Carmen Fernández en un retrato al óleo por Miguel Fernández (hijo).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                           Álbum de fotos familiar        

 

 

 

    Memorias de mi madre, Carmen la de Emilio,  escritas de puño y letra en Málaga durante 1993.

 

 

     Carmen Fernández Fernández. Mis memorias. Tengo 69 años, nací en la Acebuchal [Cómpeta] el día 26 de julio de 1922, en el carnet de identidad pone el día 29 del mismo mes. Mis padres se llamaban Emilio y Virtudes. Mis abuelos procedían de Cómpeta y de la Acebuchal que es una barriada de Cómpeta. Cuando tenía 4 años mis padres se fueron al cortijo del Mayarín ya estable porque mi padre pasó una pulmonía y no quedó bien, y para venir todos los días no estaba y además la Acebuchal es muy fría porque el Sol no da en el invierno hasta las 11 de la mañana y se va muy pronto.

    Pues de esos cuatro años que estuve en ella recuerdo algunas cosas, me acuerdo de la gente que vivían, fui algunos  días a la escuela, me castigaron una vez porque pedí permiso para beber agua y fui al barranco a la fuente y Anica la de Plácido me utilizó para que le ayudara  a llevar unos manojos de esparto a su casa, cuando me vio la maestra con ellos, me castigó, que fue el primero y el último en todo el tiempo que estuve en el colegio.

    Recuerdo más cosas de la primera vez que vi un macho montés que lo mató el casero que en aquel tiempo estaba en el Cortijo Clixto, que se llamaba Eulogio y lo pasó de noche por la Acebuchal para Torrox, sería para venderlo. Por aquel tiempo hicieron el canal del Salto Grande que sale de Limán al río Chillar [donde] trabajaron los jóvenes del Acebuchal, estaban mis dos hermanos Emilio y Antonio, y Paco iba a llevarles el hato…

    Yo era muy poquita cosa, no me gustaba nada comer, [bebía] café negro, la leche [de cabra] ni probarla, siempre estaba mareada como ahora y así me fui criando por eso no era  mucho [cuerpo]. Las comidas de hinojos nos las quería, todas las comidas me sabían a algo raro, y era muy asustona, pero la mayor culpa la tenían mis hermanos que me asustaban para verme llorar.

    Era muy amante de los gatos, tenía que dormir con ellos, y cuando se metían en las pencas, que allí  había muchas, ya tenía llanto para toda la noche, menos mal que mi cuñado Miguel el de Patamalara que en aquel entonces vivía en la casa de mi abuelos Pepe, que estaba muy cerca de la nuestra, había que subir una asperilla nada más y el me llamaba los gatos y salían de las pencas, entonces ya me quedaba tranquila.

    Bueno nos fuimos al cortijo del Mayarín en mes de febrero, lo único que recuerdo es que todos llevaron algo, y a mí me dieron un pollo metido en un cenacho no era muy grande pero cuando iba por enfrente de la Acebuchal, antes de llegar al ventorrillo, no podía más con él y lo dejé en el camino. Cuando llegamos al cortijo lo que recuerdo es que había mucho cielo y mucho Sol. De los muebles de la cama que tenía una colcha de ramos de colores que mi madre le decía de tela zarasa (sic) [zaraza, tela de algodón muy ancha].

    También me acuerdo de mi hermana Virtudes era una niña grande como Laura ahora [su nieta Laura]. Cuando nos fuimos al cortijo yo tendría 10 años. Mi padre [Emilio Fernández González] estaba malo, enfermo por temporadas, cuando estaba mejor era un poco fastidioso, teníamos que andar más derecho que una vela, porque si no hubiera sido así con tantos como éramos qué hubiera sido sin un control. Por ese tiempo vino mi hermano Emilio de la mili, que en aquel tiempo se decía servir al Rey, estuvo en Madrid, en Caballería.

