hijo, Mark, de tre años, fruto a su vez del segundo patrimonio. En aeropuerto de Nueva York despidierona a su hija Julia que salía para Europa a estudiar en en París, una experiencia inolvidable. La mañana era azulada, y el sol radiaba en el cielo con un bostezo de salud.
No me gusta, muy americanizada. Empezar de nuevo.
CAPITULO Primero.
Las chicas casaderas en la ventana perfumada, recogidas entre las macetas florecidas, y bajo una luna encantadora que adormece los sentidos, nos miraron recoletas con su ojos azules, mientras la música del arpa vibraba en nuestros oídos después de los últimos acordes. En ese momento, cubiertos por un calor de corazón ardiente, enamorados de la vistas, subimos por el portal limpio como el nacar de los mármoles...
No me gusta, vuelvo a empezar. Algo más erótico.
Capítulo Primero
Las mujeres casaderas relumbran asomadas en la ventana iluminada por el reflejo, reflejo reflejado de sus destellos de enamoradas de labios retorcidos y temblorosos, y sus voces de lujuriosas en licuante placer se deshacían al pensar en de plumas o becadas en mantequilla y postres de helada cerezas, brillantes como el deseo del agua, agua pornográfica imagen del propio espejo de la escritura ilegal de este cuento no apto para sensibles lenguas e hipócritas sin carné o puritanos victorianos, sin victoria de nada que no les pertenece: coños altivos en oreja de labios.... alternándose con las de los jóvenes que ardían abajo por ellas, se mezclaban con los jazmines blancos como de alas de gaviotas blancas y decantes de la noche de un abril que murmuraba de inquietud por el perfumado deseo y el frufrú de los vestidos de seda de las monas prostituidas por cinco mil pesetas y un devocionario del cura párroco homosexual, cercanas al desierto de las esfinges seductoras. Los pechos agitados al ritmo acelerado de la piedra incandescente, al aire del abrigo de toda idea de posesión, de tocamientos imposibles ni inmediato, ausencia de toda idea de profundidad, a pesar del deseo sexual en el pensamiento, ellos, los hombres de la cruz en el empeine rígido y recto como puñales de bellos damasquicanados toledanos, fénix inaudito, no dejaban de pensar en la edad es que se les permitía el capricho de mamar de los pechos de su progenitora, alternándose con la sed del desierto en un calor óptimo.
El perfume combinado del deseo, los jazmines moros de Andalucía en el oriente y del enmarañando callejón afluente a la plaza, que guardaban el calor del día en las piedras incandescentes, favorecían el cortejo a los ojos inauditos, traviesos y, pero sobre todo, dotados de peligrosa artillería. Los atrevidos muchachos, llenos de cortejo en los labios de crisol, a los que se les prohibía el tocamiento de las uñas, y menos de la mano o del imposible beso de púrpura intocable, aullaban de un nuevo dolor en la ingle del corazón poseídos por las gélidas aguas de un egoísmo triunfante en el más retrógrado sentido del puritanismo favorecido por el llamado efecto del amor.
Me sonó el teléfono móvil y sentí un frío como si quien me llamaba fuera a darme una mala noticia, era la voz de mi madre que amenazaba con matar a mi padre y suicidarse a continuación.
No me gusta, vuelvo a empezar, algo porno.
CAPÍTULO I
Las tías calientes de la ventana se corrían de gusto, y los tipos debajo se cascaban los huevos. El perfume de los jodidos jazmines apestaban el ambiente. La calle olía a cagajones de caballos. El sobeo era una constante y una muestra de cariño mutuo. Las tías se corrían de gusto con las palabras obscena de los tíos que debajo de la ventana se la cascaban. El olor a semen seco olí a apelos quemados. El amor era lo de menos, allí, se podía tocar hasta la campanilla de las gargantas. A las dos horas los tipos se largaron al cine sin ellas. Y ellas, con los codos, por no decir los coños, llenos de polvo de la ventana se pusieron a ver la tele.
La ciudad me agobiaba, era una jodida mañana, todo el mundo estaba encerrado en sus casas por temor al frío. La tías de la ventana seguían mirando a la calle en busca de algún cliente. No se podía pensar del frío que hacía en el jodido apartamento sin calefacción cuando de repente sonó el teléfono, “hijo voy a matar a tu padre y luego me voy a suicidar”. Era la voz de su madre en un tono relajado como si fuera lo más normal del mundo. Entonces cogió si revólver y salió a la calle.
No me gusta, vuelvo a empezar. una combinación de ambos estilos:
CAPÍTULO I
Diana Hill y Donald estuvieron pendientes del teléfono hast que Julia les llamó para decirles que había llegado bien, en tan solo cuatro horas, el Concor, siempre supera la barrera del sonido en mitad de Atlántico.
Salieron a cenar a un restaurante italiana. Luego pasaron por la ciudad hasta llevar a unos barrios en donde decidieron darse la vuelta. Oyeron voces de una pelea callejera.
¿Se nos declararán? –pensaban ellas.
Aquel deseo esperado en las mujeres de ojos mayas o incas, casi salvajes, ¿iban a llegar pronto?, o solo era un sentimiento de espera imposible e inútil. Aquella vida tranquila y colmada de esperas y espermas fallidos ¿iba a seguir siempre?, o por el contrario finalizaría en noviazgo formal.
Las tenemos rendidas –pensaban ellos.
Aquella idea de conquista, ¿les satisfacía plenamente?, o solamente era un modo de pasar el tiempo sin un compromiso cercano, ¿les compensaba el tiempo empleado?, o por el contrario ganaban en hombría y seguridad personal.
Si yo hablara –pensó la ventana.
Seguramente aquella reja –cárcel de una ventana para que no escapara la luz- en un callejón contigua a una plaza, ¿iba a resistir la torpeza de los dos sexos?, o sería un testigo inútil del tiempo, rodeado de inconvenientes, no sé cuantas veces vestida de diferentes colores, o iba a permanecer impasible al capricho del amor.
Esta noche nos toca salir en flor–pensaban los jazmines.
Acaso aquellas mariposas fijas en el verde de una frágiles ramas abiertas de perfume, ¿iban a seguir favoreciendo al amor?, o por el contrario se callarían los perfumes o combatirían con la peste de los cagajones de los caballos, ¿iban a estar dispuestos s favorecer al amor?, o combatirían hasta morir en el marchito mundo de los sentidos olfativos.
Pasemos a la última escena –pensaba el tiempo para sí mismo.
Era verdad que la música llena el vacíos de los corazones solitarios, era verdad el tiempo pasa ritmo del taconeo de las mujeres, el tiempo se contagia del latido de las flores, del corazón pequeño de las abejas, se acelera o ¿acaso?, se interrumpe a su antojo, ¿iba alargar las horas para favorecer al amor?, no amor en contrario al tiempo.
-Hijo, escucha lo que te voy a decir, he matado a tu padre y me voy a suicidar, no cuelgues y oirás el disparo de mi ajusticiamiento.
Las chicas guapa de telenovelas, eran sumisas, obedientes como criadas de oídos operados por un nuevo rico que las insulta y las jode...
8
Intentando imitar intencionadamente a mi paisano Juan Madrid, gran escritor de novelas negra y policíacas.
¿Dónde estabas?, Jacinta, mamona de botellas carnosas, aquel día que el cabrón de tu marido Mario da Silva (no el de Delibes ni el de Lorenzo) quería meterme un alambre en el ojo, y al esquivarlo (al alambre) se lo metió a la gata de angora (de la vecina Euvigilda), y después la muy felina sombra gris peluda me arañó a mí como un tigre de bengala herido y perseguido por cinco elefantes y trescientos infantes con timbales, clarines y tambores, ¿sabes?, me arañó a mí, a mí me arañó, no arañó a nadie más, sino al rey de la casa de vecinos o corral de vecinos, en vez de grabarle la bandera catalana de sus zarpas al cabrón de tu Mario o Mario de los cojones, canta color de los árboles. La gata vomitó todo su juego de uñas contra el que más cerca de ella hacía el tonto (yo), me dejó marcado para siempre en la mejilla derecha con el sello de sus digitales púas (punzones de marcar bastidores). La gata se quedó tuerta pero viva, viva como un jaguar enjaulado por primera vez o una ardilla voladora, pantera de la Orotava, sí es cierto que voló al tejado cuando el mi amigo el Garfio me la quitó de encima y la atrincó del rabo y la echó al cielo, arriba del tejado, sin saber que arriba estaba la azotea.
El maricón de tu marido, Jacinta, antes de conocerte, se dejó la boca en las pollas de muchos conductores de camiones en las explanadas de los restaurantes de carretera o las en la esquina de San Julián, ¿no sabías que fue chapero?, haciéndosela dentro de los coches a los clientes preferenciales de los mejores bancos y coleccionistas de arte, y luego escupía la leche sobre las jarapas de los respaldos de los coches de lujo o en un pañuelo de seda del desierto o un klines de semáforo, y luego un chicle para la del sarro. Mario vivió allí, en la casa del muro de las Catalinas, era mi vecino, hasta que se emancipó en el robo de joyerías, enquistó, se casó o se amancebó contigo Jacinta y, un día, como un jilipollas entró a robar a la joyería Majoryn de la céntrica Calle de Larios, y ¡escúchame ahora bien!: se dejó el carné de Identidad en la joyería, ¿es posible ser tan imbécil?, se dejó la cartera con el carné, y claro que lo atrancaron, si era de libro su detención.
¿Dónde estabas?, mamona, el día que la gata por poco me deja ciego, ¡ahí, sí, ya recuerdo, Recuento de Luis Goytisolo o licuante, haciéndote a un cliente, a ese que la tenía de escayola. ¿A que querías hacerme una zorrada?, enemistar a Mario del Silba contra mí, un débil Paris contra un fornido Aquiles como yo, Ulises con a Thelémaco, si no tan fornido, sí con más mala leche. ¿,Conque pegaste a mi mujer, mientras estuve en el trullo?, me dijo Mario en tono peleón. Como el motivo ya lo tenía vino a arrearme una paliza, a acojonarme, a mí, al Thelémaco respetado en el barrio, al mejor chulo de putas, para que me fuera del Hostal Zamorano, y quedarte a ti sola con el negocio de prostitución. Le vi al lila o lelo de Mario las intenciones, esquivé su derechazo con un levantamiento veloz de mi antebrazo, se rozó el puño contra la pared, se lamió la sangre, entró al lavabo, cogió el único alambre que había en casa: el que servia de cadena de la cisterna y salió con intención de metérmelo en la cara o en un ojo de Cíclope y su hermanos los Titanes, le agarré bien en los cojones en un nano segundo y luego un puntapié, y del impulso que llevaba ocultó el alambre dentro del un ojo a la gata, sin matarla del todo.
¿Dónde estabas?, tú, Jacinta, hermosa hembra, oculta como una Helena tars la muralla de Ilión o Troya la antigua Troya la descubrió el alemán Schllemnn en 1871 sobre la colina Hissarlik en Turquía, sin poder hallar las dos fuentes en el río Janto voraginoso, una caliente y otra helada que decía Romero u Homero en su canto XIII. Luego bajó tu cliente, hombre bajito y regordete con cara de sudar coños en la construcción, y se puso en fuga, sin atender al espectáculo de nuestras golpes.
¿Recuerdas Jacinta, la primera semana que trabajé contigo?, ¡ah! pérfida Helena cuando enseñaste las divinas tetas a Melanao, querías pagarme en carnes, la primera vez yo te deseaba como un burro desea a una yegua en un corral, como la trucha al trucho, entré contigo en la habitación crepuscular, me hiciste el servicio en la punta del capullo, y cuando me iba a venir el gustazo, sí, ese gusto que te hace olvidar que estás vivo o muerto, la espera en un semáforo y que eres un ángel flotando en la puerta del paraíso o, tal vez, no sé muy bien, sea como poner un pie en el estribo de la muerte, fue cuando te cogí de la nuca con una llave Judo y no dejé que escupieras la leche, te hice que te la tragaras, tal y como me dijiste en el pre-contrato verbal, un completo, me tuviste que pagar el cuarenta por ciento de lo que yo habías ganado ese día. Luego jamás te volví a joder, intentaste seducirme.
