Cedido por José A. Sáez Fernández para el HOMENAJE A RAMÓN SIJÉ

 

 

 

 

 

TEXTOS SOBRE

RAMÓN SIJÉ

 

 

Edición y notas de

José A. Sáez Fernández

Prólogo de Manuel Molina

Pina-Conde-Molina-Fenoll-Ramos-Sijé-García M-Muñoz G-Ballester

Sáez-Alonso-Ballesteros-Hernández-De los Reyes-Oliver-Alda T-

Quílez-Bellod-Poveda-Olmos-L


                                                             Texto publicado en libro por la
IImprenta Cervantes. Almería. 1985

                                                                                  ISBN  84-398-3494-2 ;  978-84-398-3494-6

 

 

 

  ÍNDICE DEL TRABAJO (Hacer doble click sobre el tema buscado)

  Propósito   

“Evocación de Ramón Sijé. (Palabras para un libro de José Antonio Sáez)”

  

I. Tahona de la Calle Arriba:

Hacia la generación oriolana de 1930.

 

José María Pina Brotons: “Ramón Sijé”      

Carmen Conde: “Los adolescentes de Orihuela”    

Manuel Molina: “Llegada de Ramón Sijé”      

Carlos Fenoll: “Ramón Sijé, en su vida de amor”    

Vicente Ramos: “Ramón Sijé y Miguel Hernández, tándem de amista y poesía”        

Carlos Fenoll: “Súplica”       

María Dolores Sijé: “Ramón Sijé y Miguel Hernández”    

Justino Marín: “Gabriel Miró – Ramón Sijé”     

Antonio García-Molina Martínez: “Oleza a Gabriel Miró. Dos conferencias de os hermanos Sijé”      

   

II. Varia lección de crítica sijeniana.

José Muñoz Garrigós: “Tercera ponencia: el ensayo”    

José Ballester: “El golpe de pecho”       

Vicente Ramos: “Sijé y El Gallo Crisis     

José Antonio Sáez: “Sobre la posible influencia de un texto de Ramón Sijé en la concepción teatral de Miguel Hernández”  

Cecilio Alonso: “Fascismo, catolicismo y romanticismo en la obra de Ramón Sijé        

José Antonio Sáez: “La polémica de Ramón Sijé con el grupo sevillano de la revista Nueva Poesía. Textos”  

 

 

III. Evocación y recuerdo: dos textos de homenaje.

 José María Ballesteros: “Ha muerto Ramón Sijé”     

Carmen Conde: “Al adolescente de Orihuela”     

 

IV. Una página de “La Verdad”

 Miguel Hernández: (Sin título)        

Raimundo de los Reyes: “José Marín, o la amistad”       

Antonio Oliver Belmás: “Proyección de Ramón Sijé”      

José María Ballesteros: “Del pino al ciprés”      

Jesús Alda Tesán: “Ramón Sijé”       

  

V. El homenaje de “Acción”

 José María Quílez: “Ramón Sijé ha muerto”     

Augusto Pescador: “Ramón Sijé”      

José Calvet: “El catolicismo como enseñanza de Sijé”   

Juan Bellod Salmerón: “José Marín – Ramón Sijé”    

Jesús Poveda: “A Ramón Sijé, mi maestro y mi gran amigo”  

José María Olmos: “Un aspecto de Sijé”     

Tomás López Galindo: “Idea y sentimiento, mutuamente controlados”       

  

VI. Epílogo.

 Miguel Hernández: “Un acto en memoria de Ramón Sijé   

Tabla cronológica        

Hacia una bibliografía sijeniana      

Colofón 

 

 

 

PROPÓSITO

 

 

El lector encontrará en esta obra una selección antalógica de textos en torno al escritor oriolano Ramón Sijé.

Por consiguiente, no alardea esta recopilación de poseer un carácter totalizador ni exhaustivo de todo cuanto la crítica literaria ha dicho hasta la fecha sobre el oriolano; aunque sí cree contribuir a una visión suficientemente completa sobre el pensamiento, la fisonomía y el sentimiento de aquel a quien Miguel Hernández llamaba “hermano”.

 La muestra que aquí se expone ha supuesto una paciente labor de búsqueda e investigación en distintas bibliotecas, hemerotecas y archivos privados en las ciudades de Orihuela, Alicante, Murcia, Sevilla y Madrid especialmente; aunque he de admitir que sin la ayuda y el entusiasmo de muchas personas no hubiera sido posible.

 Quizás el interés predominante de este trabajo resida en que por vez primera se ponen a mano del investigador o del lector interesado una serie de textos anotados de los que tenía referencia, pero a los que le era difícil el acceso.

 Pienso que el merecimiento propio de Ramón Sijé como escritor así lo exige, de la misma manera que se impone un mejor estudio y una mayor valoración de su persona y de su obra. Su figura literaria ha sido tradicionalmente ligada a la de Miguel Hernández y ha perdurado gracias a su memoria.

Pero el año 1973 marca una fecha clave en la recuperación del escritor Ramón Sijé con la publicación facsímil, por parte del Excmo. Ayuntamiento de Orihuela, de la revista El Gallo Crisis (1934-35); de la que en 1975 se realizó la segunda edición. Del mismo modo, el año 1973, el Instituto de Estudios Alicantinos de la Excma. Diputación Provincial de Alicante leva a feliz término la publicación de La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas, ensayo sijeniano sobre el romanticismo que permanecía inédito desde 1935 en que su autor lo había presentado al Premio Nacional de Literatura.

Es propósito fundamental de este trabajo continuar y perseverar en la línea de recuperación del escritor Ramón Sijé, a la que de manera tan primordial han contribuido los estudios de Vicente Ramos, José Muñoz Garrigós, Cecilio Alonso, Agustín Sánchez Vidal y tantos otros; con la seguridad de que conociéndole mejor se conocerá igualmente más y mejor a aquel que escribió de él tan sentidos y profundos versos en su magnífica “Elegía”.

José A. Sáez Fernández


 

 

 

 

 

 

 

                                                      Evocación de Ramón Sijé

 

                                           (Palabras para un libro de José Antonio Sáez)

 

Ahora sabemos que a Orihuela sólo la pueden captar bien los poetas y los que han bebido y vivido en ella.

Oleza es una ciudad sorprendente. Cuando llega a la ciudad una persona sensible, se queda impresionada inmediatamente por su sabor, por un encanto especial que se desprende de sus avenidas, de sus calles, de sus callejas y rincones. Abrazada de roca viva de un lado, abierta de horizonte infinito de otro, coronada de torres y palmeras, la ciudad se sienta en una tierra verde y blanda que se abre a un paisaje estremecido de azul. Pero con ser esto, -que salta a la vista-, no es, ni mucho menos, el imán supremo de esta población. Y esto lo supo muy bien el poeta José Antonio Sáez que llegó a Oleza con ojos del amor, ojos de juventud primera, y se encontró con esa otra cara –con esa cruz- que es el espíritu profundamente lírico de esta tierra singular. El mundo que pasa bajo el aire, sobre la brisa, en el éxtasis del ámbito oriolano, le llegó al alma. Le sucedió igual a Gabriel Miró, su cronista ideal, el que supo, con su pluma de oro –desde su mirada purísima- reverdecer el retablo de sus más entrañables raíces. El fue el sembrador de esa simiente espiritual que recogieron los padres, Sansano, Ballesteros y otros; que cultivaron los hijos, Hernández, Fenoll y Ramón Sijé. De todos ellos, en su día, dirá la historia.

José Antonio Sáez ha pasado su corazón por todos ellos, ha visto la ciudad, la Oleza profunda a través de sus escritos, ha sentido las fibras, el temblor de estas vidas íntimas, doloridas y valientes, en sustancia y conciencia de un pensar, de un hacer, de crecer para el engrandecimiento de la persona, del alma de una comunidad.