    Como mis hermanos ya eran mocitos les gustaba salir de noche, cuando terminaban su labor y cenaban, no todas la noches, sino los domingos y jueves, mientras los que quedábamos si era invierno nos arrimábamos al rincón del fuego, y mi padre nos contaba muchos cuentos como el de “La cabrita y los 5 chivotos”, el del lobo que tenía las patas blancas y las asomaba por debajo de la puerta para engañar a la cabra; o “Juanito el malo” que se sentó en los huevos de la llueca; el del “Príncipe y la doncella”;  muchos acertijos porque mi padre antes de estar malo fue muy fiestero. Porque como él tenía un burro, él salía a los pueblos a comprar los comestibles y se  llevaba del cortijo las cajas de pasas a Málaga, en ir y venir echaba 3 días, en ese tiempo comía en las tabernas y ventorros y aprendía muchas cosas y después las contaba en casa, una eran noticias y otros cuentos.

     En aquel tiempo, él contaba de los bandoleros de “El Tempranillo” y de otros, más las fechorías que hacían de los secuestros, uno muy famoso es del molino de Río Chillar Maeso (sic). Y más y más cosas que no sé poner [escribir]. Porque entonces todo era contado, cuando iban al pueblo compraban el periódico y se leía al que no sabía. Yo recuerdo cuando murió Primo de Rivera [1930], que venía fotografiado en el periódico. Mi padre fue uno de los primeros que se enseñó un poco a escribir y leer en la Acebuchal, por Baldomero el Obispo que se crió en Cómpeta y se casó con una de la Acebuchal y les daba clases de noche a los mozos que se iban a la mili para que escribieran a su familia. Después cuando nosotros teníamos edad, él [mi padre] nos enseñaba y todos los 8 hijos, unos más y otros menos, todos aprendimos algo, mi madre nunca aprendió pero fue porque no tuvo tiempo, tenía tantas cosas donde emplear su tiempo, que nunca lo hacía [se ponía a aprender].

    Luego, cuando tenía 10 años empezamos a ir a la escuela de la Acebuchal con mi hermana Salvadora y tita Edelmira y Rosario la de Pepe Wenceslá. Nos íbamos juntas [desde el cortijo del Mayarín a la Acebuchal], empezamos en el años 1933 hasta que empezó la guerra civil y echaron a las maestras y ya no volvieron nunca más.

   En este tiempo ya estaban casados mis hermanos: Dolores, Emilio y Virtudes que se casó en el año 35, en  diciembre, el día 29, cuando ya estábamos todos grandes. Por el año 34, mi cuñado Miguel el de Patamalara [casado con Dolores], rifó una radio para recuperar dinero para hacer una capilla en la Acebuchal, que ya estaba medida por Clavijo, de las casas alteras de Antonio Simón y su hermano Miguel Simón, que le decían Miguel el de Eloisa, para que mejor se entienda, el de los Corrales que eran de mis tíos hermanos de mi madre. Bueno pues con la buena suerte que la rifa le tocó la radio al mismo que la rifó, a tito Miguel el del río Patamalara. ¡Bueno ya tenemos radio! Pero no había luz, y había que ir a la fábrica de la luz de Patamalara donde él estaba trabajando y enchufarlo, y nos íbamos de noche unos cuantos jóvenes, los primos y amigos del campo del Mayarín, porque de día teníamos que trabajar, que lo hacíamos desde la mañana hasta que nos acostábamos, porque la vida de aquellos tiempos era muy trabajosa, porque no había máquinas para todas las cosas, lo único que había era para coser y para picar la carne de las morcillas y chorizos y había que darle con la mano a la manivela, que salíamos con el brazo dolido.

   Como nos criamos en el campo no teníamos luz eléctrica, el cantil y un quinqué de petróleo, y con esa luz todo se hacía, coser, bordar, ganchillo, escribir, hacer de guisar las comidas y los juegos de azar con las cartas que también se jugaba. Como esto lo cuento para mis hijos, pues le digo todas estas cosas porque ellos se han criado en la ciudad y más que yo, desde que me casé ya viví en los pueblos y cambió mi vida.