Te acuerdas de lo fácil que me lo pusiste, la oscurita que estaba la habitación y el perfume de Promesa que hablas quemado en un cenicero de vidrio con un pez en el fondo. "Lo hago todo", me dijiste Helena confidencialmente al oído sexual, y con ese todo pusiste la boca de chupe y sacaste un trocito de lengua cálida y tropical. Lo que te pasó ingenua de mierda es que no me pensabas pagar el porcentaje ganado en la semana, cuando empecé a mamarte las tetas con mis manos tu cuerpo, ¿no seas tonto Thele?, para joder bien hay que desnudarse dos veces, una mentalmente de todo perjuicio moral y luego quitarse hasta los anillos. Adivinaba en tu pensamiento y por las palabras que me decías que con aquel polvo m ibas a pagar bien mi trabajo de chulo o vigilante en el Hostal, lo hiciste todo como una profesional del pene. Tú, Jacinta, le advertías a todas la mujeres que antes de hacer un trabajo sucio o un trabajo sexual había que cobrarlo primero al cliente, no lo olvidé jamás. Y por eso antes de acostarme contigo, te dije que me pagaras las veinte mil pesetas de la semana. "No hablemos ahora de dinero, hábleme de amor, de la que te he dicho que te voy a hacer en el repullo".
Terminada la faena, bien rematada desde luego, con trofeos, como para enviciarse contigo, me dijiste que me diera por cobrado en carnes, y para demostrarte que ya era un tipo duro, capaz de ser tu chulo de por vida, te pegué dos hostias, tus lágrimas de odio aumentado e ira felina me servían para ensalivarme el capullo, para que me dieras más gusto, y es que a mí las mujeres que se ponen a llorar cuando están jodiendo, y a gritar, implorando a su madre, para que se la saque, ¡hay, madre, que este tío me revienta el caño!, pues yo mejor me lo pones, y es que a isí, Jacinta, mi Jacinta engreída, no lo olvides, me daban el biberón y de seguida me pegaban un par de guantazos para que me fuera endureciendo en la vida, para que no me acostumbrara a lo bueno (lo mismo hicieron con mis hermanas: Rosa y María).
Ahora, que soy un fracaso total no temo a nadie ni a nada, cuando todo está perdido uno es peligroso y es capaz de hablar y denunciarlo todo. A mí me criaron en una choza de pastores en al Isla de Ogigia (En la Sierra de Almijara hay un peñón que le llamara de este modo, nadie sabe el por qué), una sierra de calizas agrestes donde los lobos me sorteaban cada noche mi pellejo, ya me acostumbré a ellos, por eso Jacinta te demostré aquella primera noche que a mí ninguna tía me iba a manejar, y tú, en el fondo de tu caña, lo que querías, y deseabas era un hombre que te defendiera de esos patas Incómodos que no quieren pagar cuando se les hace un servicio con todo su francés o su beso negro, o su griega, ya nunca me corté al hablarte claro, y a mi me enseñaron decir follar, hijo de puta, y me vas a chupar el culo, en mi propia casa, mi madre, se dedicó al contrabando y al puterío mientras pudo tener llenos de 100 kilos, y cuando no le entraba un cliente con ella, colocó a mis hermanas, y a la mayor, a la daría, que nadie sabia cuando -ni quien la había desvirgado por primera vez, mi madre le tuvo que pegar dos hostias, delante del tío que vino a casa para fallársela en la cama de mamá ¿y sabes quién era?, el capitán de un barco de Panamá, que habla traído medio barco de cartones.
... ¿por qué me pegas?, "te arreo para educarte jodida mujerzuela, porque no me obedeces y no me has dado toda las pelas de tu viaje a Granada, vale ya, ¡joder!, dame tres billetes, que tengo que comprarle a la niña una esclavita de oro para su cumpleaños, ¿qué me dice, so puta?, de oro nada, plata y de la que cagó la gata de angora, la gata ciega de angora y que no volvió más a pisar el patio de la casa de vecinas, cuando te pegué la segunda vez, te jodí mejor y cuando te pagué fue cuando de verdad irme quisiste el amor es tortura, daño, sufrimiento, celos, sudor, lágrimas y sangre, no la olvides Jacinta, sobre todo sangre, y claro que te tuve que arrear. Te fuiste una semana a Granada (la del Generalife incendiado de verdes y violáceos de Muñoz Degraín) con un futbolista, un bateador de balones en campos de los Cármenes, sin querer pagar a tu vuelta el cincuenta por ciento de tu trabajo, y cuando te pegué tuviste el valor de contárselo a tu fornicador de balones para vengarte, y él no tuvo cojones para venir a buscarme y pagó a un gitano del Perchel para hacerme una visita en un bar. Luego me vengué yo bien de ti, me gustan c)ir aquellos gritos que pegabas con una marrana antes de dejar su sangre en la pileta, cuando te quema el clítoris con una plancha eléctrica, te corté las manos para que no te reconocieran por si acaso te encontraban, si, siempre encuentran los cadáveres de las mujeres ajusticiada, te hice tres trozos, cortados con la sierra eléctrica, en la turmit metí los dedos y los ojos, me comí tu corazón con hacen los guerreros africanos, comerse las entrañas de sus víctimas para que no te persigan lar. espíritus, lo que dicen que funciona también es hacer una misa a los muertas para que sus alitas dejen de vagar en el Limbo, y la tuya Jacinta no necesitaba una misa en la blanca Iglesia de Los Mártires o en la de los Viñedos, los Santos se Irían a la huelga.
La que asargento de contar no sucedió nunca, me encanta mentir porque así llamo la atención y me escuchan; no obstante, deba confesar que sí hubiese ocurrido de este modo, tampoco me arrepentiría. Te tenía que haber matado Jacinta como he escrito antes, pero no lo hice, todo ha sido una forma de no deseé quitarte de en media, no ya por lo de no quererme pagar, que era una tontería, ni por lo del futbolista, sino porque me echaste encima tu Mario de Silva cuando salió de la cárcel de Santa Julia, me la echaste como un dóberman, cabrón, si eres un pedazo de cabronazo, desdentado de mamarla, sí mamón, eres un chapero, maricón del cuelo, cochero del coño de las putas, para que ya abandonara el hotel, y para ti todas las ganancias, por eso me quiso pinchar con un alambre, y le pinchó a la gata de angora, luego intentó sacar la navaja trapera. Lo que le pasó después lo tenía bien merecida, le estuve dando patadas en la cabeza hasta que llegó el Garfio y me lo quitó de debajo. Tú Jacinta me denunciantes a un policía amigo tuyo, y al maco de Santa Julia a ocupar el lugar de Mario, y lo peor, no fue ir al trullo, sino que allí cogí un sidazo sin saberlo, y por eso ahora soy seropositivo.
A los seis meses y un día salí del maco, bastante desmejorado, alegre porque había hecho amistad con el "Bola", de nombre Zalacaín, vasco, que me contó muchas y extrañas historias para entretenerme. En Humilladero tomé un taxi y me llevó al Hostal Zamorano. Te habías largao con el Mario a Portugal, al Invierno en Lisboa de Muñoz Molina Hablé con el "Puskas" quería alquilarle el Hostal con derecho a compra, llevarla yo solo sin medianías, tuve suerte, me dijo que sí. Las mujeres se quedaron conmigo. Este negocio jamás se puede hundir. La jodienda no tiene enmienda. Los pocas días me llegó una perla blanca: Aurora Puentedura. También me llegó una perla negra: Carmen la Tazona. El amor es un deseo, no un sentimiento.
Con la culata del revolver le dio en la bocas y le echó los dientes abajo por chivato de la policía... Ahora bien, esto podría ser el principio de un nuevo relato, pero será mejor, que por ahora, y por eso de la intriga y el suspense lo dejemos así.
–¡Cálmate, coño!, de una puta vez.
– Me calmo, si
me sale de los cojones.
cuatro de Enero (desde un campo de minas...)
ALBABAS.- Nombre en clave de un biliotecario, hijo de una republicana violada y de un cura, en el campo de concentración de Albatera
ADRIATROS.- Nombre en clave de un famoso constructor, hijo de una republicana violada y de un funcionario de prisiones, en el campo de concentración de Albatera.
3
Me levanto sabiendo que estoy muerto como en la Comala de Juan Rulfo (1917-1986) conocido como uno de los autor del XX más importantes de Mexicanos. de una obra de la mayor altura literaria: los cuentos de El llano en llamas y la novela Pedro Páramo. Pero Rulfo fue también un notable fotógrafo y un gran conocedor de la historia y la geografía de nuestro país, de tal manera que la toponimia mexicana le resultaba muy accesible, y la elección de los nombres de los lugares que aparecen en sus cuentos y novela es muestra de ello La novela de Juan Rulfo es una reflexión sobre las causas de esta infausta transformación, de la que son responsables, desde luego, los hombres... Allí, en Colam o Colima (nombre real de un pubelo de donde tomo el nombre para la novela). todo estaban muertos. Mi tío es Dios, la humanidad merece la pena de ser extinguida. Dios es el Sol, las sombras las ponemos nosotros. El policía local me pegó un tiro porque pisé el nombre de su sombra o era la sombra del nombre, las palabras tienen sombra ¿Dios es un invento del hombre?. ¿Dios es Internet?. Su dirección es cielo@ono.com. Yo no debo estar aquí y en todas partes (todoterrenoimponenteretretedeluniverso). Me comunico con los espíritus de los ángeles borrachos de mi padre. Los ángeles con angloalados Pertenezco al ejército de los dioses. Recibos constantes sesiones de lavados de cerebros. Una voz me habla por los altavoces de mi habitación. Dicen que he matado a mi padre y yo no lo recuerdo. Por eso estoy aquí en esta celda de un hospital sumergido en la noche y en la soledad y debajo de los hielos y aislado en el centro de mí mismo, en el centro de sí mismo, que es el lugar más insoportable que se puede uno imaginar. Pienso que he podido venir de otro mundo, llegar, aterrizar, aparecer desde otro tiempo, de otra dimensión, de otra proyección de pensamiento., de un espejo.
El mundo en un
espejo por el que pasamos, el quequeque en que vivimos es asqueroso,
violentamentevioleta, lleno de bestias cubiertas de fango y pieles de animales.
Yo soy pesimista, en cambio, mi otro yo es un soñador optimista, que cree que el
Dios de la suerte no es primitivo, ¡oh de mi tercer yo, y que algún día le
señalará con un premio literario (si no tienes premios no vendes, si no vendes
no tienes premios) sino que además confía, ingenuamente, en el trabajo y en las
cosa bien hechas, para ser un famoso actor hay que ser un chapero, para ser un
buen escritor hay que ser maricón del culo de los editores. Me han
traído el arte de la ficción de David Lodge. Las
cartas a un joven novelista de Mario Vargas Llosa es inferior en contenido y
en variedad. Ya estoy haciendo de crítico, los cuales son los forenses de la
literatura. La Novela de Bobes.
La mañana se me
anuncia cuadriculada a través de las rejas de la ventana, la tormenta encubre a
una nube perseguida por pájaros granizos, y el alba neurótico con
vacaciones (concedidas para los fenómenos atmosféricos), se toma un descanso
de luz y de estrellas violadas en mañanas de verano, por eso en los cristales de
la ventana hinco el ariete antibélico de mi frente -rosetón de catedral gótica
dejo una mancha grasienta-, y consigo quitarle frío al día a través del
contacto caluroso de mi cuerpo y el sudor de mi piel recalentada en el
cristal, como si en el contacto quisieras acercarme a la realidad de la
calle, midiendo mis cuernos contra los cuernos machos del cristal laminado
(cuernos de cristal o los cuernos del cristal), y enfrentados o
entrecorneados veo desde el tercer piso cómo las gotas de lluvia sueñan por
convertirse en lentejas, comulgando invisibles sobre el asfalto visible, cerca
del paso donde mastican forrajes las cebras. La granizada me trae datos del
tiempo que hace afuera, al otro lado del jardín lapidado.