Ha estudiado este raro fenómeno producido en una pequeña ciudad, una ciudad que es casi un pueblo, una ciudad apartada de los principales centros de la cultura oficial de España. Y ha valorado a sus poetas, a sus escritores más recientes. Ha dedicado trabajos a todos ellos con auténtica devoción. En ellos demuestra José Antonio Sáez su sensibilidad y su sabiduría, su capacidad para aproximarse al mundo lírico de la cosecha de Gabriel Miró.

Y ha fijado su atención en Ramón Sijé. Es, seguramente, el escritor del “Grupo de la Tahona”, por insólito, el más sugestivo. Su personalidad resplandece entre todos sus amigos. Es el universitario, el que escribe desde niño correctamente. Y es, a la vez, un iluminado, un orador, un filósofo crítico, ensayista vibrante. Es un joven genial. José Antonio Sáez nos lo demuestra acercándose a los primeros textos que se publicaron sobre su persona y sobre su obra.

Ahora se ocupa en reunir los textos sijenianos anteriores a la revista El Gallo Crisis. Y en toda la obra posterior del oriolano ejemplar. Con ello presta un servicio inestimable a la cultura de nuestra tierra y Oleza se sentirá por siempre agradecida a su labor. Porque gracias a José Antonio Sáez, tendremos en nuestras manos la obra completa del maestro de la literatura oriolana, del escritor Ramón Sijé.

Manuel Molina


 

 

 

 

 

             I. TAHONA DE LA CALLE ARRIBA: HACIA LA GENERACIÓN ORIOLANA DE 1930

 

“¡Calle de Arriba!. Tan densa de humanidad durante el reinado del día, tan alta de espiritualidad –que una cristalina campanita de Santo Domingo rubrica al amanecer- cuando los astros te coronan”.

(Carlos Fenoll)

                                                                                                                       Estampas de Orihuela

 

 

 

 

                                                                           RAMÓN SIJÉ

Este Ramón Sijé. Este Ramón Sijé, menudo y vivaz, de tez de árabe, y ojos de árabe y de imaginación de árabe Este Ramón Sijé menudo y nervioso como un egeo.

Habla de prisa y a veces despacio Ramón Sijé. Ramón Sijé es intelectual y estilista como su maestro José María Ballesteros(1). Y Ramón Sijé tiene diecisiete años. Y sin embargo no es un niño prodigio. Muy al contrario, es un hombrecito comprensivo y de una gran naturalidad. Por eso me gusta hablar con Ramón Sijé. ¡Oh si toda nuestra juventud fuese como Ramón Sijé!. Ramón Sijé es romántico. Y poeta. Debe tener amores platónicos con alguna jovencita rubia y pálida...

Es simpático este Ramón Sijé. Con su vocecilla atiplada y su aire de joven musulmán y su andar de gnomo. Ángel Ganivet era un su adolescencia como Ramón Sijé. Aquel ilustre suicida era también menudo, moreno y nervioso como Ramón Sijé. He tenido un honor, un alto honor, de dar un paseo por la vía férrea con Ramón Sijé. ¡Esa vía férrea de Orihuela que tantos recuerdos tiene para mí!. Dos raíles negros, que se prolongan, mucho, mucho, como nuestra pobre vida vacía...Símbolo de lo infinito. ¿Pero la muerte es infinita?. ¡Horror!. ¡Horror!. Dormir, dormir, queremos dormir, ser una cosa, una piedra. Yo tenía doce años, y escribía sonetos, y como Hamlet ya quería dormir. Y ahora paseo por la vía férrea con Ramón Sijé.

Húmedo verdor de bancales a los lados. Un horizonte de un oro en ascua, donde se recortan gráciles palmeras, muchas palmeras. Cielo alto. Y la arena y los guijarros crujen bajo nuestros zapatos. Y hablamos mucho. A borbotones. Tenemos avaricia por cambiar impresiones. Pero... yo soy abogado y Ramón Sijé estudiante de Derecho y sin embargo ni una palabra de leyes... en cambio cuando tropiezo a Paco Garrigós o Julio Calvet... ¡Pobre Justiniano!. ¡Pobre Justiniano!(2). Y habla bien Ramón Sijé. Agudamente, intelectualmente. ¡Señor con diecisiete años!. Y habla más, y más, y más...Una vaharada de azahar. Canta el Segura entre los cañaverales. Se hace muy gris la luz de la tarde...

Parpadea una estrellita de oro...

Y otra...

Y otra...

Mi diestra enguantada en gamua gris tira fuertemente de un junco, como en mi infancia.

Y en la calma de la tarde sigue sonando con una algarabía de campanilla, la vocecita atiplada de Ramón Sijé...

¡Señor con diecisiete años!.

José María Pina Brotons(3).

 

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(1) Es interesante el que Pina cite a José María Ballesteros, escritor y médico oriolano (1987-1939), como maestro de Ramón Sijé cuando éste contaba con diecisiete años, y que exprese, como características comunes a ambos, las de “intelectual y estilista”, dos constantes de la obra sijeniana.

(2) Emperador romano de Oriente (527-565) que proyectó la reorganización jurídica del Estado con la codificación de todo el Derecho público y privado romano.

(3) José María Pina Brotons nació en Orihuela el 14 de abril de 1904 y tras estudiar el Bachillerato en el Colegio de Santo Domingo se licenció en Derecho por la Universidad de Murcia. Trabó amistad con los miembros de la llamada “Generación del 30” aunque –en opinión de los profesores José Guillén y José Muñoz Garrigós—no llegara a integrarse plenamente en ella. Murió el 3 de febrero de 1973.

 

El presente texto fue publicado en la revista Destellos de Orihuela en su número de 28 de febrero de 1931, pág. 4.


 

 

 

 

                                                             LOS ADOLESCENTES DE ORIHUELA

 

Hace demasiado tiempo, pero ha sido ayer o poco más... Yo no sé cómo es que se alejan los años, y vienen, según está nuestro corazón cada día.

Cuando conocí a Ramón Sijé y a Miguel Hernández, en Orihuela, en Sierra Espuña, en Cartagena, Gabriel Sijé no era aún este muchacho cuyo recuerdo vamos a levantar como un ramo. Y tampoco estaba muerto Miguel Hernández, cuando Ramón ya no existía; no sé dónde estarán unas cuartillas mías en honor de Ramón Sijé, pedidas por Miguel Hernández, y a él dadas, poco antes de la guerra española. Ahora, otro amigo viene a decirme que le dé nuevas cuartillas sobre un muchacho, un poeta, muerto; por revistas de importancia andan las que hice a su hermoso libro Del sencillo amor, cuando aún vivía. Las de hoy, loándole –voluntaria de Sijés descollantes- son para afirmar que le quise –sin haberlo visto nunca- porque era poeta, hermano de Ramón, amigo de Miguel...¡Oh pena de mis muchachos de Orihuela!. Yo los vi crecer, veloces acacias místicas; yo los conocí balbucientes, y rotundos precoces; y vinieron a mi amistad, a mi casa, y se han quedado en mi corazón para siempre.

Tengo fotografías de los dos primeros, adolescentes, y como fondo –en la memoria- va el río turbio de Orihuela. Luego los pinares de Espuña, y el llano campo cartagenero...

¡Qué voz la de Ramón Sijé, qué ojos ardientes de inteligencia!.

¡Qué risa la de Miguel, qué olor de tierra mojada en sus ojos azules!.

Gabriel era ellos, esos dos que admiré y quise para eterno.

A Gabriel Sijé yo le quise, y leí, y di mi ternura de hermana mayor, porque él seguía la estirpe noble del pueblo de Orihuela.