  

   Pero sigo con lo mío, el cortijo del campo como vosotros lo conocéis ya [ahora], pues os hacéis una idea cuando yo chica se componía el cortijo del salón con cocina, rincón donde guisar y echar lumbre para calentarse,  porque en el campo hace mucho frío, en invierno hasta nevaba algo; un dormitorio y una cuadra.   Cuando se recogía todos los frutos, las pasas, higos, se enceraban [meter en ceretes] para comerlos y los animales también. Las aceitunas que teníamos muchas y todas las recogíamos nosotros entre mis padres y hermanos. Ya se metía el aceite en unos butacos (sic) [recipientes de latón] y había para todo el año.

 

   Bueno viene la matanza del guarro, se hacía antes de Pascua, empezaban los preparos, se trae la leña gorda, un saco de sal, cebollas, dos o tres arrobas y los aliños para las morcillas y chorizos. Se convidaban a los hijos casados y nietos y los novios y novias de los que no estaban casados. Esa día comíamos del guarro las asaduras y el magro, una buena fritá, después, al otro día se hacía un buen cocido ¡que estaba más rico!, y también las morcillas calientes ¿y que te digo del malcocinao y chicharrones?, de una matanza está todo bueno ya lo sabéis.

   Como nos juntábamos muchos ya se hizo el almacén que servía para meter los frutos y después para dormir, lo que hoy es la cuadra, delante del cortijo, se hizo primero para dormitorio, tenía un terrao para diversión de los niños que le gustaba mucho jugar a todos, y se usaba apara poner las calabazas que se recogían de los bancales y se curaban muy bien.

    Ya después  de la Navidad siempre se preparaban cosas para comer, pero lo más importante eran las tortas de aceite, ¡tan buenas! Que se hacían en el horno y roscos, buñuelos. Se pasaba muy bien con mucha comida, criado casi todo en nuestra finca, no como ahora que todo pasa por los frigoríficos donde pierden todas las sustancias.

   Se terminaba el año, gracias a Dios.  Después llega el nuevo año y se empieza otra vez de nuevo a criarlo todos los frutos, animales y todos los menesteres, lo que no se criaba en el campo se tenía que ir al pueblo (Frigiliana, Torrox o Cómpeta) a por lo demás y  el pan cuando no se hacía en nuestro horno, íbamos a los Cuatro Caminos, a que pasara el panadero y esperábamos a que llegara, nunca se estaba sola, acudían más gentes y por lo menos no se estaba sola.

   Los muchachos conviene mucho en las casas de campo porque están para todo los recados y trabajábamos mucho porque son muy aparentes para mandarlos a todos los sitios que hacía falta y cuando llegaba la noche estábamos cansados de tanto andar por las cuestas y caminillos [es decir, que los muchachos hacían de teléfonos móviles]. Se me viene a la cabeza que  la primera foto que tengo fue con 15 años o más y tuve que ir del cortijo a la fábrica de la luz del Río Patamalara, donde estaba mi hermana Dolores, que por cierto la tiene mi Ramón y la segunda fue en Nerja, fui en dos ocasiones, una de medio cuerpo u otra de carnet para mandársela a mi novio que estaba en la provincia de los molinos, en Ciudad Real, el año antes de casarnos, que todavía la conserva en su cartera, el de carnet.

 

    No sé si puedo contar bien todo esto que quiero expresar en mis memorias.   

 

   Cuando tenía 16 años me puse novia con mi marido, él tenía 18 años. Fue el 10 septiembre de 1938, lo cogieron para la mili que todavía estaba la guerra y estuvo en Málaga en el Campamento Benítez unos pocos meses, seis meses. Pasó el colorín [sarampión]. Nos veíamos algunas semanas cuando le daban permiso el fin de semana, escapado salió para los frentes en Sierra Nevada por las Alpujarras,  en Peña Jabalí, campamento de Capileira, Carcojo Negro, se pasó todo el invierno ya en abril del 39 se acabó la guerra y se lo llevaron a Adra (Almería). Todo ese territorio lo anduvieron a pie cargado con el macuto y armamento y con los piojos que llevaba en el cuerpo, que no eran pos, cogió un sarampión… Por ese tiempo, por noviembre me disgusté con él (con José Ramón), porque vino de permiso de sábado a domingo y no llegó a verme, porque no tuvo tiempo [según él], lo dedicó todo para sus padres y hermanos, tanto coraje me dio que no le contestaba a las cartas que me escribía, y así pasaron 6 meses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