Paraguas
abiertos como hongos de luto y llanto cubren una parada de autobús sin
marquesina, o con marquesinada en una cola de lagartos solitarios,
obedientes jornaleros y perseguidos por la obligación del trabajo, sin
que yo pueda enemistarme con mi menoria ni con mi mentira, pues no recuerda lo
que hago yo aquí, ahora, en esta habitación, que parece de hotel, asomado a una
ventana dalíniana de marina con mujer de espalda con aquella visión de
lluvia sobre fondo gris, y es que, sin saberlo, me demuestro otra vez, que me
hallo en una ciudad en mitad el campo, una ciudad como todas las ciudades del
mundo: sucesión inequívocas de esquinas (la esquinas en gavilla luminosa de
anuncios y escaparates como ojos que guiñan para edcelarte y atraerte).
No sé el nombre
de la ciudad, la ciudad no sabe mi nombre y sus calles tampoco, ni en el país
que me encuentro, si fuera España, sería un país fronterizo, dividio en parelas
de nacionalismos, formado de pequeños países cabreados, el norte
nacionalista, el centro español y el sur de la rosa; de toreros a hombros sobre
un que me pilla el toro; un señorito vendió el reloj de oro para comprar
una entrada; de chorizos con mercedes, y la droga del chute por la calles.
No recuerdo tampoco mi nombre, si es que me merezca tener uno, no sé quién soy
ni que hago ni esta habitación de hotel asomado a una ventana llena de lluvia
(gotas-hojas-pétalos de agua) que hiere la humedad y a silencio, por lo tanto
debo encontrarme bajo los efectos de la amnesia, síndrome de Kornikof, de esta
diabólica amnesia que me dura desde no sé cuando, sin embargo, yo soy yo, estoy
seguro de ella, porque me acuden las mismas imágenes que durante todas las
mañanas (Malena es nombre de mujer como Almudena Grande) de mis días me
vienen, desde no sé cuando, me han poseído recuerdos que me confirman que estoy
dentro de mi cuerpo devorado por la desmemoria. O los efectos de esos
medicamentos con los que quieren meterme recuerdos falsos como ese horrible en
el que mato a mi padre en una sala cuya única luz son las velas y un demonio que
da un chuchillo mágico cuchillo de ceremonias, o cuchillo de sacrificios,
a la vez que me dice málatalo y salvarás al mundo, él no es tu padre es un
demonio que ha tomado el cuerpo de tu padre.
Vuelva a la cama
y me enfundo en mantas como si estuviese bajo el calor del estiércol
pestilente bajo la manta del demonio, mantillo tan querido para los topos,
tengo miedo, necesito posiblemente la manta protectora de la memoria, necesito
recuerdos para sobrevivir a la soledad, muerto de soledad y silencio,
cierro la luz de la habitación que sigue buscando los rincones de su dominio, a
la vez también cierro sin esfuerzo mis ojos de miel, sin rumbo, por la bóveda
interior de mis párpados, recupero mi recuerdo libidinoso, impulsado por el
vicio pertinaz de tener que recrear-me cada mañana antes de desertar de la cama,
a costa siempre de tina mujer, de una vecina llamada Amparo, de un cuerpo de
hembra geométricamente definida, equilibrista sobre una cuerda de guitarra en el
circo de mis sueños.
Me acuden algunos vagos recuerdos:
Amparo Campabuy,
un nombre de mujer real, era la culpable de mi incómodo poste de luz bajo el
ombligo y la ingle del corazón empalmao, tenía una melena con veinte
años, suave y resbaladiza como tejados con rocío, su olor ganaba las distancias
cortas y cada vez que pasaba junto a mí en aquella escaleras del corral de
vecinos o corralón de marginados en el Muro de las Catalinas dejaba depósitos de
fragancia intencionadamente provocativos, aireaba a los vientos el cisne negro
de su abundante cabellera y al humo de la chimenea de los Guindos,. le hablaba
de tú, selva negra suelta y de cuerdas liberadas, de arcos, alambres sueltos sin
una sola horquilla que los sujetara de su abrasador peligro, espuma libre
como perros que huyen del agua, insultante abundancia para castigo de los
humanos y desgraciados mortales; a su cabello debieron de meterlo en la cárcel
por provocador y abusos deshonestos, por hacerme esto cada mañana, por no
dejarme respirar, por mortificarme cada vez que pasaba por mi lado y estuvo a
punto de acabar con mi salud, llevado por mis excesos masturbatorios, que
secaban el sexo como a Don Quijote los sesos de la lectura de sus ojos, porque
los excesos son hijos del vicio.
Amparo lo sabía,
sí, ella lo sabía, sabía que me provocaba, y se daba cuenta por los piropos
furtivos y obscenos de los hombres, sabía que estaba arrolladora como un
imparable Jumbo al despegar del aeropuerto, imparable e impecable..., a mis
pocos e indefensos años de torturada timidez, llegaban miles de pensamientos, y
miles de ideas para decirle que me tenía loco, atrapado en las cáscaras de su
pelo, cárceles abiertas de aire, miles de intentos para decirle que era el ama
de mis sueños, torturado por el deseo de poseer un lenguaje ágil, acerado,
muralla de palabras ante ella, y aquella vez que le dije que la quería, abrió
su montón de dientes como un tiranosatirio su bocas y le vi salir una lengua
rosa y larga, puntiaguda, regordete, y saltaron gotitas de saliva del ábside de
su paladar, y se abrieron los ojos a modo de puertas de cuevas con tritones bajo
el mar de y saltó el desprecio de una burlesca risa que acabó conmigo, con
aquello de: ¿a dónde vas tú pequeño Tarzán?
Y aquellas puyas de palabras cortas y expresivas se ocuparon de que mi timidez no saliera de dentro de mí en eterna huida, de modo que con su lenguaje vivo siempre alejaba a los pululantes moscones -ella se refería así a los nenes que estábamos locos por ella en la casa de vecinos donde vivíamos treinta chavales-, pero era un espectáculo cuando se aseaba en su cuarto de bajo y dejaba la ventana entre abierta, para que desde el patio de luces, pudiéramos seguir sufriendo los mortales al ver su cuerpo blanco y macizo, y como sabía que la observábamos desde los más recónditos lugares en los que habíamos hecho obras clandestinas, incluso algunos espabilados como Antonio el Manco, que vivía justo en frente, cobraba un duro por dejarnos subir a una silla, y desde aquel favorecido palco, empinado, podíamos mirar unos minutos, y todavía se permitía Amparo más licencias en sus reconocimientos mamarios, cortes de vellos en los pezones que eran felices botones en aquellas tartas redondas y blancas como bolas de billar, como meloncillos redondo de tuera venenosa, ,sin que Amparo nunca se enterara de que yo la esperaba cada noche llegar, sentado detrás de mi puerta, para mirarla por la mirilla.
Ahora, todavía, a pesar de los años transcurridos, encarcelado, sigo teniendo esos viejos recuerdas mañaneras, y sigo deseándola, pecando sin duda con el pensamiento que también es pecar según Don Eulogio, el cura de la Parroquia de los Mártires, por este pensamiento lujurioso, sé que, al menos, por las mañanas, soy yo, y que sólo sé que estoy encerrado en el mismo cuerpo de siempre, bajito, calvo, regordete, despreciado por las chicas y con los¡ ojos color de miel de. aguacate.
Cuando he
conseguido acabar con el pensamiento adolescente de mi amor platónico, la
olvido, y me vuelvo a despegar de la cama, mira el agua en el asfalto que forma
un espejo gigantesco gracias a las luces del alumbrado público que amarillean
como botijos llenos de luz colgado de los árboles, así que, receloso, vuelvo a
preguntarme quién soy, qué hago en esta habitación; pero no recuerda, no puedo
recordar por mucho que me aprieto las sienes con los pulgares hasta hundirlos
dentro de la masa de este cerebro que no sé si me pertenece, sigo intentando
la conexión de las neuronas obstinadas saber quien soy , y mientras pienso
sigo sentado en la cama como si fuese el borde un precipicio --,in fondo, como
si la cama estuviera colgada por los mosquetones de un alpinista, alpinista de
la memoria.
Siento hambre, y
para ello he de salir, y para salir he de afeitarme y asearme, y enfrentarme al
espejo del cuarto de bato, sí que decido ver la kara
de este hombre que me suplanta, me paso un rto mirándome y tratando de
recordar dónde he visto yo antes esta cara, increpando a esa pared ese
cristal que me devuelva mi imagen, a ese eco de luz que dice que yo soy
un hombre bajito y delgadito, con tres días manteniendo a distancia las
cuchillas de afeitar, con un lugar donde se queda fijo un lunar azul en la
frente, con entradas de un hombre de cuarenta años, una nariz que desgrava a
Hacienda, un tono de piel azulado como si me diera por la bebida.
Registro la propiedad interior de los bolsillos de la chaqueta que debe ser mía, en busca de una cartera con documentos de identidad, no hay tal cartera, sin embargo encuentro un llavero con seis llaves, una es larga y plana como un destornillador, otra parece la de un coche, ¿pero de qué coche?, en el mango negro aparece un anagrama de una marca que no consigo recodar, tampoco sé la matrícula, dudo de saber conducir, sigo rebuscando pistas que me digan o me traigan una asociación de ideas que desbloqueén este tanque cerrado que es mi cabeza,
Y cómo voy a salir de la habitación, no dudo aventurar a pederme, al menos aquí estoy seguro hasta que esto se me pase, y cómo voy a preguntar a la gente el nombre de esta ciudad, y quién soy, lo único que puedo hacer, es hablar con el recepcionista y que me suban algo de desayuno; los síntomas de esta habitación son las de un hotel: una cama, teléfono, armario que huele a alcanfor con perchas solitarias que esperar ahorcar a un abrigo, de nodo que, descuelgo el teléfono y escucho una voz de mujer que me habla en inglés fluido...
No podía ser
que me encontrara en el extranjero, no recuerdo nada, ni siquiera haber viajado,
ni reloj marca en su dial la fecha: es invierno y por ello llueve o
llueve porque es invierno triangular, me asono de nuevo a la ventana y
recupero los anuncios luminosos cagados de luz de las tiendas en inglés
por ello esta debe ser una ciudad inglesa, todavía me siento más desgraciado,
por haber perdido lo más preciado en un hombre: su mentiría, que es la suma de
una mismo, nos preocupamos por la política y por el hoy, pero nadie sabe lo que
es perder la menoría.
Este miedo no consigue disimular mi hambre mañanera, me comería una vaca rellena de pajaritos, un desayuno de Emperador con Emperatriz, as¡ que descuelgo de nuevo el teléfono con cierto recelo, temiendo rebuznar en inglés y le pido el servicio de camareros colmados de desfiles en notos y cristianos, y mi sorpresa es más terrible, el camarero habla español de Andalucía y me conoce perfectamente, yo no le causo la menor extrañeza.
"¿,Cuánto tiempo llevo aquí?", le pregunto al camarero. ello me haga esa pregunta, usted lo debe saber mejor que yo". ¿En qué ciudad me encuentro?", el camarero, socarrónamente empieza a sonreír y se marcha diciendo que en seguida sube el desayuno.
CAPÍTULO Primero
La ciudad era una metáfora de vida, la mañana fría atemorizaba a los seres de corazón pequeño y sobre todo a las débiles mujeres de la calle, casadas o viciosas, si se le podía llamar humano a ganar noventa mil pesetas al mes, y vivir en un apartamento alquilado que costaba cincuenta mil pesetas., en un barrio con dos horas de metro al centro. No obstante, Barcelona es una ciudad ideal si se tienen dinero, y si se habla catalán como casi en todas parte el nacionalismo impera como un mal de compartimentos estancos, cuando se tienen dinero se puede salir, comer decentemente y visitar museos, ir al teatro y acudir al bingo como una persona decente.