Ya no está ninguno. Y hay que hablar de éste, de aquellos, para que los nombres floten sobre las aguas sucias del mal tiempo que se los llevó...

Vosotros, los que sabíais del dolorido chiquillo último, contad lo que supisteis. Para mí, los tres, eran uno: el Arcángel de la Poesía mediterránea, levemente, transitoriamente de paso por el mundo.

Y que no los olvidaré. Que Ramón, Miguel, Gabriel, tienen siempre el corazón mío.

Carmen Conde(4).

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(4) Estas notas fueron requeridas por Manuel Molina a Carmen Conde tras la muerte de Gabriel Sijé (1915-1946), como homenaje a su memoria –según cuenta el propio Molina--. Se publicaron inicialmente en la revista Verbo de Alicante, en su número de octubre-noviembre de 1946. Han sido reproducidas posteriormente por Manuel Molina en su obra Amistad con miguel Hernández, (Col. “Silbo”), Alicante, Sucesor de Such, Serra y Cía.; 1971. Págs. 55-56.


 

 

 

 

                                                        LLEGADA DE RAMÓN SIJÉ

Su verdadero nombre era el de José Marín Gutiérrez. Nació en Orihuela el 16 de noviembre del año 1913 y murió en dicha ciudad el 24 de diciembre de 1935. A los 19 años de edad(5) ya era abogado y publicaba sus primeros trabajos –ensayos morales y filosóficos—en “Voluntad”, otro semanario oriolano. Por este tiempo se hizo novio de Josefina Fenoll y con ella vino a la panadería y con ella entró en nuestro círculo poético. No es necesario señalar aquí, que él –Ramón Sijé, nombre con el que firmó todos sus trabajos—era el más culto de todos nosotros y, por lo tanto, sus conocimientos nos fueron de mucho provecho, particularmente a Miguel Hernández que, por sus palabras y consejo, descubrió el tesoro de nuestro clásicos y empezó a obrar en consecuencia.

R. Sijé era uno de esos jóvenes adolescentes que parecen mayores de edad o sin edad, porque han crecido, sobre todo, en alma y sabiduría. Era pequeño y débil de cuerpo, de donde destacaba una cabeza grande y pelada a lo colegial; su cabello era de un castaño claro, y oscuro en las cejas que enmarcaban unos ojos profundos y brillantes como la miel lavada por el rocío del amanecer, y su piel morena y lunar, descolorida por la sombra de las aulas de las bibliotecas antiguas, por las calles donde el sol sólo pasa de visita. Era un criatura sencilla y fina por naturaleza, vestía frecuentemente de marrón o gris, con pulcritud pero sin atildamiento, y se abrigaba excesivamente en invierno. Comedido y metódico, aparentemente frío y calculador, era de una apasionada viveza cuando la ocasión le impulsaba a exponer o defender sus puntos de vista sobre cualquier tema puesto en debate. Hombre de fe auténtica, había calado hondo en los Evangelios y sentía que la esencia del cristianismo no caducaría jamás. Sabía que esas fuentes de verdad remozarían nuestra existencia y defendía esta hermosa causa contra los fariseos de dentro y los ignorantes de fuera que pretendían destruirla. La lucha por esta doctrina agotó su frágil fortaleza y dejó de existir a los veintiún(6) años, en su Orihuela natal.

Manuel Molina(7)

 

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(5) A los veintiuno.

(6) Ramón Sijé murió con veintidós años cumplidos.

(7) Manuel Molina Rodríguez nació en Orihuela el 17 de octubre de 1917. Asiste a las tertulias de la tahona y en 1935 se traslada con su familia a Alicante. Colabora en las revistas literarias de la posguerra alicantina: Arte Joven, Intimidad Poética, Verbo, Ifach, Bernia, etc. De su extensa producción en verso podrían citarse: Hombres a la deriva (1950), Versos en la calle (1955), Mar del miedo (1962), Coral de pueblo (1968) y recientemente Protocolo Jubilar (1982). En cuanto a su prosa de evocación destacan: Amistad con Miguel Hernández (1971) y Miguel Hernández y sus amigos de Orihuela (1969).

 

Este texto apareció en Primera Página de Alicante, con fecha 31 de agosto de 1968. Fue publicado con algunas erratas, las cuales he subsanado con la corrección del mismo que el poeta me remitió en carta fechada en Alicante, el 8 de marzo de 1982.


 

 

 

                                                RAMÓN SIJÉ, EN SU VIDA DE AMOR

 

En la denominada calle de Arriba(8) de Orihuela, vivió la única novia de Ramón Sijé hija de padres artesanos y hermana mía, hoy residente en la América del Norte.

Calle antiquísima, agobiada por un lado de sierra y por todos de tan numerosa gente como sólo acumula la pobreza; larga y recta, cegada a un extremo en cuyo ante fondo se levanta una arcada que sustenta el camerín de la virgencita Nuestra Señora María de Monserrate(9), hallándose, por cierto, la humildísima casa donde nació(10) y creció el gran poeta Miguel Hernández.

Calle abigarrada y ruidosa, convertida tan pronto, hoy ya, en enlutado sagrario del corazón de mis recuerdos: vino a ella Ramón Sijé, recién nacido al amor, tras su estrella amorosa, Josefina(11). Sijé se enamoró profundamente, libre de preocupaciones sobre el porvenir económico, respondiendo solamente al fuerte impulso de su corazón y a la confianza en sí mismo respecto a la lucha por la vida, y Josefina fue, casi sin darse cuenta, despojándose de niñerías y hasta de quizás, algunas alegrías extemporáneas bajo la gran influencia espiritual de su novio. Así que se amaron muy armoniosamente cuando fueron en el alma, iguales.

Muchas frases y pensamientos de su Estudio sobre el Romanticismo los expresó Ramón Sijé, bruscamente, a lápiz sobre el mármol del mostrador de nuestra panadería, durante las horas de la noche –de siete a nueve--, rigurosamente, que disponía para su coloquio amoroso y que tantas veces le robamos Miguel Hernández y yo, transformándose el idilio en tertulia, el manso rumor confidencial en charla general y risa. Y allí, donde el alma, la mística olor del pan subsistía después de vendido, leyó sijé muchas cuartillas que luego constituyeron las más sabrosas páginas de su revista El Gallo Crisis. Cuando apareció con “El gallo de la libertad y la tiranía” de sus constantes desvelos –Corpus de 1934- se lo dedicó a Josefina con estas palabras: “A mi nena, este primer número de una revista que soy yo mismo: mi afán y mi trabajo”. Y en el número doble 3 y 6 –Pascua de Pentecostés 1935—la dedicatoria dice: “Muchos dolores me suponen esta obra, que parecer va a terminarse con estas páginas. Tú eres el gozo y el mío”.

¡Calle de Arriba!. Tan densa de humanidad durante el reinado del día, tan alta de espiritualidad –que una cristalina campanita de Santo Domingo rubrica al amanecer—cuando los astros te coronan: a Ramón Sijé, menudo, moreno, inquieto, que te llegó a amar porque en ti amó su corazón, se lo llevó, celosamente, la muerte. A Miguel Hernández, que era un vivo reflejo de ti, en su vida y poesía; que te llevaba en el corazón y la memoria de su influencia, de su adolescencia y de su tremenda y fecunda juventud, se lo llevó, violenta, la muerte. A Josefina, la novia eterna de Ramón Sijé, vino la ventura de su amor a buscarla y se la llevó, la vida.

Y hemos quedado solos tú y yo, Calle de Arriba...Y hoy que tantos pájaros cenicientos picotean mi corazón, he de besarte.

Carlos Fenoll(12)


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(8) Hoy “Calle del poeta Miguel Hernández”.