    En el año 35 hubo tres bodas en la Acebuchal, la de mi cuñado Miguel, hermano de papá que se casó con Ana Sánchez; mi prima María hermana de Edalmira; y la de mi hermana Virtudes con tito Paco Villena, en todas vino el cura de Cómpeta don Teófilo que estaba en Cómpeta de párroco, vino porque tenía mucha amistad con mi cuñado Miguel el marido de mi hermana Dolores, y se celebraron todas muy bien.

    Yo en ese tiempo con mis 13 años me gustaba ir a todas la bodas, había bailes de la rueda, íbamos a los cortijos y a la fábrica de la luz al río Patamalara a escuchar la radio y no veníamos a las 12 de la noche por aquellos caminos tan malos, pero como veníamos mucho no sentíamos nada y estábamos tan acostumbrados. Nuestras salidas eran a los cortijos a ver vecinos y familiares, llevábamos a la Virgen Milagrosa, que ahora en encuentra en el Cortijo del Pino, y había la costumbre de rezar un rosario y después del rosario se bailaba a la rueda o saltar a la comba y también a las prendas, que se decía del anillito, era cosa de jóvenes, se iba echando el anillo en las manos a todos, pero ya sólo la cogía en uno de ellos, y otra persona tenía que acertar dónde estaba y si no la acertaba perdía una prenda de las que tenía puestas en su cuerpo y para recuperarla le echaban un castigo, que los había de muchas clases, como decirle al otro un recadito al oído, uno que guste y otro que no guste, hacer cualquier cosa, cantar bailar, ponerse feo, o muy graciosa o servir de espejo, uno se ponía frente al otro, si se peinaba, el otro lo hacía también, si se pintaba la cara el otro lo hacía también, y así todas la muecas que le daban la gana, y si no lo hacía no te devolvían la prenda, que podía ser un reloj, anillo, corbata, collar u otras cosas.

 

  El 18 de julio de 1936 empezó la guerra y cambiaron todos nuestros planes, todo se estropeó, se presentaron nuestras penas por los novios que se los llevaron a la guerra y entraron la preocupación y los disgustos. Paco Villena, casado con mi hermana Virtudes estuvo embarcado en el patrullero Ruiz de la Puente, mientras el marido estuvo en la guerra mi hermana se vino al cortijo con nosotros. Todo por cartas, fueron mis relaciones con mi novio entre guerra y posguerra se pasaron 6 años de relaciones todo por correspondencia, más 2 años que son 8, pues todo fue igual.

  

    Me he saltado tiempo, tengo que retroceder. Cuando tenía 15 años yo tenía mis pretendientes estando en la escuela como era mixta, pues estábamos juntos chicos y chicas, y como eso del amor siempre ha sido igual, nos decíamos cosas y siempre de guiños, recaditos al oído que podíamos hacer sin que los vieran los demás. Yo tenía un pretendiente que me quería mucho pero a mí no me gustaba. El que me gustaba fue con quien me casé con José Ramón [primo hermano], con quien llevamos 45 años casados y 8 de novios, somos muy felices porque nos hemos querido mucho.  Lo que pasa es que papá siempre ha sido cabezota, y a mí me gusta lo blanco blanco y lo negro negro. No me gustan las tonterías y él es al contrario le gusta darme muchas bromas y decirme cosas que son mentiras para que me las crea, hasta que ya caigo, lo hace por marearme para que yo me irrite. Él ha sido más fuerte que yo y siempre se ha salido con la suya, y así pasando días tras días y cada día más nos hacemos más falta uno del otro, y como lo importante es que nos queremos mucho, él siempre me demuestra más que yo a él, porque yo soy más sosa para eso de los besos y caricias, pero como él ha sido siempre el que los da pues yo tan tranquila, porque si fuera al contrario se  cree las bromitas y ya no se contiene y son las cosas más profundas.