A las siete de la tarde me sonó el teléfono era la voz de mi madre en un tono muy nervioso, con voz temblorosa como la cuerda de un rabel, voz temblorosa como un flan, voz temblorosa como la voz del miedo, voz temblorosa como el hocico que ha sufrido un golpe. Me dijo que iva a matar a mi padre y a continuación se suicidaría. Cogí el revólver y salí a la calle, en las ventanas de enfrente me sonrieron tres fulanas que en ropas menores esperaban a un cliente.
Cuando la chica le cogió la polla con toda delicadeza y educación de prostituda bien pagada, el pico cerro los ojos con cierto morbo...
No me gusta, vuelvo a empezar:
CAPÍTULO I
La mañana era tan fría como las paredes de un convento sin pagar el recibo de la calefacción, la ventana desde, desde la ventana del apartamento donde vivía R, un hombre taciturno y solitaria que guardaba un secreto, se podían ser a tres prostitutas del barrio asomadas a la ventana como si el frío les obligara a ejercer su oficio sin piedad, las desgraciadas siempre estaban allí como un cuadro en la ventana de un calle del barrio más peligroso de Barcelona.
Sonó un teléfono móvil que estaba encima de una mesita de noche. Cuando Ra. lo descolgó se quedó mudo y sin palabras, cogió su revólver y salió a la calle.
En realidad no sé quien soy, alguna veces me siento mujer y me duelo como ellas, en el bajo vientre, en la vagina infantil, en el mismo coño donde vive Ram.
Veo mi propia muerte, tengo imágenes de mi muerte.
No me hagan caso soy un embustero empedernido, lleno, criado en lujosas mansiones, mi madre era profesora de EGB, y mi padre un traumatólogo y cirujano ortopédico. Mi hermana tenía un sonrisa ancha y un carácter risorio, excepto conmigo, al que odiaba a muerte. Lo llamó su madre a, y, o Rigoelberto no sé – levantó por palindromas, ese día estaba muerto de verdad..
Las mujeres de la calle me propusieron que le diera protección bajo un precio justo….
Al abrí uno de los viejos legajos polvorientos y encontré las claves de algo que me perseguiría duante años. Le dije al canónomo que me romaba la mañana libre. Recordé muchas cosas de las que me habína contado. Nunca conocía a mi madre ni a mi padre. Y Aquí pareceía estar las clavez de esta nueva paternidad. Nombres y más nombres.
13 mujeres menores de edad, que fueron fusiladas la madrugada del 5 de agosto del 1939, en las tapias del cementerio del Este de Madrid. Muchas mujeres eran llevadas por la Policía Político-Social de Franco a la Dirección General de Seguridad. En los sótanos eran sometidas a brutales interrogatorios.
Tras la Guerra Civil, para agrupar al extraordinario número de republicanos
capturados, las autoridades franquistas de Burgos crearon en toda España 72
campos de concentración y batallones disciplinarios, de los cuales una docena se
encontraban en la provincia de Alicante.
Así, se crearon campos de concentración y prisiones improvisadas en los
Almendros, Albatera, Plaza de Toros de Alicante, Castillo de Santa Bárbara,
Palacio de Altamira de Elche, Convento de las Comendadoras y Seminario Diocesano
de San Miguel de Orihuela, fábrica La Estambrera y Hospital El Sueco de Alcoy,
cine Cervantes y colegios Eliseo Verdú y Padre Manjón de Elda; y la plaza de
toros de Monóvar, entre otras poblaciones alicantinas.
El Campo de los Almendros fue el destino provisional de los caídos en el puerto
de Alicante, aunque no fue el único: A muchos otros los llevaron al castillo de
Santa Bárbara, a la plaza de toros o al cine Ideal.
Los prisioneros que han podido transmitir su historia, cuentan cómo levantaron
las alambradas los mismos presos, mientras soldados marroquíes e italianos les
cercaban. Ametralladoras y otros signos amenazantes, enmarcaban el campo. Se
les llevó a cabo un requisamiento de sus pertenencias, lo que el historiador
Javier Rodrigo identifica como claro ejemplo de la toma de botines de guerra.
(Ether López)
8
El Sargento Mázinguer de los municipales ya nos puso morados los brazos de llevarnos agarrado por la calle hasta la Aduana donde estaba la Comisaría, y ya al pasar por la catedral nos había calentado la cara a los dos como penitencia, al Garfio y a mí (con nueve años) antes de dejarnos en manos de un inspector de policía, tranquilo y poca perspicaz en la persecución de pequeños delincuentes, pues nada más vernos se frotó las manos como si estuviese ante él, el capo mayor de la mafia siciliana, el Dom. De tanto esperar en el banco de madera me dolía el culo, más de dos hora entregado al pensamiento temeros, nos tocara el sorteo de los palos. Ya en el pasillo estuvimos repitiendo la misma historia como coartada a cada policía que pasaba por allí, incluso a una gitana gorda con indicio prominente de niño en la barriga y delantal que se rascaba la oreja con una horquilla del pelo. Nos cachearon dos veces, y una de ella me dejaron desnudo, buscando dinero en el ano: bolsillo del desesperado. La máquina de escribir antigua de vapor, y filiación completa y domicilio actual, padre y madre, en aquellos años -no tenía D.N.I.
¿Con que dices que no ibas, con tu amigo el Garfio? (Suposición capciosa, para despistar).
No señor Inspector, el Mazinguer nos tienen manía, se lo juro por mis muertos, por estas. (negativa lastimera con reforzamiento de conjuros).
Si me dices la verdad, haré lo que pueda para que te caigan unos días, esto es de años de cárcel (Magnanimidad con inclinación a la benevolencia, siempre bajo unas condiciones exageradas).
Le repito que yo estaba en la Plaza de la Merced por casualidad, iba a colarme en el cine, e Incluso el acomdador me ech6 fuera de la antesala, él dirá que es verdad. (nombramiento de testigos con necesidad de que se comprueben su manifestaciones)
Eso lo dirás tú para defenderte. (Falta de rigor en seguir una Investigación)
Mire señor Inspector, es verdad que conozco al Garfio, vive en Arcos de la Cabeza, los conozco desde que vine a Málaga, pero le juro que este golpe lo a dos solo, que lo diga él. (Solicitud de comprensión lastimera).
Me estás cansando chico, te trato coma a un hijo y me dejas creer que soy un idiota, ¿cómo crees tú que el Garfio va a decir que tú ibas con él, si asi lo teníais planeado ya de antes. (Nueva amenaza con supuesto trato de favor, e imploraci6n de que respete su veterana).
Usted no quiere la verdad, lo que quiere es que confiese que he participado en el robo y se acabó. (Planteamiento tendente a tocar las sentimientos de Justicia).
Está claro que no quieres colaborar, yo tampoco estoy dispuesto a perder la noche contigo, el alemán dice que llevaba cien marcos y aquí solo aparezcan diez, en algún lado tienen que estar escondido. (Fórmula de lanzar una mentira para provocar sentimientos de indignación ante el cómplice).
Se lo he dicho señor, por favor, créeme. (Súplica)
Si no aparece el dinero que falta, al calabozo, y a llamar a tus padres, que vengan a por vosotros, que ya ellos se encargarán de poneros bien el cuerpo. (Sentencia rotunda sin apelación basada en apreciaciones, nada de pruebas contundentes y nuevas amenazas can el castigo paterno).
¡Pero coñoooooooo! . . . , -se me escapó lo de cofía- que ya no he hecho nada, que a mi me tienen que matar aquí mismo. Que me están dando, hostias, sin comérmelo ni bebérmelo.
El inspector se levantó con cara de Patroclo, blanca por la proximidad, seguro, de un infarto y, sin esperarlo, me aplicó dos buenas y nuevas hostias con una sola mano, (ganador por KO técnico) una con el canto en la boca y otra con el envés, tan fuerte que mi boca se encargó de hacer una sangría, menos mal que a esa edad tiene uno los dientes coma los de un tiburón blancos y afilados.
¡Pues vaya cojones con el crío éste! (Manifestación sorprendente de indignación).
Se acabó el interrogatorio asi, para mí un guantazo más o menos me daba igual, tantas recibí, que no me importaban, pero la injusticia sí que me recomía. le entró ese nervio loco casi ataque de esquizofrenia que me aparecía en estados de nervios, agarré la mesa por la solapa con intención de auparla y tirarla, sin éxito en mi empresa, porque el Sargento Nazinguer todavía no se había ido, y me agarró un pellizco en uno de los riñones y me dejó inmovilizado por la fuerza.
-No me traigas aquí más críos salvajes coma éste -dijo el inspector al Sargento enfadado- ¿y ahora qué hacemos con él? (lamentaciones tenerme allí)
Vi la oportunidad de llorar con brío, para molestar mucho, pataleos e incordio, pero sólo gané que me metieran un pañuelo en la boca y dos días en el calabozo para recuperarme de mis heridas en la boca antes de que me entregaran al Tribunal Tutelar de Menores. El calabozo tenía pocao luz, un timbre de emergencias, olía a orines, la manta tiznaba con las flecos las paredes. Mi labio no dejaba de sangrar, no paré de incordiar al policía de guardia, hasta que me trajo unas algodones para mi hemorragia. Ya creo que tanto palo que recibí en mi vida me había trastornado más que educado, Una vez en la isla de Ogigia, así se llamaba, el paraje donde viví mi infancia, aunque no era una isla, mi padre agarro una vareta verde de olivo y me puso el cuerpo como la de un jabalí verrugoso, y todo porque perdí un choto en el monte y se la comieron los lobos.
La segunda noche en la Aduana tampoco dormí, sobre todo por el hambre porque -no podía comer-. El que vive en un barrio marginal jam´s pude salir de él. Mi madre, no se dónde se había metido, no apareció a verme, mandó a mi hermana María, y eso no se lo perdoné nunca. Ella entendió que me merecía un poco de disciplina. Luego me vengué de ella a mi manera.
El Garfio no dijo nada en el calabozo, sabía que aquellos palos fueran por su culpa, me debla un favor para compensarme, y se lo pedí en cuanto llegó el día de necesitarlo. Yo tampoco hablé, m´s palos me dio mi abuelo, sus enseñanzas me duraban todavía, recordaba el día cuando me subí en el algarrobo.
Don Cleofás, Juez del Tutelar, diablo cojuelo más que humano, nos condenó a los dos ir por cuatro meses al reformatorio de San José Obrero, por Pozos Dulces. Donde me licencié en delincuencia juvenil.
La puerta de mi celda se abre, entra un joven que dice llamarse Hero y se instala conmigo, me parece bien tener compañía, hace años que no hablo con otros enfermos.
cinco de Enero (desde las fauces de una pantera..)
5
Esta mañana he recuperado la memoria, y
lo que creía un hotel la habitación donde me encontraba no era la de un
hotel o motel o jotel, no es un hotel, sino la habitación o celda de mi
hogggggggggggggarrrrr Psiquiátrico y, bueno, a quien yo creí un
camarero, era Pedro el enfermero, el de las manos frías, una jugada de
mis sentidos y de las patillas caducadas, pero resulta que esta mañana
"aparezco totalmente sordo, algunas veces pierdo todos los sentidos, como si
ellos estuviesen unidos a una por conveniencias, como si fuesen un premio
por portarnos bien. Es cierta que estamos conectados al mundo vivo por la mayor
a menor sensibilidad o potencia de la vista, oído, olfato, Susto, tacto, y la
memoria, pero también es cierto que tenemos la razón y el don de filosofar. Hoy
estoy sorda como el dueño de un apartamento que no arregla el calentador, no
escucha ni los latidos de mi corazón, ese tic-tac, tic-tac interior que son
puñaladas de bronce, esto de la sordera me sucede periódicamente, casi siempre
después de haber perdida la memoria, pero no ciertos recuerdos que tengo
taraceados en la corteza cerebral. Somos la suma de nuestra memoria y la resta
de nuestros olvidos. Quiero olvidar.