(9) Patrona de la ciudad de Orihuela.

(10) Miguel Hernández nació en la calle San Juan, núm. 82; trasladándose después la familia al núm. 73 de la “Calle de Arriba”.

(11) Josefina Fenoll casó más tarde con Jesús Poveda, contertuliano de la tahona y miembro de este grupo oriolano de escritores conocido como la “Generación del 30”.

(12) Carlos Fenoll Felices nació en Orihuela el 7 de agosto de 1912. Desde niño trabaja en el negocio familiar, una panadería sita en el núm.5 de la calle Arriba en donde habrían de reunirse los componentes de “La Escuela de Orihuela” –como la denomina Vicente Ramos--. Publica sus primeros versos en periódicos y revistas locales: El Pueblo de Orihuela, Actualidad, Voluntad, Destellos, etc., fundando en 1936 la revista Silbo. Publica Poemas en colaboración con Gabriel Sijé y Jesús Poveda. Tras la Guerra Civil Española colabora en diversas revistas y fallece en Barcelona el 31 de diciembre de 1972. Póstumamente aparece Carlos Fenoll: Canto Encadenado, en edición de Manuel Molina (Instituto de Estudios Alicantinos, 1978).

 

En presente texto apareció en la revista Juventud Mariana de Orihuela, en su número de julio-agosto, 1950; de donde lo reproduzco. Inicialmente fue publicado en la revista Estilo de Elche, enero, 1947.


 

 

 

 

                                                     RAMÓN SIJÉ Y MIGUEL HERNÁNDEZ

                                                          TÁNDEM DE AMISTAD Y POESIA

 

Es indudable la influencia del medio geográfico en la formación de la personalidad humana. Tal factor hay que tenerlo en cuenta necesariamente para la cabal comprensión de la literatura alicantina, cuya estética presenta caracteres tan peculiares como singular es el ser que la determina, es decir, el ente de la alicantinidad. Más si el hontanar es uno, varios son sus cauces, habida cuenta de que la morada alicantina nos ofrece tres zonas con muy significativas particularidades: la Marina, al Norte; la central y la Vega Baja, al Sur.

Nuestra atención se va a detener en la tercera, regada por el Segura, y cuya capitalidad es Orihuela. La fecundidad de su tierra y la densa historia de su pueblo configuran el espíritu y alimentan la palabra de sus hijos. Orihuela “es ciudad síntesis”, nos dijo un escritor de esta comarca, Antonio Sequeros. Y añadió: “Parece hecha de los más complejos contrastes para ser emporio de la huerta”.

Fijémonos en su luz. Miguel Hernández la calificó de “exaltada”; en cambio, la que se derrama sobre los campos de la Marina es “tierna y madura”, al decir de Gabriel Miró. Aquella exaltación es armónica con una estallante naturaleza que, durante siglos, ha mantenido victoriosa lucha contra el espíritu, hasta que éste encontró su verbo exacto. Tal circunstancia ha estructurado una modalidad socio-psicológica tan extraña que, al criterio de Sequeros, “es imposible para quien pretenda definirla en su compleja y misteriosa entidad”. Ante el insalvable obstáculo, el escritor intenta el descubrimiento por la vía poética. Y dice que Orihuela “es una metáfora que el Segura soñó para arrullar a la huerta”.

Sobre esta materia compleja y exaltada, ardorosa y veloz como el rayo –no olvidemos que todo, aquí, se precipita--, alumbró la forma reveladora.

Con la luz de Miró, Orihuela es Oleza

La forma se hizo verbo, palabra, y se llamó Gabriel Miró. La prosa de Nuestro Padre San Daniel y El obispo leproso trastornó el largo tiempo dormido de Orihuela. Al despertar, con el nuevo bautismo, se nombró Oleza. Así lo proclamó, jubiloso, Ramón Sijé al afirmar que con la luz de Miró “comienza la nueva historia, el certero modo de ver la vida estilizada y clara, el hervor de la sangre fecunda, el destilamiento de una personalidad, el moderno Testamento”(13). Miró dividió en dos radicales partes la historia orcelitana: “La consigna –sigue diciendo Ramón Sijé—de mi viejo abuelo don Amancio era: el amado cabildeo, las consultas en la capital, las presiones al Gobierno, los minuciosos “alertas” en El Clamor de la Verdad. Aquel adolescente colegial, cuando fuera hombre, pelearía elegantemente batallas de luz y combates de plumas con esta divisa que llegaría hasta sus ojos de mayo muerto: la diafanidad. Amó la tarde clara, la injuria sincera, las visiones diáfanas. Ramón Sijé nace a la luz de este nuevo Testamento: “Que me perdone Alba Longa la renuncia de mi herencia, la que él formó con sus ocupaciones y tareas académicas... Yo le digo a nuestro Gabriel Arcángel (sangre manda): Ven a mí, porque me hiciste tuyo, admirable, resplandeciente, luminoso Gabriel. Sea en mí tu palabra, flor, rosa. ¡Mírame a mis ojos, morenamente grandes: ojos de verdad, ojos de amor, ojos anunciados por ti, ojos escondidos de palmera en aljibe!. Las viejas palabras beatas son en mí dulces palabras estéticas”.

He aquí el rotundo giro copernicano, creador de la Escuela de Orihuela(14): lo ético se transfigura en estético; el tiempo, en eternidad.

Y surgió el estilo, el sello del arte oriolano dentro del concierto de la estética alicantina. Amaneció un día esplendoroso y velocísimo: jamás observó Orihuela una transmutación tan rápida de sus valores. Las cosas se movieron más leves en ámbito de espacio más ancho. La luz, si exaltada, vistió galas más suaves, más redondas, más sinceras en la búsqueda de los infinitos. El barroco es el estilo de la iniciada era olecense. La ciudad, inmovilizada en un “barroco temporal”, anhela, con palabras de Sijé, descansar en un “barroco eterno”. Tal fue la misión profunda, sustantiva, de Gabriel Miró: otorgar estilo; mejor, alumbrar el que yacía bajo los siglos. “Llegó él –escuchemos a Sijé-- con su vida en potencia a dar sangre en gloriosa transfusión a la ciudad; con su vida en potencia a dar sangre en gloriosa transfusión a la ciudad; con su estética, a darle tradición e historia, longitud y latitud, Norte y Sur, cara y cruz; con su formidable temperamento literario, a dar jerarquía de universalidad a lo minúsculo, a lo particularista, a la definida geografía. La ciudad, tras su labor anunciadora, se llamaría Oleza”.

El barroco, auroral hacia 1930, significó, en Orihuela, la actualización de una potencia singularísima. Como expresión psicológica es ostensible en la vida cotidiana de los oriolanos. También, estímulo del investigador de raíz, signo del ensayista y fuego del poeta. Aludimos a las adelantadas meditaciones gongorinas –en torno al Polifemo—de Justo García Soriano(15); al famoso, aunque inédito(16), estudio de Ramón Sijé sobre la naturaleza del romanticismo español, titulado La decadencia de la flauta y el reinado de los fantasmas, y a Perito en lunas, primer libro de Miguel Hernández, escrito con versos a “la gala de luz, a lo cohete”(17).

Sin ese fondo activo de luz exaltada, de naturaleza en júbilo y fuerte aliento barroco no es posible penetrar en los maravillosos mundos de aquellos asombrosos “adolescentes de Orihuela”, como los bautizó para siempre Carmen Conde.

Ramón Sijé

El primer adolescente que sintió arder su palabra en la aurora que abrió Miró fue José Ramón Marín Gutiérrez, Ramón Sijé, quien, dirigiéndose al arcángel-maestro, en 1932, le dijo: “Escúchame desde el confín arcangélico de tu inmortalidad--, escúchame el mito de las palomas, óyeme la revelación de tu misterio anunciatorio: Uno vio cruzar una bandada inocente de palomas. Se vio vestido de blanco. Llovían palomas. La ciudad era una blanca paloma. Uno mismo habíase convertido en apacible palomita de inmenso palomar”.