 

   El tiempo que estuve soltera fue muy trabajosa, siempre trabajando y para mi padre nunca hacíamos nada, cuando nos sentábamos a coser u otras labores no le gustaba, mayormente en el verano que con las pasas todo tiempo era poco. No teníamos agua corriente ni electricidad. Así que cuando nos casamos y me fui me parecía mentira de haberme librado de todo ese rollo del campo tan trabajoso.

 

   En los cortijos cuando se iba de visita, la costumbre era hablar de todo, primero de la salud, luego de los frutos, cómo estaban de buenos, después te llevaban a la cuadra para que vieras al guarro, decías si el tuyo tenía más kilos que el suyo y ya se comentaba los de los otros vecinos cuales tenían más arrobas [peso del guarro].  Luego de los mulos que siempre había pendiente algún trato y se comentaban los precios de todo lo comprado, según animales [de corral], o cosechas, y  al final, ya que todo se había comentado, se decían unas a las otras, cuando ya era medio noche y pensaban marcharse "que no hemos hablado de los novios". Y se comentaba quienes eran los afortunados y si convenía o no, que de todo pasaba, como todo nos conocíamos y otros de la familia, total que siempre pasaban cosas.

 

   En verano vendían muchas cosas por los campos, hombres con sus burros o con un cajón atrás de la espalda, escados, comestibles, quincalla, cosas de aseo, ropa, total, todo; también aguardiente, avellanas, garbanzos tostados, se cambiaba por pasas de escombro, que es la pasa del desperdicio de las cajas. La fiesta del verano era el día 8 de septiembre, la víspera del 7, era la noche de las lumbres, en todo los cortijos se hacía candelas, se reunían todos en varios cortijos y se formaba una fiesta donde se bailaba, tocaban la guitarra, la zambomba y sontaba [chascarrillos], el que sabía, se bebía aguardiente y se comían garbanzos tostados, avellanas y otras cosas. Se pasaba la noche bien, si no llovía, [si llovía] en esos momentos  teníamos que salir corriendo para poner los toldos o las tablas de los paseros para que no se mojaran las pasas. Y no sólo quedaba así la cosa sino que después nos regañaba mi padre por que nunca quería que saliéramos a fiestas, se disgustaba con todos, los mismo con mis hermanos, los quería siempre empleados en algo, pero de fiestas nada.

 

   En el año 1946 el mes de julio del día 6 muy de mañana fue nuestra boda, nos casamos en Cómpeta, fuimos al pueblo en bestias o caballerías, por la tarde nos fuimos, paramos en casa de mi tía Dolores Pastor y de madrugada nos fuimos a la Iglesia para casarnos. El cura se llamaba don Fidel. En ese tiempo los casamientos eran de noche o de madrugada, no sé por qué, y algunas gentes lo hacían al medio día, las ricas que tenían mucho que lucir de traje. Mi prima Dolores, la hija de Pastor, fue al medio día, y las que se casaban en la Acebuchal como venía el cura de lejos no madrugaban, tenían esa suerte.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