Sin embargo, dominado por mis desbocados rinocerontes interiores, sé que soy yo, mi mismo yo, ¿o no soy yo?, porque me han dicho los doctores que tengo varios yoes, me reconozco porque vuelve a mí, como todas las mañanas, la imagen de Amparo, mi vecina amada. Recuerdo que la esperaba llegar muy tarde, casi de madrugada, detrás de la puerta de mi casa del Mura de las Catalinas o Muro social, suburbio social, muro marginal, gheto de la ciudad, sentado en una silla, y engordando el ojo por la mirilla a cada ruido, a cada luz que se encendía en el corredor, atento para sentirla, no me podía dormir sin su presencia porque era como el beso anestesiante que da una madre a un niño antes de acostarse. En aquellos años de mi pavorosa timidez tenía yo unos quince años, una mujer nacia de mí, .mientras yo dormía en una mala postura de mi cadera, una mujer mayor que yo, pero qué mujer, qué espléndido cuerpo recreaba ya en mi cama cada mañana, cama siendo criatura hija del placer que ya estaba a punto de disfrutar, se me figuraba que era ella la que -me lo ofrecía, Insinuando en su desprecio, pues el desprecio puede ser una forma de defensa ante el ataque Irresistible de unos ojos que no dejan de mirarte y a cuya mirada, profunda e insinuante, no te puedes zafar. A pesar de que nunca la habla poseído, mi cuerpo sentía en la piel el dibujo de su calor, venia a buscarme, y en el momento cumbre yo me despertaba.
Estoy notando nuevamente que alguien dirige el horrible timón del bajel ligero de mi escritura, cazando olas en la última ola, cuando las olas no son favorables lo mejor es no bañarse, que alguien se me está metiendo en mí escritura como quien aprovecha con un trozo de pan la salsa que uno va dejando en el plato, antes fue Cervantes, ahora no lo sé, estas frases no son mías, las recuerda como apostadas en un límite lejano del borde de un libro, aún conservaba mi mejilla el calor de su beso y me. sentía dolorido por el calor de su cuerpo. Quiera recordar que Amparo Campobruy entró una vez a ni casa para hablar con mi madre, yo sufría de una inflamación de anginas que se me hablan puesta como una lata de mejillones, Ampara entr6 en la habitación y me dio un beso en la frente como si fuese un niño, como si fuese a sanarme aquel beso cálido de labios de babosa en la frente, yo le dije: no, en la frente no, dame una en la boca, por favor, y estonces, ella me regaló uno, uno corto y chiquitin, suficiente para que en la garganta se me liara la uretra.
He de recordar de quién son estas frases en cursiva, que no son ]Mías, que se escriben apoderándose de mi mano como la garra depredadora de una águila pescadora.
Cuando llegaba Ampara, consumida la noche, su
taconeo no poseía firmeza, incapaz de complacer al mundo de los aqueos, y al
punto de llegar a su puerta se quitaba los zapatos y al descalzarse era como si
se fuese desnudando paso a paso, poesía a poesía, lentamente, cáscara a cáscara
de una fruta amarga; casi nunca llevaba medias y eso hacía que su piel blanca
como la de un chicle dejara sobre el suelo sus huellas de calor...,
llegaba casi siempre de tres a cuatro de la madrugada, tiraba una colilla de
cigarrillo al pasillo, y yo me tiraba al suelo metía la trompa la
trompeta de viento olfativa de mi nariz por debajo de los dos dedos de la
puerta al suelo, respiraba la hebra ardiente de la colilla del tabaco rubio
americano con la delicia de quien ama por la nariz, de quien absorbe a una
persona a través de la saliva que ha dejado en el filtra, y asociaba que había
estado toda la noche en salas de fiesta bailando y escuchando músicas y bebiendo
whisky que sabía, decía la gente, a chinches.
Ahora me canso de mirar la ventana donde hay una mujer de esplada, una azul en libertar sobre un bosquecillo artificial de jardín amaestrado, delante de mis ojos pasan los barrotes, los árboles son un bosque de rejas, mi mirada choca contra ellos, yo me ovillo cada dia en círculos más cortos. Cada reflejo teme, el sonido sigue siendo silvestres. La noche es decididamente nueva y de belleza pulida. Nezcla estos versos de Rilke con el pelo silvestre de Amparo, la imágen de su cuello largo atado por un pañuelo de seda rojo me interrumpe el poema de su ensoñación, y me trae la venganza servida en bandera de plata, y una navaja barbera grabada con el nombre de su asesino que no llego a leer porque me. da reflejos de suertes muy turbios. Ni sospechas recayeron siempre sobre aquel hombre que mntaba sobre botas negras de puntas metálicas, no llegué a verle la cara. Cuando por la tarde venían a recoger a Amparo para llevarla a un club de alta categoría, el hombre que tenía para llevársela no era el de la botas negras herradas, era maduro, bajo, regarte y calva, y el pelo que le quedaba en la nuca muy rizado y suelto, los vecinos le conocían por Amalio el del Club, a su vez era el padre natural de un chico amigo y vecina llamado Fali, una vez lo sorprendió el Fali con una mujer que no era su madre y una niña, y Amalia le dijo que no le conocía de nada, que se habla equivocado de padre, la humillación fue tan fuerte que el chico no volvió a hablar más con él.
La noche que la mataron, la sentí llegar sobre las tres, no tiró colilla, venia acompañada de un hombre con el que discutía por el pasillo, le vi las botas negras con tacón alta, remaches y punteras con herradurillas, pero yo no se le conté a la policía que sospechaba del tipo las botas. Ni obligación como adorador de su -cuerpo, era el de buscar por mi cuenta al asesino y hacer Iusticia. Sería fácil encontrarla va que el barrio, basurero de la humanidad, donde vivía era el habitad natural del macarra ratonero, el chaperos pescador, drogatas y putos que iban buscando el placer de las fulanas, que en aquel barrio levantamos sus tiendas de campanas de seducción.
Tanto Rilke coma Proust me parecen sensitivos, los leí en la cárcel, vivieron en la misma época, tal vez sin conocerse, tenían dentro de si el espacio que dejan las espinas de una rosa al ser arrancada desde dentro del cuerpo, como si la raíz hubiese germinado en el estómago, el tallo alojado por el tubo del esófago, y en la boca, el capullo con sus sépalos y hojas, y desde la misma boca arrancada de un tirón por la forzuda mano de Sansón el ciego.
Posiblemente esta noche estos autores se me presentarán en ni celda, y me miran y se reirán de cómo escribo, se reirán como un corrector de estilo, llena su cabeza de parámetros preconcebidas. Hoy no. Hay -no vendrán. Hoy estoy sordo y eso me libra de voces ajenas que quieren entrar en mí por las gateras de mis oídos, finas galería que se introducen en la oscuridad interior hasta encontrar la trampa de los tímpanos, cortinas de sincronización. Hoy es día de seleccionar libros que requieren una concentración especial, esos que el autor no te deja ver su arte como el Proust o el de Juan Rulfo y sus muertos parlantes.
Orejas extendidas sobre pianos como relojes blandos daliníanos, orejas como jirafas encendidas en lluvia de llantos, horizontes apagados por el hielo del azul turquesa y una llave de gana que abre la dimensión de lo imaginario. Sueños de demonios, velas y cuchillos mágicos para sacrificios, yo nunca maté a mi padre y por eso me acusaron y me encerraron en este Psiquiátrico.
En la cárcel aprendí catalán por cojones, gracias a aquel profesor catalán que encerraron por dos años por un asunto de drogas, un viaje a Colombia y se la clararon entera en el aeropuerto de Barajas, gracias a él puedo escribir ahora con cierta soltura. Me asegura que la literatura no es nada serio, que la use como relax, como un juego, un divertimento.
He de confesar que estudié en el seminario de una ciudad española, donde por poco salgo maricón, cursé estudios de filosofía y teología, obtuve una beca para la Universidad de Comillas, pero cuando estuve a punto de ser ordenado sacerdote, sufrí una crisi auténtica de fe, y al quedar fuera de la protección del obispo y de la Iglesia, volví a pasar hambre de todo tipo, pasaba largas horas en las bibliotecas, días enteros con un bocadillo y agua del botijo del conserje, donde repasé a La Iliada, dejé la Odisea puesto que no la considero obra de Homero, leí a Platón, a Aristóteles, a los filósofos medievales, a Kan y a Hegel. Traduje algunos poemas de Virgilio y un ensayo sobre los poetas latinos galos, durante la época de Julio César en las Galias. Evidentemente esto no da para comer, la poesía es hambre, ¿a quién le interesa la poesía?, ¿Para qué sirve?, meses después en junio suspedí unas oposiciones a magisterio en las que yo sabía más que el propio tribunal, pero me suspendieron con un “no apto”, sin explicaciones, no pude ni trabajar de interino en una mierda de Isntituto de un barriomarginal, que me diera el pan, hasta que comí pan de coño, es decir, me busqué una chica que trabajaba en la calle para mí, y cambió mi vida, por completo, y con el trapichero del hachis y la grifa, me compré hasta un coche de potente cilindrada, y buena rropa, y fumaba del mejor tabaco inglés, holandés, tan sólo, seguí la tradición familiar, duro con el duro, y más duro con el blanco porque es hijoopiollasgafe.
En la chulería o proxenetismo, la regla es sencilla: Abre la boca y te será cerrada, enseña la navaja y serás pinchado, hecha un pulso y lo perderá, apuesta duro aunque pierdas.
@ arroba como (a)
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M@RIO DE SILV@ S@LIÓ DE PRISIÓN convertido en un c@d@ver exquisito y no en un insecto kafqui@no, lástima de expresión que no se me ocurriera a mí primero, sino al surrealista André Bretón autor de El @mor loco, y aquel viaje a Tenerife en el años 1935 junto a Lamba y Péret (Según cuenta Juan Manuel Bonet, especialista en las vanguardias, fue invitado a la Exposición Internacional del Surrealismo, organizada en el Ateneo de Santa Cruz por los redactores de la Gaceta de Arte) o en un cadáver apetecible, en un resentido cadáver, en un marginado cadáver, y sin más un sospecho cadáver vivo en la sociedad deambulando por las calles ajenas a las desgracias humanas.
El cadáver deambulaba por las calles estrechas, se encontró una mano, una mano sola, de quién sería esa mano fría. Mario de Silva y Vargas por su madre que lo parió, salió de prisión con el rostro seco como las momias egipcias, aquella que los civiles hicieron hablar en el chiste, pero en el fondo de los ojos tenía la alegría inconfesa de la libertad, en cada ojo le pusieron un rubí... Tampoco me agrada esta descripción, pero Mario sonreía por no renunciar a una postura clásica en el rostro de los solitarios salientes de las prisiones, era un hombre alto y guapo de piel fina, siempre lo fue, había cumplido su condena de seis meses y medio día por lo de las prisas judiciales, condenado por la sociedad por aquel atraco primerizo en la joyería de la céntrica y principal vía malagueña: La calle Larios, donde se dejó la cartera con el carné de identidad, dos tarjetas de visita y una llave de su casa.
El funcionario de prisiones, alias Al Capone, un boqui experimentado que andaban para ir a la huelga salvaje por lo del salario discriminatorio y mejoras laborales, encargado del rastrillo de salidas, le entregó sus efectos personales de hombre libre, sin mirarle a los ojos de momia andante, su D.N.I como una etiqueta de anís del mono. Recuperado prueba del delito, una cartera sin un duro, dos cordones de los tenis, dos calcetines rígidos y un oficio con membrete del Ministerio de la Justicia con la concesión de libertad provisional por el juez de vigilancia Penitrenciaria. Hasta la próxima. Al Capone, al terminar de darle sus pertenencias, con ojos tristones de Eugenia de Montijo y barba de chivo, le recalcó con sonrisa sarcástica eso de: hasta la próxima que será pronto, eres carne de presidio como Papillón. Al Capone se creía en verdad un gánster auténtico de cine negro en las calles de Chicago, las sesiones dobles le pusieron majara, un zombi auténtico.