Cuando así hablaba, Ramón Sijé era un joven de diecinueve años de edad –nació en 1913--, cuyo retrato, según lo describe José María Ballesteros(18), era como sigue: “Corto de talla, delgado de cuerpo, su cara casi un carbón. Ojos grandes, brillantes y negros, manifiestan los destellos de una inteligencia clara y sumamente viva. Bengala le llaman; pero no por ser luz ligera y momentánea sino por el brillo y resplandor de la luz de su intelecto”. Otro oriolano, José Pina, lo dibuja “muchacho menudo y vivaz, de tez morena y ojos de árabe y de imaginación de árabe, nervioso como un egeo, intelectual y estilista”(19). Y Miguel Hernández, su hermano- de tal modo íntimo se consideraban y trataban--, lo recuerdo con estas palabras: “Febrilmente moreno, doradamente oscuro, con un relámpago en cada ojo negro y una frente ilimitada...

Andaba entre los romeros con prisa de pájaro, hablaba con atropello y su voz iluminaba más que los limones del limonero, a cuya sombra y azahar platicábamos... Conocí su corazón y me dio espanto la precipitación dolorosa de su sangre”(20)

La tahona tertuliar y “El Gallo Crisis”

Pepito Marín y Miguel Hernández empezaron su amistad alrededor de 1931(21) en La tahona de Fenoll, establecida en la calle de Arriba. Uno de los hijos del panadero, Carlos, era poeta, y Josefina, su hermana, era novia de Pepito Marín, estudiante de Derecho. Reúnanse en la citada panadería con Carlos Fenoll y José Ramón Marín, el hermano de éste, Justino (“Gabriel Sijé”), Miguel Hernández, Jesús Poveda, José María Bascuñana(22) y Manuel Molina, quien, al evocar aquellos días, destaca la sabiduría de Ramón Sijé, cuyas enseñanzas fecundaron el alma de Miguel. Dice Molina: “Miguel, el mejor dotado, saca gran partido de estos conocimientos, a la vez que se convierte en su mejor amigo...”

(No olvidemos tampoco que, al tiempo que se ejercía el magisterio de Ramón Sijé, Miguel Hernández frecuentaba cuanto podía la Biblioteca Pública de la ciudad y la privada que le ofreció don Luis Almarcha(23), hoy obispo de León).

Ramón Sijé fue, sin duda alguna y con palabras de Hernández, un “genial escritor”. Su primer ensayo “—España, la de las gestas heroicas—“, escrito en marzo de 1926 –testimonio de don José Martínez Arenas--, aparece en la revista madrileña Héroes(24), cuando su autor contaba doce años de edad. En 1928 inicia sus colaboraciones en Actualidad, de Orihuela; en 1931, en el Diario de Alicante, de la capital lucentina, y en 1933 en Cruz y Raya, de la capital de España, en cuyas páginas da a conocer sus ensayos “San Juan de la Cruz” y “El golpe de pecho o de cómo no es lícito derribar al tirano”.

En 1934, Sijé dirige en su ciudad nativa la revista El Gallo Crisis, con la colaboración de Fray Buenaventura Puzol, de los abogados Tomás López Galindo, Juan Bellod Salmerón y José María Quílez Sanz, los profesores de Enseñanza Media Juan Colón y Jesús Alda Tesán y su fraterno Miguel Hernández. En el primer número publica éste los poemas “Eclipse celestial” y “Profecía sobre el campesino”; de Sijé son los estudios “España en la selva de aventuras del cristianismo” y “Voluntad de Cristo y voluptuosidad de Satanás”. El Gallo Crisis era una revista neocatólica “que hizo arrugar el entrecejo –comenta Martínez Arenas—de algún que otro teólogo recalcitrante y de la que decía Pablo Neruda que no le gustaba, porque le hallaba demasiado olor a iglesia, ahogada en incienso”(25). Aquella publicación que “nada tiene, sino fe”, conoció seis aventuras, finalizando su vida en la Pascua de Pentecostés de 1935, pero su voz sembró “una conciencia espiritual colectiva y sentido agónico del tiempo que corre”.

La existencia de Ramón Sijé, al igual que la luz de los cielos que contemplaba, fue exaltada y fugacísima. Ardiente como el rayo. Aquel fúlgido lampo de vida intensísima únicamente ardió veintidós años. En tiempo tan breve acumuló un saber tan copioso, sin merma de la agudeza de su sensibilidad, que bien pudo afirmar Miguel Hernández que, “con una luz sobrenatural en el corazón y en el entendimiento, lo veía todo, lo sentía todo, lo sufría, lo angustiaba y lo hacía vivir muriendo todo: desde el sentimiento del amor hasta el pensamiento de la muerte. Fue un héroe y resistió mientras pudo a pie firme las violentas tempestades que se organizaron y chocaron de continuo entre su corazón y su cerebro. Pocos hombres han vivido una vida interior tan intensa y sangrientamente volcánica como Ramón Sijé”.

Como escritor, glosa Sequeros, estaba “henchido de genio, saturado de erudición, de unamuniano estilo, ardiendo en llamaradas de misticismo y con escolástica dialéctica, discurriendo por rutas de Quevedo y con mucho de Gracián”(26).


 

 

Barroquismo, conceptismo

Su palabra se alzaba límpida, estallante, luminosa. En su vuelo, se recreaba en la paradoja, en la metáfora y en el hondo juego de las ideas. Gozaba con las ondulaciones de lo barroco, fenómeno que estudió y analizó con la pasmosa brillantez que le caracterizaba. Léase, a este respecto, su trabajo “La novela del Belén”, en el segundo número de El Gallo Crisis, donde, contrariamente a Eugenio d´Ors, estima que “lo barroco no le engendra formalmente lo Nuevo, lo Oceánico..., sino el sufrimiento personal de las eternas formas”(27).

Hagamos notar en este punto cómo este concepto de lo barroco se manifiesta no sólo en la ideología de Ramón Sijé, sino también en toda la poesía de Miguel Hernández, entrañada y trascendida por la “pena”, que, a manera de “carnívoro cuchillo” o de “rayo que no cesa”, nutre profunda y trágicamente tanto su obra como su vida. En general, los escritores oriolanos –hagamos memoria de Juan Sansano, de Carlos Fenoll, de Gabriel Sijé o de Manuel Molina—participan todos en mayor o menor grado de esta concepción trágica de la existencia, propia de los espíritus en cuya raíz arde la ansiedad de lo eterno. También, a causa de cuanto decimos, no le placía a Ramón Sijé la fácil sensualidad de Salzillo, cuyas imágenes proclaman, según nuestro escritor, “la pérdida del sentimiento trágico de la escultura”. Por otra, todo arte o filosofía “de palpitación metafísica es arte barroco, ciencia barroca”, esencialidad que consiste en “acercarse a Dios por la interpretación tenebrosa”.

En definitiva, para Ramón Sijé, el barroquismo es “la forma plástica del conceptismo, y el conceptismo, fruto último de una madurez escolástica, de un predominio absoluto de la ratio...”. Dicho de otro modo, el barroquismo es un método de pensar a lo cristiano. La relación entre conceptismo y barroquismo, según Sijé, “es la misma que de modo invisible une a Quevedo y Góngora, a quevedismo y gongorismo: Quevedo es un Góngora desnudo, y Góngora, un Quevedo plástico”.