  Sigo con mi boda, se celebró en el cortijo del Mayarín, muy bien, mi suegro mató un macho nuevo que preparó en estofado y frito y más cosas, vino, aguardiente, dulces... Por la tarde, ya la boda terminada, a dormir a la Acebuchal a casa de mis suegros, pasamos la noche de novios. Por la mañana desayunamos chocolate y rebanadas de pan frito y el almuerzo [comida del medio día] fue pavo con patadas guisadas con salsa de tomate y de postre arroz con leche. Después de comer nos marchamos a mi cortijo a recoger mis cosas y despedirme de mis padres, marchamos para Torrox, caminamos en la mula roja que tenía mi suegro, hicimos noche en Torrox en casa de tita Emilia que tenía casa de huéspedes y comida. Esa noche salimos de paseo por la plaza nos acompañaba mi sobrina Emilia y Salvador Villena que todavía estaban solteros, nos convidaron a un helado que fue el primero que me comía, los vendían por las calles, los hacían en unas vasijas de metal que estaban forradas con corcho para que no se derritiera el helado y guardara todo su helor [frío]. Al día siguente marchábamos para Ciudad Real. Piedrabuena. Que fueron dos días de viaje. Cuento lo que fue el viaje, no la luna de miel, porque él pertenecía a la Guardia Civil y estaba destinado en Ciudad Real. Viaje: salimos de Torrox muy temprano de mañaba, cogimos el tren en Málaga a las 12 del día hasta llegar a Manzanares a la media noche, donde nos quedamos los dos uno tras otro,  buscando donde dormir, al día siguiente salimos a Piedrabuena que llegamos a las cuatro de la tarde, descansamos esa noche y al día siguiente se marchó mi esposo para el destacamento de La Arripa, que distanciaba del pueblo unos veinticinco kilómetros, así pasé la luna de miel.

   Y si fuera poco nos cogieron unos días de calor grandísimo porque aquel año no llovió ni una gota, apretó más el calor, ese año se perdieron todos los frutos en general, despúes que España estaba tan mal de comida y todo lo que recogían era para pagar las cuentas exteriores. Todo era carísimo y faltaban muchos artículos de comida. A los 17 día vuelve mi marido al pueblo de Piedrabuena, a un asunto de bandoleros [guerrilleros anrtifranquistas], nada más que unas cuantas horas nos vimos, pero el encuentro es provechado, concevimos a mi hijo Ramón, lo tuve a los diez meses justos de casarnos, nace el 7 de mayo 1947, mi marido todavía estaba concentrado, pero no en La Arripa, sino en otro destacamento que se llamaba Tejas, estaba a más distancia por la carretera de Badajoz. Y cuando nació mi hijo [parí sola ayudada por vecinas] y le dieron la noticia vino andando más de 35 kilómetros, lo acompañaban otros guardias para que no viniese solo. Después lo desconcentraron estuvo y mes en el pueblo de Piedrabuena [se bautizó el niño y su madrina fue Saturnina], y lo concentran de nuevo a Casas, estando es Casas viene un día a vernos y no estábamos, nos fuimos a comprar a Ciudad Real con la hija del sargento. Cuando llega y le dicen a mi marido que no estaba  en casa que disgusto pasó.

    El 1948, creo que fue el 22 de marzo me fui a Málaga yo solita con mi niño, maletita y merienda. Salí por la mañana de Piedrabuena a Ciudad Real.  Creo que en Manzanares hicimos trasbordo esperé el tren que venía de Madrid, y como veía muy cargado, completo me tocó venir sentada en mi maleta y mi niño en los brazos. En la estación creo que de Manzanares estuvimos esperando muchas horas en el salón lloviendo y con mucho frío, los viajeres eran tarsperlistas y gitanos, y tal carita me dio el jefe de estación que me llevó a la sala de ellos y me dijo que me sentara a la candela, pues hacía mucho frío y después me dijo que no le gustaba la gente que había allí, y ya me ayudaron a subir cuando llegó el tren de Andalucía. Pero la lluvia no cesaba y el puente de Córdoba se partió y hubo que ir por Jaen, nos fuimos por Cabras y cuando llego a Málaga era muy tarde y se había marchado la alsina, me quedé en una pensión al lado de la parada [de la alsina] de Nerja, y por la mañana no sabía como hacerlo porque no podía con el niño y los paquetes y la maleta; pero una señora me vió tan apurada que me dijo que se quedaba con el niño mientras yo ponía las maletas en el coche, que estaba muy cerca de la esquina donde paraba en aquellos timepos los autobuses [Plaza de Arriola]. Despues de llegar a Nerja, a Frigiliana donde estaban los abuelos y fuimos en una mula qye tenía abuelo Antonio Simón que bajó por nosotros.