Al recibir bruscamente en la cara el aire estúpido de la nueva libertad supo que tenía un as en la manga y dos salidas: currar como un desgraciado o el sueño de grandeza de recurrir a la vaca lechera de su Jacinta queridísima amante, putísima de las mejores, bragas de oro a lo Marsé, que ella era quien le mantuvo siempre en vida de prisión y libertad, aunque dicen que en su juventud trabajó o llegó a intentar trabajar como los hombres, en algunas minas de Villablino propiedad de Mateo Díaz el dueño del cielo en ruina, y en el desaparecido pueblo de Julio Llamazares allá por León cerca del Pantano de Poma donde Juan Benet, escritor inglés amigo de Poe, se inventó lo de Región a la Faulkner.
Echó a andar de prisa no fuera a ser que se hubieran equivocado de recluso al ponerlo en libertad, y con las manos ocultas en los bolsillos, guardas las uñas sucias, rascándose o arrascándose con ganas el forro de los huevos por dentro, manos finas con dedos lisos como los que pinta en sus Cristos Luis de Morales el Divino, sin duda se sentía como arrollado por un tren en un paso a nivel, en un paso al infierno, su forma de caminar era una señal de un manifiesto arrepentimiento a lo garsón, tomo la calle del Tiro de Pichón hasta Humilladeros eran los puentes del Sena. De la mente egoísta no se le iba la cara de su Jacinta, la mujer de la que vivía ahora yo. Y se fue a buscarla.
El anorak azul de terrorista con solapa gris parecía que había salido de un basurero o de una bolsa de ropa usada de Cáritas, parecía como si en del cuello, a modo de bufanda, llevara unos calzoncillos sucios, pues la grasa del pelo largo había soltado su zumo aceitoso y había saltado sobre la solapa con una pantera negra de mierda. El anorak le ocultaba las pocas carnes que le quedaban, fue siempre un flemático nervioso cobarde de dedos ensayados en la figura de un Greco inmigrante, los muslos se le habían atrofiado y el culo con callos de tanta sentadas en el patio de la cárcel y favores pagados.
Al pasar por las casas de dos plantas del barrio rosa de Santa Julia dirección Cruz de Humilladeros vio en la fachada de un portal un símbolo de barras rojas y azules como las de que avisan en las carreteras de la proximidad de un pasa a nivel. Era un peluquería-barbería, y como él era bien parecido, quería dar buena impresión a su Jacinta, uno siempre sabe que la primera impresión deja un buen sabor en la vista de las personas a las que visitamos. La mentira de la buena apariencia. El barbero se hacía un solitario con las navajas de afeitar, y es que a las nueve de la mañana no era hora de abrir una barbería, debería estar prohibido por Sanidad, quienquiera agarra por el pescuezo un resfriado en cuando le esquilen al rocío la mañana. Nuestra ex-recluso estaba dispuesto a correr el riesgo del ¡achiiiiiiiis!, no le importaba que, a su nariz de artista de cine acudiera un resfriado.
Pelado, afeitado y perfumado con rancios botes de peluquería de barrio, parecía otro hombre distinto al que salió en libertad, dividiendo el mundo en dos mitades: el Hemisferio Norte correspondía a su plebeyo brazo de izquierdo, y al hemisferio Sur correspondía al brazo gladiador lanzador de puyas de fresno. Nuestro portugués tenía una piel latina, sin una imperfección en su rostro (ausencia de pequeños cráteres en el rostro de los impactos del acné), su buenas proporciones óseo-faciales hacían detenerse en él una muestra de confianza y agradable trato, en esas cualidades basaba su fortuna de comer a costa de una mujer o de la que se presentara, porque en los glúteos de su cerebro, la verdad, no ya que no tuviera nada, sino que eran dos balones vacías, y no sé cómo era capaz todavía de hablar.
Pasó por la puerta del cine París luego transformado o transferido en Bingo, menos mal que no se hizo de él un retrete público, que divergía hacia la calle de los Tilos, donde unos centenarios tilos dan nombre a la que era la antigua carretera de Campanilla, luego con la sucesión de pasos tomó los callejones del Perchel, y en el bar La Oficina, se tomó su primer aperitivo, sabía que le iba a salir gratis la invitación porque el tío Almansa, dueño de aquella reliquia de taberna antigua, donde parece retumbar la garganta rota de cante jondo del Piyayo o la de Juan Breba. Pero bueno, y que malagueño de hoy día va a saber quién era el Piyayo, si a la gente sólo le interesa saber dónde está el Eroski y el Corte Inglés. Aunque el tío Almansa y alguno de la Peña Taurina saben algo de esta antigua historias de los Percheles, y posiblemente Antonio Soler, héroe de la frontera y del modelo de pasión, sepa mucho más que nosotros. Nuestro liberto había notado la pérdida de un sentido necesario para los hombres de la ciudad: la elegancia de cruzarse con la muchedumbre sin rozarse un peatón contra otro. La virtud de no chocar con ninguna mirada ajena, mirarse a los ojos se está convirtiendo en un delito. Al menos si por un despiste colisionas con algún desconocido, lo menos que puedes hacer es pedirle, perdón aunque su tendón de Aquiles no haya sido roto por una flecha envenenada lanzada por el paleto de Paris, o por la honda de un David cabreado, que no sabe andar por la ciudad, andas como un arriero o no sabes ni andar por la calle por donde pasan las personas. Cruzó el puente de Tetuán, que lo estaban arreglando, desde allí oteó como perdiguero en pantano de grullas, la pequeña selva tropical de la Alameda botánica del XIX que con sus ruidos de jungla del Serengueti, evitó la huida de los elefantes con ruedas y se internó en Hoyo Esparteros, Pasillo Santa Isabel y Carreterías. Cerca de las escaleras que suben al Puente de la Aurora hay una tienda de deportes, allí compró nuestra 'hombre de la Siberia libertada una navaja con muelle elástico, y la compró con muelle (sin barcos) por una sencilla razón de seguridad personal y privada, es que cuando das un navajazo trapero o quinquillero y tienes la mala suerte de fallar a dar en duro o en una simple hebilla te se puede doblar la navaja y cortarte todo los dedos de una sola vez, coro si fuere el hachón del carnicera cortando las patas de un pollo.
Ya iba caliente porque en La Oficina de las Percheles, su amigo Almansa le había regado por dentro con un par de moscateles y otras dos Pedro Ximenes, una ración de mejillones al vapor, búsanos y un café nervioso con copa de Magno, a modo de bomba con mecha lenta, sus efectos vendrían después cuando el duodeno ulceroso se encabrita o se revela contra el alcohol macho.
-Amigo Almansa, ¿cuánto tiempo sin verte?. Pasaba por aquí, y me he dicho voy a visitar a mi viejo amigo.
-¿,Qué de tu vida, hombre?..., los otro días le preguntaba ya a mi mujer por tí. ¿Dónde andas?
-He estado en mi tierra, al madre su puso mala y me llamaron.
-Y qué le ha pasado.
-Algo de los años y un poca de soledad.
-¿Y qué tal en Portugal con Salazar?
-Si ese tía ya no manda.
-Tómate otra rondas hombre, que me da alegría verte. ¿a que ya no te acordaré de cuando trabajábamos en las minas de Villablino? ¡Qué tiempos germinales de miseria, eh! ...
La calle Carreterías es moderna, muy comercial, tiendas de muebles, máquinas de coser, figuras de santos, tejidas, deportes. Llegó a la esquina del Banco Central, donde se abría una plazoleta donde hay una panadería, el olor a magdalena le debió traer algún recuerdo divino literario, pero no, le trajo recuerdo de olor a coño. Comía magdalenas con coño ¿qué coño de recuerdos le podía traer el olor a limón de una magdalena?
Desde lejos, se veía la puerta grande de la Iglesia de Jesús de los Viñedos, pero él no entró nunca a una iglesia, jamás la profanaría con sucios pies (sus sucios pies de pecador), no fuera a ser que le cayera en la cabeza una gárgola maldita templaria o un pináculo con maleza o una botella de PVC en malas condiciones, un demonio de piedra con cuernos y todo. Allí se espatarraban dos calles estrechísimas, por llamarles de alguna forma, a la izquierda Arcos de la Cabeza y a la derecha Muro de las Catalinas. En época medieval hasta ahí llegaban las murallas de defensa de la ciudad, de eso le viene su nombre, muro o muralla, topónimos de como Puerta Nueva, Calles Cisneros, Mesón de la Victoria, Mesón de San Rafael, todos estas nombres es la único que queda del testimonio del antiguo pasado medieval de Málaga, la nueva Celia Gámez se está cargando el casco antiguo.
En el segundo callejón a la derecha, sin salida, del Muro de Las Catalinas se encontraba el Hostal Zamorano, recibido del nombre del callejón, el pavimento todavía se mantiene de piedras negruzcas y pulidas por el abrasivo paso de los siglos, tendrá ].a calle tres metros de ancho, en la fachada izquierda no hay una sola puerta, todo es una larga y alta pared de clausura, muro de un convento, como si los vecinos se hubieran marchado a abrir sus portales a calle Carretería. La estrechez de las calles en esta zona, hace que el sofocante calor de Andalucía mantenga entre sus laberintos urbanos, la humedad de las noches, y se prolonguen casi todo el a, y es que en este casco antiguo de origen árabe, algunas calles se llaman pasillos, estrechos como los de Antonio Pérez, Nosqueras, Nártires a Pozo Dulces, son tan estrechas que no cabía un caballo. La entrada de nuestro Muro, el olor de un bar le hizo entrar en él, más el camarero que lo reconoció, por -poca lo echa a patada olímpicas, le debla dinero, y es que un bebedor sin dinero es un alcohólico borrachuzo, en cambio, un bebedor con dinero es un cliente que se ha tomado unas copas de más, y sólo que a la samaritana camarera le diera por avisar a un taxi. Un camarera mientras el cliente pague le sirve hasta que el hígado se pele a puñetazos limpio contra el bazo. Lo importante son las pelas.
El portugués, guiado por un impulso irreprimible como quien es atraído por la resaca de una ola, siguió hacia el Hostal donde sabía que encontraría a Jacinta para un bis a bis, su rostro, su rostro empezó a cambiar por un nerviosismo de incertidumbre, últimamente no se había portado bien con ella, y esa calle, tan singular, tan llena de putas, traía muchos recuerdos de cuando se dio a la bajeza de ser un limpiaescupidaras, su faz se convirtió en un desguace de miradas por culpa de regurgitar de la bebida y la sospecha de que alguien le seguía dando taconazos. Avisó a través de una ventana enrejada a la carne de sus tetas, que estaba asomada allí como en un escaparate esperando a algún cliente de los que pasaban por la calle disimuladamente.
-Dile a la Jacinta que salga.
Salió la Jacinta a la calle y estuvieron hablando mucho tiempo de sus proyectos, aunque ella habla ido a visitarle muchas veces a la cárcel en bis a bis. Encarni había hecho un doble aviso, una a Jacinta y otro a mí, que supo de la llegada de el portugués. Su llegada iba a cambiar el destino de todos. Se quiso imponer, yo le había quitado el puesto, en ese momento cogió el alambre de la cisterna del retrete y me lo quiso meter por el ojo con la mala fortuna de que se lo hincó al gato de angora.
siete de Enero (desde una lobera...) 6 de la mañana
7
Una no sabe qué es mejor si tirar la toalla o cagarse en ella, o limpiarse el culo con la toalla de un hotel de lujo, me da igual, yo soy una puta de lujo, lo que se dice una tía buena hasta para ser un asesino, pero no miro al abismo del suicidio, todavía no, no puedo reducir mis días. Esta tarde dibujaré en la pared de celda con la tiza de mis excrementos un gran boquete, un zulo por el que huir, y es símbolo, sin duda de que tengo unas diarrea que me van a matar por el culo, cuando una desea pintar la paredes con mierda es que se acerca el día en que han llamado del otro mundo, eso si que no deja marcas ni señales, te vas y se acabó.