Al penetrar en el orbe de lo religioso, Ramón Sijé adopta una clara posición unamuniana, visible en su agónica confesión de fe: “Uno –en cambio—vive un catolicismo sangriento: un catolicismo por el solo catolicismo: la religión por la religión sin pensar en el premio. Cuando se nos habla –aunque el predicador sea Granada—del galardón de ultratumba con un utilitarismo metafísico, nuestro catolicismo en la paz del pago se entristece. Acaso, el catolicismo puro sólo piensa en la inmortalidad de la religión personal...”(28).

Califica a Miguel de Unamuno “carcelero selvático del cristianismo” y exhorta a la Iglesia a que se lance decididamente a la “vida civil”.

Sin duda, el pensamiento de Ramón Sijé se alimenta de unos jugos eminentemente cristianos. Considera a la persona humana como “creación de Dios y redención de Cristo”, cuya plenitud sólo es factible con el retorno a una dimensión existencial clásica, o mejor, paulina, evitando en todo momento las tentaciones del “laberinto selvático del romanticismo”.

 

(13) El anti Alba Longa (Ramón Sijé): “Gabriel, Arcángel”. El Clamor de la verdad. Cuaderno de Oleza consagrado al poeta Gabriel Miró. Orihuela 2 de octubre de 1932. Págs. 2-3.

(14) Con este título, Vicente Ramos dedica un apartado de su obra Literatura alicantina (Barcelona, Alfaguara, 1966) a estudiar el grupo de escritores que compusieron esta generación, así como a sus precursores. Págs. 243-284.

(15) Justo García Soriano nació en Orihuela en 1884. Desde joven se entusiasma por el periodismo y colabora en diferentes diarios regionales y nacionales. Licenciado en Filosofía y Letras con premio extraordinario en Madrid, ingresa en 1915 en el Cuerpo de Archivos y fue bibliotecario de la Real Academia de la Historia, así como de la Biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Central. Fue autor de notables obras en torno a la imprenta y a nuestros clásicos. Murió el año 1949.

(16) Publicado por el Instituto de Estudios Alicantinos en 1973.

(17) Ediciones Sudeste, Murcia, 1933.

(18) BALLESTEROS, J. María: “Ramón Sijé”, Diario de Alicante, 14 de julio de 1932.

(19) PINA BROTONS, José María: “Ramón Sijé”, Destellos, Orihuela 28 de febrero de 1931.

(20) HERNÁNDEZ, Miguel: “Un acto en memoria de Ramón Sijé. Unas cuartillas de Miguel Hernández”, El Sol, Madrid, 17 de abril de 1936.

(21) Con seguridad puede fijarse la amistad entre Sijé y Hernández anterior a 1931, ya que en 1930 se publicaba la revista Voluntad, en la cual colaboran ya ambos.

(22) José Murcia Bascuñana, conocido como “El Arriero”.

(23) Don Luis Almarcha Hernández nació en La Murada (Orihuela), el 14 de octubre de 1887. Nombrado Chantre de su catedral en 1923, fue amigo y protector de Miguel Hernández. Nombrado más tarde obispo de León (1944), desempeña este cargo hasta 1970 y muere el 17 de diciembre de 1974.

(24) En concreto, el 31 de marzo de 1926. Pág. 12.

(25) MARTINEZ ARENAS, José; De mi vida: hombres y libros. Semblanzas y comentarios. Valencia, Tipografía Moderna, 1963. Pág. 159.

(26) SEQUEROS, Antonio; Teoría de la huerta y otros ensayos, Almoradí, Imprenta Edijar, 1956. Pág. 175.

(27) Vid. El Gallo Crisis, núm. 2, Virgen de Agosto de 1934, pág. 29.

(28) SIJE, Ramón: “La flauta del encantador. (Introducción al estudio de Fray Luis de Granada)”, El Gallo Crisis, núm. 2, pág. 4.


 

 

Virgilio de Miguel

En orden a la naturaleza de lo poético, la concepción de Sijé muestra un curioso talante vitalista y hasta existencial. Traigamos aquellas sus palabras: “Cuando el miedo metafísico del poeta contagia inmediatamente al que se acerca es que el alma vive un aprieto y un drama”(29).

De aquí la interesantísima crítica que hizo de la poesía de Rafael Alberti, nacida, según él, de “una tradición católica de cólera”, mas ignorada por el gran poeta. Y añade el finísimo ensayista oriolano: “Yo –que acabo de vivir con él seis años de poesía, desesperación esperanzada y muerte—le espero en la capilla más solitaria de mi Cristo: porque la espina que Alberti lleva clavada en el corazón y en la mano, habrá de atravesar trágicamente su cabeza y su alma: porque hay que comenzar en Federico Nietsche (ya vosotros sabéis el principio humano de la poesía de Alberti) y descansar en Cristo: comenzar en la exaltación absoluta y terminar en la cólera absoluta: en la resignación”.

Insistiendo en sus asombrosas intuiciones psicológicas y críticas, Ramón Sijé es el verdadero revelador de la gigantesca personalidad poética de Miguel Hernández, y no sólo descubridor, sino –como ya hemos apuntado—su guía, su Virgilio, si hermano espiritual.

En los primeros días de diciembre de 1931, Miguel Hernández emprende su primera y fracasada aventura madrileña(30). Sale de Alicante. En la estación del ferrocarril le despiden unos cuantos amigos. Horas después escribía Ramón Sijé: “Aquí, en este pueblo de Levante, junto a una palmera, un poeta; en el sagrado momento del crepúsculo, una pena de poeta: será un latido verde bien pronto la semilla, ha profetizado en ansia de vida jocunda este poeta, que ayer nació en el Este y hoy marcha a la Meseta. Que sea un latido azul –aún nos acordamos de Hugo—la semilla que lleva dentro Miguel Hernández. Así se llama –nombre de huertano honrado de huerta adentro—este poeta. En Levante, junto a una bella palmera, una fresca delicia de poeta, recién nacido en la eterna mañana estética. Será un latido azul la semilla del poeta... Ahora venimos de darle el abrazo de despedida, de la estación triste, solitaria... Un acto histórico, éste, en la vida de ese poeta que lloraba en las noches de luna, en el dolor de una vieja calle de su barrio... Y toda su poesía es vida cruenta en descripción y giro...”(31).

Ciertamente, no era la primera vez que se proclamaba la grandeza de Miguel Hernández. Antes que Sijé lo anunciaron casi a la par José María Ballesteros en Voluntad, de Orihuela (15 de junio de 1930), y Juan Sansano en El Día, de Alicante (julio de 1930). Si Ballesteros escribió que los versos de Hernández “fluyen de su imaginación viva como la leche al ordeñarla”, Sansano, en reunión de poetas, gozó participando a todos la buena nueva de la aparición del gran escritor de Orihuela: “¿Sabéis quién es el cabrero?. ¡Un nuevo poeta!. Un recio magnífico poeta... ¿Quién le enseñó a hacer versos?. Nadie... El cantor poeta de las llanuras del sur alicantino es hoy una promesa..., con su túnica de resplandores ha hecho su aparición un nuevo poeta. Se llama Miguel. Tiene nombre de ángel. Saludémosle con alborozo”(32).

“Compañero del alma...”

En la Nochebuena de 1935 fallece en su Oleza José Ramón Marín Gutiérrez, Ramón Sijé. Es testigo el novelista José María Ballesteros: “Me encuentro en la cabecera de su cama –escribió--. A mi derecha está un virtuoso sacerdote. El enfermo me mira suplicante, con sus ojos más grandes que nunca, que van perdiendo el brillo y la expresión; me mira con fijeza y me dice: “¿Pero don José María –así me llamaba siempre--, es que me va dejar morir?”. Yo no puedo contestarle, y el sacerdote, que a mi diestra estaba, cogiendo un pequeño crucifijo lo acerca a los labios del moribundo, pronunciando, al mismo tiempo, estas palabras: “No te aflijas, Jesús está contigo”. Los labios de Sijé, ya pálidos, se mueven lentamente, muy despacio, para besar. A poco, el tránsito estaba hecho”(33).