    Mi hijo Ramón se criaba muy hermoso y guapo, en Ciudad Real me llamaban "la madre del niño bonito" y lo mismo la familia que los vecinos siempre lo tenían en sus brazos, pero en que los cinco hijos han sido igual, donde han estado siempre se han desvivido por tenerlos en sus brazos porque han valido mucho, se ha criado guapos y lustrosos. Después de mayores, si contara cosas de ellos no acabaría nunca de lo bueno y cariñosos que son todos. Cuando iba a cortijo de mis padre, mi hermana Slavadora y yo le dabamos a comer con dos cucharas. Y tengo que decir que todos [son] muy buenos para estudiar cada uno lo que le ha gustado, dentro de nuestro alcance han sacado sus carreras. Ramón de militar, Mari Carmen de auxiliar administrativo y cursos de ordenador, Viki (sic) [Vicky] profesora de EGB y filosofía, después Emilia de asistente social y profesora de lo mismo y muchos títulos, Miguel Licenciado en Bellas Artes es profesor de dibujo. Son todos muy buenos profesores. Estamos en 1993, ya estamos muy mayores pero estamos bien y los hijos están curaditos.

     Tengo seis 6 nietos, 4 varones, 2 hembras, las niñas ya mocitas, para mí son todos muy guapos. Mi nieto se llama el mayor David, hermano de Rubén; Carmen Mari y Laura, hijas de mi Maricarmen; Virtudes tiene otros dos niños Pablo y Jorge el más chiquito por ahora [En realidad tuvo 8 nietos, Álvaro y Raquel, hijo de Miguel y Paqui que no habían nacido cuando se escribió este relato].

     Mis hijos políticos se llaman Julia de Ramón; el marido de Virtudes Paco Capilla; Manolo  el marido de M. Carmen y Paqui la mujer de mi Miguel; y Emilia es soltera pero todavía es joven también se casará, todos repartidos: Ramón en Alicante, dos en Nerja y dos en Málaga.

     Cuando nos juntamos todos es un encanto porque nos llevamos muy bien, pero son tan pocas las veces que nos vemos, dos veces al año. Luego cuando nos juntamos, siempre falta alguno, nunca podemos hacer una foto con todos, tan sólo una tenemos en el río Chillar, en la fábrica Salto Grande y estamos todos pero salimos muy mal entre sol y sombra [bajo los eucaliptos].

 

                                                                                                                    

                                                                                                                   

                                              Mi madre también era poeta, aquí algunas poesías.

 

 

                              

                              Mi patria querida  

                          Carmen Fernández

 

         La tercera edad

             Tengo un disgusto interior

            que no demuestro a los míos,

            porque ya no soy tan valiente

            como antes lo he sido.

              Cuando vienen todos mis hijos

            con la familia completa

            que nos juntamos algún día

            quiero atenderlos lo mismo

            que cuando antes lo hacía.

               Pero me faltan las fuerzas

            pues ya han pasado los días

            cuando no me cansaba

            por mucho  que hacía.

                ¡Tengo muchas dolencias

            y los huesos hechos tristiza

            cuando estoy con los míos

            me apetece descansar y simpatía.

               Yo no les culpa a ninguno

           de lo que amí me sucede,

           me gusta poco mandar.

               Cuando mando obedecen

           pero qué casualidad

           el que no está leyendo

           es que juega al ajedrez.

              Empiezo a decirlo bien

           luego un poco más alto,

           y a la tercera vez

           a mí me toca ir por él

           si traen algo no es

           y tengo que ir por él.

 

             Excursión al río Chillar

             Cuando vamos al río Chillar

          ya no te digo más nada

          todo pasa por mis manos,

          cuando llegamos al sitido

          todos se van por un lado

          y la señora mamá en cargada

          de las comidas, y si los mando

          por algo que hay en el cesto aquel

          no te lo encuentran y el remate

          tengo que ir yo por él.

             ¡No lo veáis tan negro

         lo que yo escribo aquí!

            Uno parten la leña

         otros arreglan el humero

        la ensaladilla la hacen,

        me ayudan a la paella.