El Eustaquio, un enfermo más esquizofrénico baboso, más loco que yo, fuerte como el tridente de Neptuno, espeso de brazos espera su momento, su oportunidad de venganza contra mí, por eso prefiero no salir de esta celda, que cierran con llave por fuera. Antes, en el cretáceo de mi estancia en esta lujosa residencia de espectro y sueños que se mezclan con la claridad de un todo imposible, me ataban a la cama con correas, con cinchas de caballos salvajes en un paisaje de mar domado por una mujer, la domadora de caballos salvajes, después de, después simplemente sin de, que se me ocurriera escapar, escaparme (salir volando a través de la estructura molecular del ladrillo -sustancia domada de la arcilla- y la cal viva). El Eustaquio y el fantasma de la Manuela me persiguen cada noche, ¡qué bien estaría yo, muerto con llave, enterrado bajo llave!, desenchufado de la frente de la vida, sin pensar en los Pascuales ni en los niños de Dikens. Quiero escribir algo de humor:
Un vigilante del Psiquiátrico (se murió de infarto, en acto de servicio, con una jeringuilla en la mano y vestido de bata blanca), busco en mi mente uno de cara desconocida, de cara no conocida en al remoto pasado, y que no consigo recuperar su cara en mi necropsia cerebral, me ha traído un paquete abierto, es un libro que mandé pedir: Luna de Lobos de Julio Llamazares, natural del desaparecido pueblo leonés de Vigamián, un pueblo a cambio de una presa, una presa como la del Porma en la que trabajó ingeniero de caminos Juan Benet, y en sus ratos libres escribiera Volver a Región, sin haberse siquiera marchado. En aquel paisaje mineral berciano enlutado siempre de verdes, castaños centenarios, carbón y vinos. Quería saber cómo vivieron aquellos huidos republicanos, y cómo resistieron en una supervivencia tan dura en la España del norte lluvioso. También en las Sierras de Almijara hubo bandoleros, en Cerro Lucero, la Partida del Roberto, y en muchas parte de España me suena la lluvia amarilla. Algún día escribiré una novela que se llamará "Mi aldea perdida", y relatará la vida de mis antepasados, llamada “Isla de Ogigia” también conocida por alea de la Acebuchal.
Puede ser Afrodita, me comprendes.
Voy perdiendo la memoria fisonomista, he pedido el falo mental del vigilante al que revólver, aunque en el conjunto de sus ojos, nariz y orejas, me trae el profundo recuerdo otro persona que ahora un quiero nombrar. Sigo siendo un escritor aunque no tenga un solo lector. Aquel premio Gabriel Síjé de la CAM de Alicante me valió, con la novela “El jinete alcoyano”, para salir del anonimato y tener una tertulia en radio Altea, luego en la Voz de la Axarquía, me apreciaban mientras no me conocían, pero como el deseo quiere alcanzar el objeto, se inicia una carrera enfrentada, el público por conocerte, el locutor por ganarse la audiencia, y cuando chocan, porque se ha terminado la búsqueda, querer significa buscar, se desmorona ese halo de misterio, de secreto que mantienen vivo el deseo y se acabó, te presentan el finiquito y adiós, bajas del Olimpo a la velocidad de uno que se arroja por un puente, sin cuerda, hasta llegar al fango del olvido, a las ciénagas de la desesperación y el desequilibrio.
CAPITULO Primero
Por la tarde, empiezo un relato nuevo.
Título: El tedio de un domingo.
Género: corto de humor.
"¿Coño dejarme tranquila!" fue la última frase que escupió mi abuela, por parte de madre, luego se quedó sorda como una esquina, pero a pesar de disfrutar de una sordera superlativa, poseía un don especial para captar cualquier asunto de la pela, hace tiempo que sus ojos se han quedado fijos en el techo de su habitación, inmóviles como si en aquella superficie desconchada estuviera escrito el secreto que había buscado durante toda su vida: que le de dejaran tranquila ¡coño!, de una puta vez. Se había puesto muy gorda como si se hubiera comido a un amante con cuernos y todo, aquel admirador que le persiguió siempre de 7´30 a 9´45 hora. Quería que me prestara atención y como no lo conseguía, le dije su frase mágica abuela quieres cien pesetas. Al instante la abuela dobló el cuello de ave rapaz cubierto de encajes. ¿Qué, qué..?, su avaricia le despertó por primera vez de su letargo en muchos años y abrió uno de sus ojos de gavilán atento. ¿Que si quieres un té, abuela? Con desilusión de hipopótamo me negó. No, que tu siempre me lo envenenas.
Bajé a la cocina, era uno de esos domingos tediosos en los que mi familia hibernaba hasta las once o las doce de la mañana y el servicio libraba, después se ducharían, se vestirían de M-30 y se pondrían frente a la catedral de la Almudena a misa de 13 porque no había de 14 horas desde el Concilio de Trento. Después de calentar el agua metí en la marmita el escapulario de té, cuando el agua estaba para meter el dedo de firmar se fue el gas, y cambié la bombona un par de veces para hacer un poco de aductores de espalda, y ahorrarme una sesión de gimnasia, apunté en el diario de cocina que había cambiado la bombona y así me ahorraba un día de bajar la basura, porque todo esfuerzo en casa estaba sopesado y controlado. Preparé dos té, el de mi abuela y el mío, me lo iba a tomar con un poco de leche condensada, puse su platito y una cuchara y empecé a hacer vapores encima del té y así reblandecer un grano, obra de un mosquito aviador nocturno equipado con ametralladora.
Luego preparé una bandeja y le subí el té a la abuela, tentando con los pies enfundados en babuchas los escalones alfombrados de la escalera con pendiente que siempre me cansó como un Pirineos, sobre todo un domingo en el que todo ruido estaba condenado al pago de bulas y cada esfuerzo debía ser objeto de anotación para ser recompensado. En la habitación corrí las cortinas con sus aros de bronce que sonaron como un acorde de aviso conocido, la diana matinal estaba prohibida hasta después de las doce. La blancura de la cara de mi abuela se difuminó en la luz y era un mancha de polvo de marfil sobre la almohada. El día se había encharcado en limón con té, se murieron mis ojos ante la invasión de la luz. Cuando mi abuela se fue al té, sin tostadas, sin mantequilla, sin zumo, sin una flor, como ella estaba acostumbrada a ver cada mañana con la sirviera Matilde, lo enfrió con la mirada y se levantó por primera vez en siglos, se quitó el camión blanco de fantasma se sus maletas y se marchó de casa para siempre.
El gato Mustafá, silencioso como un tímido sin corbata, pasó indiferente como si aquello no fuera con él, se rascó el lomo por la pata de la cama, como pensando en la inutilidad de joven como yo.
Los geranios se me pusieron respondones culpándome de la falta de riego.
El domingo servían paella, papá, después de misa, se metía en traje de luces de cocinero, después de que nos la comiéramos nos interrogaría varias veces sobre el punto divino del arroz, de la añora, del punto de retén, del toque maestro, de las clases que recibió de su amigo alicantino cuando hizo la mili en el fortín de Los Llanos en Albacete. Estaba buena, pero quería elogios a cambio de su arte culinario, y lo peor que nos sabía de la paella eran los interrogatorios sobre la misma. Cuando fui a contarle lo de la abuela, me mandó a buscar pimientos y hacer de pinche.
Mamá empleaba la tarde del domingo en levantarse, luego escribía unas páginas en su diario secreto, y una novela interminable como uso de su vida, nunca acabaría, si escribía cuatro páginas rompía luego tres o cinco, siempre con la misma novela, cuyo argumento nos sabíamos todos de memoria, el protagonista Emilio tenía un velero, y la chica se llamaba Ana y estaba loca por él, una novela de amor, cuyo título nunca acabó de decidir, una veces se llamaba "La pasión Mediterránea", otras, "El amor brujo de Ana", pero siempre era la misma. Mamá se desahoga con la novela, en ella ahoga sus frustraciones de ama de casa o licenciada en el hogar, al casarse con papá dejó una beca para estudiar en Virgina. Por la noche tocará lectura en familia de las páginas escritas, y a opinar. Cuando fui a decirle lo de su madre, me mandó a los infiernos de Dante.
A mi hermana Mari Carmen se le rompió una uña y se marchó a urgencias con el novio, un desconocido que quiere ganarse la confianza de ella y de los demás con sus sonrisas de macho de anuncio de tabaco rubio, un cara que desayuna, come y cena en casa, eterno estudiante que nadie sabe cuantas carreras acarrea o asignaturas arrastra. No me dio tiempo a contarle la fuga precipitada de la abuela.
El abuelo, general retirado de Infantería, se metió dentro del ABC que había comprado casi de noche al amanecer porque dormía poco, cuando quise contarle lo de la abuela se refugió de nuevo en su tanque de hojas, lechuga de papel con grapa, sin dejar de leer con los Wolman puestos, me ignoró como siempre en un desprecio de inutilidad. Para él todo joven era un inepto bribón.
Mi ocasión fue la hora de la cena, y cuando dije: la abuela se ha fugado, ni caso, ni me atendieron, entonces dice sin tapujos: la abuela se ha quedado embarazada, todos me miraron con un queeeeeeeeeeeeeé... largo, muy largo, agónico, y sin soltar la cuchara subieron armados hasta la habitación de la abuela donde comprobaron que era verdad lo de su fuga y tocata de Lolita.
Mi abuela conservaba el título de adelantada o duquesa de Frigiliana, un pueblo colgado en la cornisa de la Sierra de Almijara en Málaga, título nobiliario otorgado desde los Reyes Católicos, de la herencia solo nos quedaba el título debidamente timbrado y el escudo borroso de armas, la abuela así no hubiera sido tan buena y hubiera metido la mano donde no debiera seríamos ricos de verdad.
El piso donde vivíamos cerca de Puerta de Hierro cabía dentro de trescientos metros cuadrados, estaba gravado con una hipoteca de un cerro de millones, prorrogada no sé por cuanto años hasta la quinta generación...
(Continuará...)
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...tal vez no debiera confesarlo nunca jamás ni en una declaración interior silenciosa como confesión última antes de morir deseos como una denuncia a mi otro yo no obstante es verdad que cometí incesto con las cabras de mi padre o fue con mi hermana Rosa la más pequeña jugando a médicos y practicantes en definitiva juegos de amor insustancial en imitación a los actos de los mayores que ella no entendía con maldad ni con delito de códigos abierto mientras mi madre se iba a contrabandear al puerto y nos dejaba solos en el cuidado mútuo encerrado en la casa alquilada del Muro y además posiblemente con mi madre también hubiese hecho yo lo mismo un incesto histórico más pecador que con mi. hermana Rosa si hubiese yo insistido o si le hubiese suplicado con lloriqueos y con genios porque ella fue capaz de dejarme dormir en su cama como calefactor o bolsa de agua hasta los doce años y me la tocaba y ella hubiese hecho cualquier sacrificio por mi porque yo era su hombre de casa aunque no su único hombre y para compensar esa falta de amor por parte de ella yo en soledad me ponía las enaguas de mi madre y me vestía con ropas sedosas y sutiles y me masturbaba en silencio mirándome al espejo del armario esperando el desbordado deseo maternal más profundo mas engendrado y pecador que la experiencia tentadora del ángel fornicador mueda experimentar o que expelen sabías de nabos en sonrojados deliros de pasión con la tremenda imagen de mi padre Palifemo borracho pegándole a mi madre mi madre con la correa mientras él se reía una y otra noche y los hijos nosotros traspuestos de miedos nos defecábamos escondidos debajo de las mesas todos en silencio por eso mi otro yo dice que lo maté hasta que este odio paso a mi madre cuando ya en la gran ciudad del Mediterráneo mi madre pagó una deuda que la llevaba a la cárcel con la virginidad de mi hermana María de trece años al capitán inglés de la marina mercante rubio oriundo de las colonias trayéndole a la casa y mi hermana recibió una bofetada por negarse en principio al acto sexual sin éxito de resistencia y más tarde hubo que amarrarla a la cama para que se la follara y más tarde hubo muchas visitas de hombres desconocidos que nos traían regalos y dejaban billetes de banco auténticos en la mesita de noche un carton de rubio y una bola de queso holandés hasta que se hizo mayor mi hermana y nos dejó ¿por qué todas la mujeres que me rodearon fueron prostitutas? mujeres necesitadas en las aceras de la marginación donde son poseídas por hombres de ojos desnudos sin escrúpulos como lo fui yo luego también sin entender nada al principio de mi adolescencia sino siguiendo lo que había visto en mi barrio marginal porvenir de jóvenes hombres y mujeres hundidos en el lodo y en la droga y en el hambre dicen que mate a mi padre para limpiar el mundo de gentuza y en sueños veo al satanás de Fenistófeles ofreciéndome el puñal del sacrificio todo de bronce con una cabeza de dragón en el puño largo y puntiagudo bayoneta de la guerra o la muerte pero me dijo que era un cuchillo que no mataba sino que limpiaba de males el epíritus...