Miguel Hernández, en Madrid, llora de desesperación. Escribe a los padres de Ramón Sijé: “Mi dolor es tan grande como el vuestro. No sé qué decir para consolaros, porque no encuentro palabras. Podéis creer que vuestro hijo está conmigo y lo tenéis en mí para desmentir a la amarga vida..., pienso ir a Orihuela para hacer lo que como hermano debo”. Y, mientras tanto, escribe una elegía de estrofas inmortales. Vicente Ramos(34).

 

(29) SIJE, Ramón: “La ausencia del alma y del objeto. (Sonrisa y cólera en la poesía de Rafael Alberti)”, El Gallo Crisis, núms.. 5 y 6, págs. 41-51.

(30) Miguel Hernández emprendió su primer viaje a Madrid el 30 de noviembre de 1931.

(31) SIJE, Ramón: “Miguel Hernández”, Diario de Alicante; 9 de diciembre de 1931.

(32) SANSANO, Juan: discurso leído en el homenaje al poeta Salvador Sellés (1848-1938) y publicado en El Día de Alicante el 14 de julio de 1930.

(33) BALLESTEROS, José María: “Del pino al ciprés”, La Verdad, Murcia, 30 de enero de 1936.

(34) El presente texto de Vicente Ramos apreció publicado en La Estafeta Literaria, núm. 366, 25 de marzo de 1967. Págs. 12-14.


 

 

 

SÚPLICA

A Ramón Sijé, al empezar mi senda.

Tú, padre espiritual, noble y ameno

Ramón Sijé de la gran nariz de loro;

tú, hermano sentimental, breve y moreno;

tú, que encierras en tu pecho un pájaro de oro...

no consientas que yo, enfermo de ilusiones,

caiga, roto y sin fe, en mi primer camino.

Dame tu mano que arde en santas vibraciones,

dame tu fe y tu luz en el cáliz de un pino.

Y si a flote me llevas, desde la aurora-luz,

yo te daré mis brazos en forma de cruz

con el temblor de dos ramas mecidas

de almendro joven, bellamente floridos.

Yo te daré mis ojos llenos de puras

lágrimas de jazmín, transparentes de ternuras.

Carlos Fenoll (1932)

 

           (De Canto Encadenado, Alicante, Publicaciones del Instituto de Estudios Alicantinos, 1978. Pág. 36).


 

 

 

 

                                                    RAMÓN SIJÉ Y MIGUEL HERNÁNDEZ

 

Me solicita el buen amigo de Joaquín Escurra una colaboración para su revista Oleza y que en ella trate de “Ramón” y Miguel.

Empezaré diciendo que, en un atardecer, siendo muy niña, me oí llamar hermana por Miguel. Desde entonces, el cabrero rapado, de ojos grandes y risa franca, vino con frecuencia a la morada de los míos y los llamó padres y hermanos.

¿Los principios de la amistad entre ambos?.

A mi parecer –pues nunca lo supe por ellos—el amor a las Bellas Letras y el ansia de saber del pastor de cabras.

¡Cuántas veces les vi ascender los peldaños que conducían a la “habitación de los libros”!. Allí encerrados dialogaban sobre poetas, filósofos, escritores...

Mi curiosidad –fémina, al fin—hizo que en distintas ocasiones aproximara el oído a la vieja puerta y supe, por vez primera, de la existencia de un Dante, Virgilio, San Juan de la Cruz...

Escuchaba las preguntas de Miguel --¡qué preguntón, me decía!—y las respuestas de “Ramón”. También sus discusiones, hasta encolerizarse, y sus reconciliaciones repentinas. En voz queda, y con harta frecuencia, pregonábanse las virtudes y belleza con que la Naturaleza había dotado a sus amadas, ambas Josefinas.

Con agrado, viene a mí aquella infantilidad que les dominaba. Gustaban conducirme a que contemplase películas de “dibujos” para que me divirtiese, y a la postre eran ellos los que gozaban con aquellos monigotes animados.

“Ramón” admiraba a Miguel. Desde el contacto primero vislumbró al poeta futuro. Muchas veces, en la sobremesa familiar, elogiaba la manera de confeccionar versos el pastor calzado de “esparteñas”, pese a su desconocimiento de la Preceptiva.

Un día Miguel se ausentó y en la ausencia “Ramón” dejó nuestro mundo para acudir a la llamada de Dios.

El amor de Miguel hacia “Ramón” no pudo silenciarlo y cantó la partida del hermano y mentor con sus mejores y más sentidos versos.

Transcurrió algún tiempo. Las campanas silenciaron sus tañidos, y con su mutismo Miguel abandonó familia y hogar. De vez en vez sabíamos de su ausencia. Decía: “Vuestro hijo y hermano no ha muerto. Está conmigo. Lo llevo en mí”.

En un anochecer, de nuevo repiquetearon las campanas, y en su tintineo cantaban a gloria, a la victoria...

Las letras eran pocas y escritas con el carbón del lápiz: “Estoy en Sevilla, --decía--. Os veo desde mi celda. A padre, con su eterno quejido, Justino, en su siempre enfermedad. Madre, con el recuerdo de nuestro “Ramón”. A ti, Mari Lola, aguardando la llegada del rondador bigotudo(35). A ellos ya madre no les pido nada. A ti, hermana, que reces por mí”.

Miguel voló hacia las regiones etéreas. Me negué a visitarle en sus últimos días. Quise conservar siempre el recuerdo de su persona, como en la tarde que me llamó hermana.

Cabeza rapada, ojos grandes y aquella su risa franca.

María Dolores Sijé(36)

Orihuela, 24 de mayo de 1961

 

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(35) José Torres López, luego su marido y hoy heredero cultural de los Sijé.

(36) María Dolores Marín Gutiérrez, Mari Lola en las cartas de Miguel Hernández, último miembro de la familia, falleció en Orihuela el 27 de septiembre de 1964. Este artículo suyo fue publicado en la revista Oleza, de Orihuela, en su número de junio de 1961.


 

 

 

                                           1930-1935   GABRIEL MIRÓ – RAMÓN SIJÉ

 

Sí, allá a lo lejos; en el mundo infinito, maravilloso, de visiones concebidas, no vistas; vivís vida de nube, de viento, de lluvias.

¡Qué caminar más suave será el vuestro pisando y hundiéndose en la pisada; no habrá huella, los pasos romperán lo blanco!. ¡Qué mundo más puro!. Todo azul sin mancha.

Los horizontes tan bellos; de extensiones sin término y sin principio, saciarán vuestra mirada: de ojos que no son ojos; son blancos, azules, negros, inexpresables.

Oiréis el rumoreo de las aguas, en balsas de fondo blanco; que huyendo de ese mundo virgen, puro, buscarán la tierra, todo mancha, negro.

Y cuando la ira, ira no, castigo, siempre de negro su rostro, en convulsiones violentas, de ruidos; veréis su ira pálida, brillante como el oro; en línea quebrada quebrarse sobre la tierra.

Comentaréis sin voz vuestras desdichas, vuestros amores cuando erais cautivos de la carne. Y en esa atmósfera, sin manchas y sin sonidos; qué bien se oirán las palabras.

Yo fui otoño en primavera, yo primavera en invierno. Mi vida era triste, enferma, y en plena flor vive; sentí tu ida, lloré sin lágrimas; sólo adentros, el frío congeló mi alma y vive.