            A mi Ramón le gusta

        muchas cosas y poco arroz

        eso lo voy a tener en cuenta

        pues sale mucho mejor.

            Habéis quedado enterados

        de lo que refiero aquí

        para cuando llegue el caso

        y que no ocurra otra vez así.

   

                  Carmen Fernández (inédito) 1982

 

 

   

                         Comendaor y Mayarín,                                       

eres el rey de los campos,                                    

para que no te falte nada

está El Fuerte que es muy alto,

que te sirve de corona.

Perfumas todo el espacio,

tienes tomillo y romero,

pinos, palmitos y esparto,

agulagas y más plantas,

que cuando todas florecen

es cuando dan su encanto,

mas lo contemplan los campos

con su olor ya diferente,

el olivo con su trama

la viña cuando se cierne,

la flor de los almendros

es la primera que nace,

cuando la noche llega

sí que es emocionante.

 

Este monte del que hablo

es guía de personal;

saben la hora que es

cuando va saliendo el sol,

salen la Osa Mayor,

la luna y las estrellas,

nombrándose por su nombre

el carro y las cabrillas.

Ya muy de madrugada

sale un lucero muy grande

que le llaman "El Miguero"

los que madrugan mucho

las migas se las comían,

después comían cualquier cosa

hasta terminar el zurrón,

las lentejas por la noche

estaban mucho mejor;

los que poco padrugaban

el lucero no veían

porque todo el recorrido

lo iban haciendo de día.

 

                        (Poema publicado en la revista "Utopía poética" de la Axarquía)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                Otro escritos:

 

                 El gozo de la lumbre:

                 Yo tenía 4 años, lo recuerdo muy bien, que la calor del fuego, ya de noche, cuando me desnudaba porque hacía mucho frío para ponerme la ropa calentita por el fuego. Aquel rincón tan querido en el tiempo del invierno era el refugio de todos. Yo me acuerdo mucho de ese rincón tan bueno. Era el sitio de todos donde mis padre contaban cuentos. Mi padre sabía muchísimos a nosotros nos gustaban, todavía los recuerdos, tenía mucha gracia, que parecían verdad, aquel tono que le daba, ponía como ejemplo los lugares, que ya eran conocidos de mucho que los contaba. Él era protagonista y nosotros no parecía verdad lo que decía. Como las cosas pasan cuando se está en el campo, los hermanos mayores se marchaban para ver la novia, y otros para buscarla. Mi Salvadora y yo éramos las que quedábamos en casa, éramos muy pequeñas y les servíamos de compaña. Siempre juntas nos criamos como dos gotas de agua como si fuéramos gemelas.

                 El día de San Juan (Cortijo del Pino):

                Tengo que decir mis quejas que tengo todo los años, que no me gusta de guisar ese día en el campo.  Por que pierdo mucho tiempo de estar con la familia nos vemos de año en año para estar todos unidos. Yo digo que unas chuletas se asen en la parrilla que en un momento están hechas. El choto en el campo no me gusta de guisar porque pierdo mucho tiempo, se forma mucho jaleo de sartenes, cacharros y platos, cuando te ponen la carne se la han comido todos antes, y ya no tienen apetito. Luego me toca limpiar todo lo míos y los demás. Porque dice mi cucñada Ana que entre todos la ensuciamos y después nos toca llevar la basura a la cuesta del Pedregal. Cuando he terminado con todo, toca un poquito saludar a todas mis amistades y nos ponemos a charlar. Entonces dice mi esposo "Carmen termina de hablar que nos tenemos que ir, porque luego más tarde nos coje la oscuridad".  Se terminó la tertulia que estaba a medio acabar. A medio hablar, me marcho sin decir nada más. Porque si me pongo en contra,  como sé el percal, lo tienen por muy bueno yo digo que ni hablar.

 

 

 

 

 

 

                                                                                          Nota.-    Mi madre falleció en Málaga el día 5 de julio de 2005, a los 83 años.

                                                                                                              Ver. Historia de la Acebuchal