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METARRELATO A
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INTERNET.- Juegos On´line. El efecto lag.
Cuando se tiene un módem de baja o media velocidad y decidimos enfrentarnos en duelo a muerte con un cow-.boy (al otra lado del Atlántico y de la calle A) que emplea una conexión por cable, y artillería pesada, lo lógico es que suframos el efecto lag, o lo que es lo mismo un problema de intercomunicación. Si descargamos nuestra artillería contra la suya el resultado no es que no se muere sino que desaparece para volver a aparecer por detrás y pegarnos un tiro en la nuca. Es lo que sucede cuando se juega con equipos de diferentes velocidades. Aunque nos creamos que el enemigo está delante en el monito, hace tiempo que inició una maniobra de evasión. Lo cual sucede con todo enemigo más rápido que la luz del rayo, cuando oímos la tormenta hace tiempo que estalló.
VIRUS EN LA RED:
Los primeros virus aparecieron en 1994 en EEUU, con motivo del despegue masivo de Internet. Jesucristo García de Omondo fue el primer haker a quien le instalaron como pena un marcachiperflauticointernatiluispokernomisoft, www, en el pene.
Los caballos de troya, o troyanos, no son propiamente virus, carecen de características de autorreplicación que define claramente a este tipo de sofware. El verdadero peligro de los troyanos consiste en ocultarse bajo la apariencia de una aplicación útil, como un antivirus, por ello pueden llevar asargento una acción indeseable. Se presentan muy sutilmente, como “Esto no es un virus”. “Regalamos móviles” El romanticismo acabó con el neocrasicismo por culpa del alemán Schleger, anticlásico y antitodo, fascista y nazi, diferente a no es lo mismo que antídoto.
.ATENAS (efe).- Las elecciones pantahelénicas conseguían en las urnas una mayoría suficiente para que Filideo Papandreulopoliñolikos, el donador de hombres. se haga con el triunfo, la incognita es si podrá cumplir su programa político de acabar con la guerra de Troya que tantos hijos de aqueos ha costado. Una guerra que no debi6 empezar nunca. El Miércoles, el rey Melenao, recibirá en su palacio del Pantenón al virtual presidente electo Filideo Papandreulopolikolikos en una ceremonia sencilla de primera toma de contacto. En el foro habrá un entrega de coronas de laurel al monumento en recuerdo de los héroes desconocidos, caídos en el campo del honor.
Miles de seguidores, unas con carros, otra con corceles briosas y lo más a pie, celebraron por las calles de Atenas, teatros y foros, la victoria del partido ganador. Se sacrificarán diez toros cebados de Carinto y cien ovejas de Macedonia, para pedir oráculos a los Dioses, y protección por los héroes en el sitio de Troya. Se especula que Aquíles recibirá un ministerio, posiblemente el de Defensa. Paris raptó a Europa sin que ella se resistiera, algún día será rescatada y habrá increibles momentos de paz despues de increibles momentos de guerras.
TROYA (efe). Estas días salta a la presa local de Hirasslik, la investigación de un juzgado por la muerte de Estiquio y Arcesíla, el beocio, a manos de Héctor y encubierto posiblemente por Eneas. Desde el juzgado se ha comunicado que no se ha levantado por ahora el secreto del sumario. Podría reactivarse la guerra. Los griegos son ambiciosos.
TROYA (efe). Los teucos, valientemente, resistieron un ataque sobre las 4 A.P. de los rebeldes aqueos, en las fuentes de Juna, las flechas saltaban de las cuerdas de los arcos, buen número de lanzas ocultaron la Luna, gritos y tambores resonaron hasta el amanecer. Los aqueos huian espantados hacia sus naves al ver la bravura de nuestros entrenados en la más severa disciplina de la guerra y protegidos por los dioses, Hubo muchas bajas entre los protegidos por júpider y Apolo. Se recuperaron muchas armas enemigas: arcos, lanzas, escudos, cascos, carcaj y banderas, lo hubo prisioneros.
ARTÍCULOS DE OPINIÓN DESOPINADAS
EL ERROR DE LAS CONQUISTAS
(Por Patroclo el Divino)
¿Sirvieron de algo el gasto de vidas en las consultas griegas?. Esta sería la pregunta de un talento de oro. Al principio nadie se dio cuenta de nada porque la parafernalia de las conquistas había importado Sustos raros de oriente, traída sin duda por los hombres de Alejandro Magno y los caravaneros de la ruta de la seda, teucos, yenenitas v otros. Se impone, el desencanto de los hombres, que toda civilización ha de pagar a la liquidación de su Imperio, y a ella se une la invasión de gentus o bárbaros, que tanta Inseguridad ciudadana provocan.
Hace ahora algunos años, cuando el amanecer del desengaño ensombrecia a algunas generaciones de fugitivos, algunas senadores quisieron liberar a los esclavos, y Espartaco no triunfó, porque los esclavos, nunca pueden ser hombres libres, no saben serla porque su barbarie (en la mayoría de los ca5o5 no conocen el griego y un hombre que no conoce el griego no se puede llamar civilizado ni libre) leshace ser comparable a los animales.
Las campañas en Egipto, Mescopotamia u Oriente, fueron un fracaso, no se lleg6 a ninguna solución de nuestro problemas internos. La irrupción del taoismo solo trajo la moda de la Acupuntura, el yoga y la meditación transcendental, sin que nadie se diera cuenta de principios opuestos. ¿Y qué me dicen de la conquista de Persia con la moda del mazdeísmo de Zoroastra que tanto irritó a Zeus. Tampoco sirvió de nada la guerra civil del Peloponeso entre Esparta y Atenas; la paz larga de Egospótamos, solo trajo a Atenas el gobierno de los treinta tiranos,
(Patroclo, es profesor de historia en la Biblioteca Alejandría)
Jerusalen (Efe).- Durante la mañana de ayer, el profeta Natán recibió al rey David en la sacristía del templo, ante la suprema justicia divina, fue interrogado como uno más de los mortales, sobre si él había tenido algo que ver en la muerte de Urías, el esposo de Betsabé. Fuentes cercanas a la corte confirmaron que le acusó con pruebas irrefutable. "Tú eres ese hombre", le dijo el profeta Natán con el dedo acusador de Yavé. A últimas horas de la tarde y antes de cerrar esta redacción no se pudo confirmar la noticia con escriba del Palacio de David, nadie quiso desmentir nada.
Otra.-
JERUSALEN.- Corresponsal Javier Esquinomosat.- 30.a.C. El primer minsitro palestino podría dimitir durante la reunión del palamento que se inicia hoy en ramala, si no obstine el apoyo, que para su política de “hoja de ruta”, necesita , explicó en portavoz de información Mazzenhometio, poderes adminstrativos que han de serle confiados sin reservas. La gravedad de la crisi es tan evidente que el propio primer Ministro se ve entre la espada y el escudo de los romanos. Miestras Yasifariofas, cree que la dimisión es inminnete, según fuentes de la presan del Ayatal, o prensa oficial. No solo amenza con abandonar el poner sino con trasladar su residencia a Alejandría. Los 83 miebros del Parlamento han hecho balance de los 10 días de Gobierno, y podráan someterlo a un voto de confianza.
BABILONIA.- Alfonso Rojistierko –corresponsal.- 700 a-C.- Lo más divertido y ameno que ocurrió en el prolegómeno del acto de entrega del mando de Josofaster a la Colación de las Naciones, sucedió cuando la banda de música de los atenienees acabaron su marcha y en la grada alguien, con voz de un varón en celo, al modo de pastor de Tartessos, gritó: “Ahora... ¡un pasodoble! Agarrao”. El resto de la ceremonia, en la que la segunda División de ateniense, argivos y melenaos, fransfirió a la División Multinacional el control de las provincia chiíes enclavadas entre Basora y Bagdad, se ajustaron al programa establecido. Los guerreros griegos tenían un elevado sentido de la puesta en escena y no olvidaron detalles del protocolo m´ñas estricto y militar, como es de costumbre entre los atenienses y espartanos. Darío, estaba oculto en algún lugar del norte del pais, portegido por sus partidarios, según noticias de ultima horas, podría caer en manos de los que están al lado de la libetad.
Como escenario, eligieron el antiteatro levantado por el denostado Darío sobre las ruinas de Persépolis city. Izaron dos banderas de similares dimensiones, la de estrellas y la de Alejandro. Después bajo la batuta del maestro Kisakiosteros K. Con tonos solemnes invitaron a los asistentes a sentarse, ponerse en pie o saludar, fue el justo momento en que entraron los verdaderos protagonistas: las tropas de coalición. Primero habló un capellán ateniense, con un sermón marcial y poético, para concluir que no habían venido a Mesopotamia a conquistarla sino a liberarla del tirano de darío. Uno de los generales atenienses tuvo la gentileza de hablar el ibérico, el fenicio, el egipcio y en latín vulgar.
NUEVA YORK.- Corresponsal: Frenedilla Hill.- años 2550.- Un antiabortistas será ejecutado a la pena capital, será el primer mártil por la vida, paradojas. Se trata del prestiteriano Patroclo Causascivil que mató a un médico y a su guardaespalda por la casua antiabortista. Las Asociaciones por las libertades Cicviles y Pro derechos humanos, le consideran un mártir en defesna de los no nacidos. Con esa enésima pena de muerte no estamos evitando la violencia sino que la alentamos, el odio engrendra más odio.
He leído“Paloma negra” de Martha Daza, una escritora Colombiana. En la revistas digital Los Conjurados.
Mona, tu serás mi castigo, me gastaré buscándote para que golpees mi rostro y me digas puta en cada amanecer. Te imploraré amor y lo conseguiré a fuerza, cerraré los ojos a tu ninfomanía. Me dictarás la orden de no enamorarme de ti -como si el amor pudiera ser decretado, creado o borrado a voluntad- y no te escucharé, ni te obedeceré, a cambio te poseeré como un macho sin herirte ni rasgarte. Me apoderaré de ti como un hombre que se cree con derecho de propiedad y de uso.
Todas las noches, el hombre se desliza entre la sombra que invade el aposento, me besa entre mi miedo con su baba fría me atrapa contra el muro. Él es grande y fuerte y me apabulla. Yo seré como él, dominaré, lameré con su fuerza contra el asco, temblaré de frío, de miedo y de placer en una sola arcada que escupa esta masa que me aplasta adentro. Osita de felpa, niña, osezna sin arma que me ofenda, rompecabezas incompleto, serás paz y pavor en mi extravío.
Me gusta contestarte:
He leído “Paloma negra”, de Martha Daza es brutal, sanguinario, agrio, fuerte, real, barriobajerotelenovelero, con un lenguaje del alma que ha sufrido, mujer representativamentesudadadebesos, pero está muy bien escrito, una pequeña obra maestra.
Yo, nena, trasladas a la piel de mis besos, seré tu correcaminos de tu cuerpoajomanodadoguitarrero, y en cada seno dejaré la huella de mi beso y de mi dolor, como un recuerdo del tiempo en que fue buen amante, y el mejor de los putos, y el más navajero del barrio y el que tenía una polla por cerebro. Aí nena, te seré fie seguir de la mente que se cogula con tu sangre en la mestruación que florece entre los jarrones de tu juventud.
Continuará...