Y allá a lo lejos; en ese mundo infinito maravilloso: los dos están juntos, confundidos en lo azul, en lo blanco, en lo etéreo.

De vez en cuando, las lágrimas como cohetes portadores de agua; unas puras, destiladas. Otras tueras, venenosas; atravesarán su atmósfera. Las unas con su limpidez, perfumarán con su olor, el sin olor del ambiente. Mientras las otras, caerán, mancillando las flores, envenenando las fuentes.

¡Porqué!. ¡Porqué!. Llorarán nuestra muerte; si este mundo es tan blanco, tan maravilloso.

Justino Marín(37)

En “Oleza”, Mayo del 36

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(37) Justino Marín Gutiérrez, “Gabriel Sijé”, nació en Orihuela el 30 de octubre de 1915. Hermano de Ramón Sijé, toma de él su apellido literario y el nombre del de Gabriel Miró. Asistente esporádico a las tertulias de la tahona de la calle Arriba, se integra a la “Generación del 30” en su última etapa, la de la revista Silbo en la cual colabora; y publica Poemas (1936) junto a Carlos Fenoll y Jesús Poveda. Tras la Guerra Civil publica Del sencillo amor, (1944); y póstumamente Cuentos (1972). Gabriel Sijé falleció en Orihuela el día 20 de junio de 1946, a los 31 años de edad.

 

Este artículo apareció en el Diario de Alicante con fecha 27 de mayo de 1936.


 

 

 

 

                                                         OLEZA A GABRIEL MIRÓ.

                                           DOS CONFERENCIAS DE LOS HERMANOS SIJÉ

 

Ramón y Gabriel Sijé pronunciaron, cada uno de ellos, una conferencia sobre Gabriel Miró: el primero, en la Universidad Popular de Cartagena; el segundo, en el Casino Orcelitano de Orihuela.

Desde hace mucho tiempo, una de las ilusiones más queridas por mí era ver publicadas ambas conferencias; tal vez aquel puro deseo nació el día de Corpus Christi del año 1946, en que, en su “Estancia silenciosa”(38), moría Gabriel Sijé entre los solemnes acordes del Himno Eucarístico; tal vez era parte de la herencia sentimental que llegaba a mí de igual forma que a él se la legara la sangre hermana, “continua y dolorosamente recordada entre un cántico de campanas de Navidad”(39). En aquella mañana luminosa recordé el profundo pensamiento de Sigüenza:”...Hábeas es una palabra que tiene todos los aromas fundidos en una misma fragancia para todos los corazones, fragancia de la tristeza, de las alegrías”(40). El sencillo corazón de Gabriel Sijé, ya callado para siempre, las fragancias de los lejanos momentos de gozo y de aquellos otros, tan inmediatos, de color transido, se habían convertido una ofrenda amorosa ante la presencia invisible de Dios, y aquel su mundo último, sin paisaje, neblinoso, lleno de tactos y adivinaciones, inundado de la luz Suma.

Oleza, pasional natividad estética de Gabriel Miró

Así se titulaba la pronunciada por Ramón Sijé –José Marín Gutiérrez--. No ha sido posible encontrar su texto. Las buscas de José Torres López, --su hermano político--, y las mías propias han resultado negativas. El número del periódico República, en que se publicó, no lo hemos encontrado.

Dicha conferencia fue como un pórtico al homenaje de Gabriel Miró, como un acto de preparación de aquella “Romería Lírica a Oleza” con motivo de la inauguración del monumento al escritor levantino, que tuvo lugar el 2 de Octubre del año 1932.

Antonio Oliver Belmás, capitán de aquella empresa, el día 14 de Septiembre escribía a “Ramón Sijé” la siguiente carta:

“Querido Sijé: Por fin, he conseguido asociar el homenaje de Miró a nuestra Universidad Popular. Vamos a dedicar una semana, del 24 al 30 de este mes, a estudiar la figura literaria y humana de Miró. La Universidad Popular te invita –dejaremos el usted si te parece—a una conferencia sobre el tema siguiente: “Oleza y Orihuela en la obra de Miró”. En dicha conferencia podrías explicar de paso el origen y gestación del monumento y hablar en nombre de la comisión de que formas parte tan principal.

En caso de que el tema no te agrade, podrías cambiarlo, pero advirtiéndonos con antelación... te avisaría por telégrafo, el día que te tocase el turno. Pienso que vengan Raimundo de los Reyes o Ballester, de Murcia, y los demás de aquí. Esta semana tal vez culmine con una excursión a Orihuela el día de la inauguración, que debieras hacer fuese el 2 por ser domingo.

Un afectuoso abrazo y las gracias de tu afectísimo”.

El diario La Tierra, de Cartagena anunciaba: "Universidad Popular. Homenaje a Miró.

Esta tarde a las 7 y en el local de la Universidad (Escuela de Comercio) tendrá lugar la primera conferencia de las que integran el homenaje a Miró, el gran escritor levantino, la que correrá a cargo del culto literato Ramón Sijé.

La entrada será pública y la disertación se titulará:

"OLEZA, PASIONAL NATIVIDAD ESTÉTICA DE GABRIEL MIRÓ”.

Porvenir, en su número 29 de Septiembre, ampliaba la noticia publicando el guión de la conferencia:

“UNIVERSIDAD POPULAR. Homenaje a Miró.

Mañana viernes día 30 tendrá lugar el primer acto de los que integrarán el homenaje a Miró y consistirá en una conferencia del culto y joven escritor Ramón Sijé, cuyo guión es como sigue:

"Oleza, pasional natividad estética de Gabriel Miró".

1). Valoración, junto al ciprés máximo de Oleza del “poeta” levantino.—Fisiológica teoría del hombre de sentidos y deseos.— El crepúsculo en la fundamental y literaria enfermería colegial.—

La visera orteguiana: “Los ojos resistentes del Sol”.

2). Física dela ciudad.—El retrato de la Virgen.—El eclipse del vía-crucis de San Ginés.—Don Magín descabezado en los mundantes andenes y la lívida cabeza de la señorita de Gandía.—El delicado cornudo.—Vista panorámica de Oleza.—Yo, crucificado de río, junto a su pasión.

3). Filosofía de la ciudad.—Esencia olecense del paisaje.—El olor en Oleza.—Alta capacidad olfativa de Gabriel Miró.—Una página de Años y leguas.—Breve introducción a un lírico estudio de los olores.—Poesía y olor: poesía botánica.—Enumeración de los núcleos olorosos en Oleza.—Sumo olor, suma tristeza.—Lejanía y pérdida.—La vieja sensación azoriniana del tiempo en Gabriel Miró.

4). Ascensión de Gabriel Miró.—Oración fúnebre de Oleza.—Purita.—Maldición al infernal sentido común.—Inmortales y “muertos vivos”.—Angelismo impar.—Mi poema: celestial farmacología.

 

Esta conferencia, como la que el sábado pronuncia José Rodríguez Canovas director de República, empezará a las 7 en punto de la tarde en el local de la Universidad Popular (Escuela de Comercio).

La entrada será pública”.

En su número del día 1 de Octubre, el mismo periódico dice:

“La conferencia una cálida glosa de la obra mironiana, toda impregnada del fervor y del espíritu del llorado autor de Nuestro Padre San Daniel.

Página literaria que gana seguramente en una segunda lectura, no es posible dar en una referencia periodística una impresión ni remota, sin volatilizar en la trascripción las puras literarias del selecto trabajo del señor Sijé”.

También anunciaba la conferencia de D. José Rodríguez Canovas, director del diario República, bajo la rúbrica “Motivos literarios de Gabriel Miró”, y la excursión a Orihuela, que, con motivo de la inauguración del monumento a Miró, se llevaría a efecto al día siguiente.

Antonio García-Molina Martínez(41).

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